Frederick William Rolfe, Barón Corvo (1860-1913)
El autor que ocupa esta entrada del blog es uno de esos escritores prácticamente desconocidos para el lector medio español, uno de esos autores malditos que existe en la larga nómina de nombres olvidados de la Literatura y que merecen la pena recuperar.
Frederick William Rolfe nacía el 22 de julio de 1860 en Londres. Hijo de un fabricante de pianos, estudió en Oscott, en St. Mary's College. Con 15 años se hizo maestro ejerciendo brevemente en el Colegio de Grantham, en Lincolnshire. Su caligrafía, delicada y colorida (utilizaba tintas de diferentes tonalidades) más una capacidad aguda y sutil para construir textos de prosa extravagante y laberíntica, comenzó a forjarse cuando contaba 20 años de edad.
En su vida personal ocurrió un hecho fundamental: su conversión al catolicismo en 1886 cuando contaba 26 años. Esto supuso el punto de fuga de la vocación que le acompañó durante toda su vida, el sacerdocio, vocación que resultó frustrada y que nunca llegó a realizarse. En 1887 ingresó en el seminario de Santa María de Oscott y en 1889 estudió en el Scots College de Roma, instituciones de las que fue expulsado por su comportamiento errático motivado por la insolvencia a la hora de pagar el importe de las clases: vivía con un ritmo de vida por encima de sus posibilidades.
Por aquella época, las últimas décadas del siglo XIX, Rolfe entró en contacto con el círculo de amistades de la duquesa Sforza Cesarini, una inglesa de nombre Caroline Shirley, nacida en 1818 y fallecida en 1897, que se casó con un aristócrata italiano a la edad de 18 años. En 1890 conoció a Rolfe del que se compadeció al saber de sus cuitas académicas. Lo adoptó como nieto y le concedió el título de Barón Corvo, convirtiéndose desde ese momento en el pseudónimo más utilizado por el autor. El alias más usado, porque tuvo otros:
Rose (o Rolfe) - como clérigo tonsuradoRey Clement (o Barón Corvo) - cuando escribía, pintaba y hacía fotografíasAustin White - como diseñador de decoracionesFrancis Engle - como periodistaFrank EnglishFrederick AustinEn ocasiones rubricaba sus obras con su nombre auténtico, firmando como Fr. Rolfe, cosa que inducía a pensar que la abreviación Fr. quería indicar su condición de clérigo (Fr. igual a Father) pero en realidad tan sólo jugaba con la ambigüedad porque no llegó nunca a ordenarse sacerdote aunque para él era la meta de su vida. Tan solo era parte de su impostura, aunque llevara la coronilla de su cabeza tonsurada.
A la literatura dedicaría su vida, después de buscar vías de expresión a través de la fotografía y de la pintura. Cuando comenzó su relación de protegido de la duquesa Sforza Cesarini y pasaba sus días en Roma conoció los trabajos de dos fotógrafos que influirían profundamente en su forma de entender el arte fotográfico: el barón Wilhelm von Gloeden (1856-1931) fotógrafo alemán que desarrolló su carrera principalmente en Taormina, Italia, conocido por sus estudios de desnudos de jóvenes sicilianos que aparecen generalmente con poses muy cuidadas, en marcos de referencias clásicas; la otra figura del arte fotográfico que le influyó fue Wilhelm Plüschow, alemán emigrado a Italia que italianizó su nombre en Guglielmo Plüschow (1852-1930). Alcanzó fama con sus fotografías de desnudos de jóvenes italianos, pedrominantemente muchachos, aunque también fotografió a mujeres jóvenes.
El seminario en el que estudiaba Rolfe en Roma, el Scots College, estaba en la calle Sardegna, muy cerca de Vía Veneto. En dicha calle, Plüschow tenía su estudio de fotografía y cuando Rolfe fue expulsado del seminario comenzó a frecuentar el domicilio del fotógrafo cuya obra le impresionó tanto como para seguirle fielmente. Aunque Plüschow fotografiaba mujeres el tema central de sus instantáneas era el desnudo masculino, muchachos jóvenes italianos que aparecían en poses de carácter clásico griego y romano. Lo mismo ocurría con la obra del otro referente fotográfico, Gloeden.

Guglielmo Plüschow (1852-1930)

Fotografía original de Guglielmo Plüschow

Wilhem von Gloeden (1856-1931)

Foto original de Wilhem von Gloeden
Rolfe estuvo interesado en la fotografía toda su vida, pero en la práctica no pasó de ser una vía de expresión. Se hizo amigo de un grupo de ragazzi locales de Genzano, con quienes exploró el campo local. Desarrolló con cierta destreza técnicas de color y fotografías subacuáticas pero progresivamente fue perdiendo interés y los modelos que posaron para sus creaciones fotográficas se convirtieron en personajes de sus relatos y novelas.


Dos instantáneas realizadas por Rolfe, con modelos en posturas menos explícitas que las que retrataban sus admirados Plüschow y von Gloeden. Sus trabajos fotográficos se recogieron en la obra The Photographs of Frederick Rolfe, Barón Corvo 1860-1913, de Donald Rosenthal, que se publicó en 2008
Otra de las vías de expresión que utilizó fue la pintura que cultivó en la década de los 90 del siglo XIX. Era habilidoso y realizó diferentes encargos con temática religiosa, además de diseñar la cubierta de varios de sus libros con dibujos y pinturas de su creación.
Italia fue un crisol de influencias para Rolfe, una fuente sin fin de inspiración. Tuvo mucho que ver el amparo que le ofreció la duquesa Sforza Cesarini, Caroline Shirley. Lo invitó a pasar el verano en el Palazzo Sforza Cesarini en Genzano di Roma, en las afueras de la capital, donde obtuvo una visión duradera de la historia y el carácter italianos.
De vuelta a Inglaterra, Rolfe tenía tres aspectos de su vida absolutamente claros, trasparentes y diáfanos como la luz del día: su vocación frustrada de sacerdote, su vocación como escritor y su homosexualidad. Su orientación sexual, explícita, no le dio problemas. Lo tenía asumido y nunca provocó el más mínimo escándalo aunque, al final de su vida como ya veremos, adquirió ciertos tintes siniestros.
La duquesa Sforza Cesarini, durante la estancia de Rolfe en Italia, lo amparó económica y humanamente, pero cuando su protegido volvió a su país le retiró toda asignación y perdieron el contacto. Comienza entonces una larguísima lista de penurias para el Barón Corvo que se verá en la tesitura de pedir dinero prestado a amigos para poder subsistir con la firme promesa de devolver los montantes debidos una vez recibiera los importes por derechos de autor. Desgraciadamente dicha retribución por su labor como escritor nunca llegó a cubrir las deudas y siempre anduvo retrasado en sus pagos.
La primera obra que publicó data de 1880, Tarciso, el muchacho martir de Roma en la Persecución Diocleciana. Italia será el marco protagonista de sus primeras obras literarias, de Italia se llevaría en el corazón la memoria de aquellos muchachos que sirvieron como modelos en sus fotografías y a los que inmortalizaría en las narraciones que forman Las historias que Toto me contó (Stories Toto Told Me), de 1898, una colección de seis historias que posteriormente extendió a treinta y dos y que serían publicadas de nuevo con otro título, A su propia imagen (In His Own Image), de 1901. Narra las excursiones que realizan a pie por la campiña italiana Don Friderico (alter-ego de Rolfe) junto a su acólito adolescente de 16 años Toto, que mientras caminan relata cuentos de santos que se comportan como dioses paganos. Las historias están cargadas de superstición y de elementos católicos; los santos que aparecen son hedonistas, vengativos aunque no licenciosos y están totalmente cómodos con la desnudez, cosa diametralmente opuesta al ideal de santidad católica.
La primera vez que se tuvo oportunidad de oír hablar del Barón Corvo en España fue en 1982 cuando la editorial Seix Barral publicó En busca del barón Corvo. Un experimento biográfico, de A.J.A. Symons, con traducción de Jordi Beltrán.
Esta es una edición para amantes del coleccionismo porque la misma traducción de Jordi Beltrán vería la luz en el año 2005 en la editorial Libros del Asteroide, viendo una segunda edición después por el mismo sello en el año 2019.

Alphonse James Albert Symons (1900-1941) fue un escritor y bibliógrafo inglés. Hijo de inmigrantes judíos nacidos en Rusia, fue autodidacta y en su juventud ejerció de aprendiz de peletero. Pero su pasión eran los libros y en 1922 fundó el Club de la Primera Edición para publicar ediciones limitadas y organizar exposiciones de manuscritos y libros raros. En 1924 publicó una bibliografía de las primeras ediciones de las obras de Yeats. Entre las biografías que dejó están Emin, gobernador de Equatoria, sobre la figura de Mehmet Emin Pasha, médico, aventurero, naturalista, explorador alemán y gobernador de la provincia egipcia de Ecuatoria, en la región del Alto Nilo; Biografía de Henry Morton Stanley, sobre la figura del famoso explorador británico y sus incursiones en la entonces misteriosa África Central en una de las cuales encontró al desaparecido David Livingstone. Ninguna de las dos obras recaló con mucho brillo entre los lectores, sin embargo, cuando en 1934 publica En busca del barón Corvo. Un experimento biográfico su nombre adquiere ecos de importancia porque su obra más allá de una simple y mera biografía. La narración de En busca del barón Corvo está estructurada como una investigación detectivesca: en vez de ser una sucesión cronológica de hechos que van trazando el camino desde el nacimiento hasta la muerte del autor investigado, lo que se va organizando son una serie de aspectos contados tanto por personas que le conocieron en vida, algunos incluso que llegaron a trabajar con él, y por las cartas que se cruzan en la investigación de Symons, relación epistolar de Rolfe con diferentes amigos y conocidos, algunos de los cuales vivían aun cuando el autor de la biografía estaba organizando el relato de los hechos. A su vez, Symons entabla una correspondencia fluida con personas a las que les ha llegado la noticia de que se está gestando una biografía sobre la figura del barón Corvo y se ponen a disposición del responsable de dicho proyecto por si pueden aportar algo. Testimonios que van a funcionar como esas pruebas inconexas en una investigación y que un día adquieren sentido y significado. Todo ayuda a descubrir diferentes matices del perfil relacionados con el carácter de Rolfe.
El barón Corvo era, y es, un autor desconocido, uno de esos escritores raros por los que sentía especial predilección el autor de su biografía. El mismo Symons, al comienzo de su obra sobre Rolfe, lo confiesa:
Mi búsqueda de Corvo empezó accidentalmente una tarde del verano de 1925, hallándome en compañía de Christopher Millard. Estábamos sentados en su pequeño jardín, holgazaneando y hablando de los libros que no alcanzan los elogios e influencia que se merecen. Mencioné "Wylder's Hand", de Le Fanu, una obra maestra en lo que a la trama se refiere, y las "Fábulas Fantásticas", de Ambrose Bierce. Tras una pausa, sin hacer ningún comentario sobre mis ejemplos, Millard me preguntó: -¿Has leído "Adriano VII"? Le contesté que no y ante mi sorpresa ofreció prestarme un ejemplar. Digo que ante mi sorpresa porque mi compañero prestaba sus libros en muy raras ocasiones y siempre de mala gana.
Symons dedicó gran parte de su energía a la buena vida. En 1933, un año antes de escribir y publicar la obra sobre Frederick William Rolfe, fundó la Wine and Food Society, una organización que se dedicaba a establecer categorías entre las cocinas de los restaurantes y bodegas de Inglaterra y del resto de Europa. Fallecía en 1941 de un tumor en el tronco del encéfalo. Dejó varias obras sin acabar entre otras una esperada biografía de Oscar Wilde que quedó incompleta.
No es necesario leer En busca del barón Corvo antes de leer al mismo barón Corvo pero sí aconsejable, puedo afirmar que imprescindible una vez se conozca su literatura, su producción narrativa extraordinariamente escasa en su traducción española.
Ahora es momento de centrarnos en la primera novela de Rolfe que vio la luz en nuestro país, la misma obra que conoció su biógrafo A.J.A. Symons, Adriano VII.
En 1988, la editorial Siruela a través de su colección EL OJO SIN PÁRPADO publicaba Adriano Séptimo, la novela más famosa de Rolfe, publicada a principios del siglo XX, en 1904. Traducida por Ana Poljak apareció con el diseño de cubierta que hizo para su primera edición el mismo autor.Las narraciones de Rolfe tienen como punto de fuga, habitualmente, un hecho de su vida, acontecimientos ocurridos que o bien sublima o bien somete a catarsis para asimilarlos, si es que podía.
Sus dos grandes referentes vocacionales fueron la literatura y el sacerdocio. Este último, vocación frustrada porque no pudo ordenarse sacerdote al no acabar sus estudios en el seminario por motivos económicos como ya se ha dicho más arriba, le serviría para cargar de veneno las tintas coloreadas que utilizaba para escribir en sus cuadernos y redactar una historia que partía de la realidad para levantar todo un disparate de ficción: George Arthur Rose (especie de alter ego de Rolfe) un humilde inglés que vive en un suburbio londinense, es rechazado en sus pretensiones de ser ordenado sacerdote. Un día recibe la visita de ciertos superiores del Estado Vaticano dispuestos a rehabilitarlo para que finalice sus estudios en el seminario y pueda ser ordenado sacerdote. Sienten mucho lo ocurrido, etc, etc. Pero lo que George Arthur Rose ignora son los intereses y las causas por las que se producen tanto esa visita como todo lo que significará la institucionalización de su voto como sacerdote, la rapidez con la que terminará sus estudios de sacerdocio y la ceremonia de ordenación. Hechos tan ligeros como la labor del barbero que le cortó los pelos de la coronilla para hacerle la tonsura. Sí, prisas, porque el Cónclave, reunido en la Capilla Sixtina, no consigue la fumata blanca. Se mantiene la fumata negra. No hay posibilidad de encontrar una figura que pueda adaptarse al papado, no se ponen de acuerdo. Y sólo se les ocurre rescatar, del pasado inmediato, la figura de aquel estudiante llamado George Arthur Rose. Y llegará a Papa con el nombre de Adriano, escogido porque Adriano IV fue el único Papa inglés y Adriano VI el último Papa no italiano (era de origen neerlandés). Así que George Arthur Rose será el Papa Adriano VII, y se embarcará en un programa de reformas eclesiásticas y geopolíticas comenzando por vender todos los tesoros que posee el Vaticano para poder compartir las riquezas con los pobres, siguiendo literalmente las enseñanzas del Maestro.
Adriano Séptimo es, probablemente, la obra que mejor recoge ese espíritu vengativo incruento por parte de Frederick Rolfe: hace desfilar a todos los que, según él, le hicieron imposible acabar sus estudios en el seminario, desde profesores a directores, pasando por jefes de estudios. Todos los personajes son reales y aparecerán con los nombres y apellidos debidamente cambiados para poder volcar sobre esas figuras toda la rabia y acidez de los comentarios del autor, dotado de una elocuencia extraordinaria para trenzar una prosa laberíntica que no lleva a la carcajada pero sí a la sonrisa cómplice. El poeta y ensayista W.H. Auden estimaba más las cartas que escribió Rolfe que su obra de ficción. Decía que el Barón Corvo tenía todo el derecho a estar orgulloso de sus garras verbales... Un gran vocabulario es esencial para el estilo insultante y, Rolfe, a base de estudio y constante práctica se convirtió en uno de los grandes maestros del vituperio
Italia ocupaba un rincón amplio en el corazón y el alma del Barón Corvo. En su haber tiene uno de los mejores trabajos que se han realizado sobre los Borgia, Crónicas de la Casa de los Borgia (Chronicles of the House of Borgia) de 1901 e Italia estaría presente en un gran grueso de su producción.
En Inglaterra se sentía agobiado por su situación, además de incomprendido, menospreciado, siempre pidiendo, solicitando ayuda económica. En el año 1907 vuelve a Italia en compañía del profesor y arqueólogo R.M. Dawkins. Sería el principio del fin de su vida. Seguiría dando sablazos a diestro y siniestro: escribía cartas despóticas a sus amigos ingleses, a sus editores en Inglaterra, exigiendo adelantos por los manuscritos que iba a enviar. Agotó las posibilidades de continuar una relación mínimamente sana con el profesor Dawkins a quien desplumó concienzudamente hasta que se negó a seguir pagándole estancias en hoteles y comidas pantagruélicas regadas con vinos de primera.
De 1909 data El deseo y la búsqueda del todo (The Desire and Pursuit of the Whole) publicada años después en Londres, en 1934. Venecia ocupada por turistas ingleses, excéntricos, diletantes, que pululan por las calles y canales de la ciudad. Partiendo de una frase de El Banquete de Platón, la misma que él utilizó para bautizar su obra, en la novela el amor designa el deseo y la búsqueda del Todo. Los protagonistas, Nicholas Crabbe (seudónimo del mismo Rolfe) y Zildo, una muchacha andrógina que puede ser un muchacho, viven una historia de amor, columna vertebral de la narración.

Que la obra de Frederick Rolfe está mal tratada en España es un hecho, una realidad. ¡Ojo! Mal tratada significa que tan sólo hay dos obras suyas publicadas, no que esté mal traducido, todo lo contrario. Tanto Adriano Séptimo reseñada más arriba como ésta, El deseo y la búsqueda del Todo, publicada por Valdemar en su colección Planeta Maldito en el mes de abril del año 2003, con traducción de Marta Pino Moreno, están magníficamente pasadas a nuestro idioma.
Es lo único que hay en español de la producción del Barón Corvo, de su narrativa de ficción porque también en el corpus de su producción se incluyen sus cartas, inéditas hasta el momento, la correspondencia que cruzó con otras personas relacionadas con el mundo de la cultura, cartas que muestran con claridad meridiana el perfil de nuestro hombre, de carácter particularmente difícil: sus trastornos psicológicos, su cuadro maniaco-depresivo, la paranoia que lo persiguió a lo largo de su vida, que motivó que algunos libros no vieran la luz sino después de haber fallecido. Hubo proyectos de ediciones de obras que trabajó a medias con otras personas que se comprometían a aportar el capital necesario para que dicho libro viera la luz. El apoyo se vería reflejado en la portada del libro donde los nombres de ambos aparecerían compartiendo autoría, cosa que para Rolfe significaba que, en el fondo, lo que querían era usurpar su figura y que el otro adquiriera la categoría de autor único. O él mismo, Rolfe, era el que sugería que el nombre de su benefactor estuviera presente en la cubierta, para después desdecirse a través de cartas insultantes en las que rechazaba todo, ayuda y buenas intenciones.

El barón Corvo en una de las estancias en las que vivió en Venecia
Se relacionaría con el núcleo de ingleses que vivían en la ciudad de los canales. Derrocharía el dinero que lograba por prestamos de amigos y lo gastaría, por ejemplo, en comprarse una góndola con la que recorría los canales realizando, a veces, actos altruistas transportando a personas necesitadas hasta el Hospital o a quien tenía que llegar a una cita para la que ya llegaba tarde. Utilizaba las aguas de los canales como piscina: se desnudaba y se sumergía para nadar un rato. En parte se asemejaba a Lord Byron que, cuando pasó un tiempo en Italia, al vivir unos meses en Venecia, cuando le invitaban a una cena y le ofrecían una góndola para que le recogiese, daba las gracias asegurando que llegaría por sus propios medios. Sus propios medios no eran otra cosa que recorrer la distancia que le separaba desde su estancia hasta la casa o palacio al que tuviera que acudir, a nado. Estudiaba los canales por los que tendría que discurrir y una vez planificado, su mayordomo caminaba por las aceras y puentes, siguiendo a su señor, guardando para él un albornoz y toda la ropa y accesorios indispensables para que se acicalara como era su costumbre inmediatamente antes de llegar a la cita concertada. A Rolfe, tal vez, le hubiese gustado tener un ayuda de cámara como el que tuvo Byron, pero se contentaba con enredar los pies en las algas subacuáticas de los canales y en dormir al raso en su propia góndola, abrigándose con pieles de fieras africanas.
Podría haber terminado sus días como un excéntrico, una figura extravagante que no congeniaba muy bien con sus paisanos asentados en Venecia, un escritor inglés cuyo reconocimiento del arte literario que había cultivado se reconocería cuando ya no pudiese disfrutar del eco de los aplausos tardíos, pero en vez de eso, con su actitud al final de sus días, dio argumentos a sus detractores: comenzó a ejercer de proxeneta y a tejer una red de chaperos en Venecia para satisfacer el apetito perverso, la lascivia de ciertos turistas extranjeros que buscaban experiencias decadentes en la ciudad más lánguida por antonomasia. Una tarde/noche, al volver a la pensión donde vivía, cayó desplomado ante su cama: era el 25 de octubre del año 1913, y el barón Corvo dejaba de existir con 53 años. Nos queda su obra, brillante, una mirada colorista y lúdica, oblicua, sobre la Vida y mucho más.
Las sortijas, engastes, collares y otros boatos adornaban a senadores venecianos, señores florentinos y cardenales de la curia romana. Habían descubierto que el cuerpo de un hombre es un milagro de belleza divina, cada músculo una alegría tan dichosa como la contemplación de las estrellas o las flores. Maese Filippo Brunelleschi, que afirmaba que su figura de Cristo era un crucificado contadino, erigió la maravillosa cúpula de Florencia. Para Eugenio P.P. IV, maese Antonio Filarete talló los raptos de Leda y Ganimedes en las grandes puertas de bronce de San Pedro. Maese Lorenzo Ghiberti modeló las maravillosas puertas del Baptisterio. Maese Simone Fiorentino (llamado Donatello), dispuso en el muro norte de Orsanmichele su soberbio San Jorge en mármol; y los reinos de Aragón, Nápoles, las dos Sicilias y Jerusalén. "
A la literatura dedicaría su vida, después de buscar vías de expresión a través de la fotografía y de la pintura. Cuando comenzó su relación de protegido de la duquesa Sforza Cesarini y pasaba sus días en Roma conoció los trabajos de dos fotógrafos que influirían profundamente en su forma de entender el arte fotográfico: el barón Wilhelm von Gloeden (1856-1931) fotógrafo alemán que desarrolló su carrera principalmente en Taormina, Italia, conocido por sus estudios de desnudos de jóvenes sicilianos que aparecen generalmente con poses muy cuidadas, en marcos de referencias clásicas; la otra figura del arte fotográfico que le influyó fue Wilhelm Plüschow, alemán emigrado a Italia que italianizó su nombre en Guglielmo Plüschow (1852-1930). Alcanzó fama con sus fotografías de desnudos de jóvenes italianos, pedrominantemente muchachos, aunque también fotografió a mujeres jóvenes.
Dos instantáneas realizadas por Rolfe, con modelos en posturas menos explícitas que las que retrataban sus admirados Plüschow y von Gloeden. Sus trabajos fotográficos se recogieron en la obra The Photographs of Frederick Rolfe, Barón Corvo 1860-1913, de Donald Rosenthal, que se publicó en 2008
La primera obra que publicó data de 1880, Tarciso, el muchacho martir de Roma en la Persecución Diocleciana. Italia será el marco protagonista de sus primeras obras literarias, de Italia se llevaría en el corazón la memoria de aquellos muchachos que sirvieron como modelos en sus fotografías y a los que inmortalizaría en las narraciones que forman Las historias que Toto me contó (Stories Toto Told Me), de 1898, una colección de seis historias que posteriormente extendió a treinta y dos y que serían publicadas de nuevo con otro título, A su propia imagen (In His Own Image), de 1901. Narra las excursiones que realizan a pie por la campiña italiana Don Friderico (alter-ego de Rolfe) junto a su acólito adolescente de 16 años Toto, que mientras caminan relata cuentos de santos que se comportan como dioses paganos. Las historias están cargadas de superstición y de elementos católicos; los santos que aparecen son hedonistas, vengativos aunque no licenciosos y están totalmente cómodos con la desnudez, cosa diametralmente opuesta al ideal de santidad católica.
Entre las biografías que dejó están Emin, gobernador de Equatoria, sobre la figura de Mehmet Emin Pasha, médico, aventurero, naturalista, explorador alemán y gobernador de la provincia egipcia de Ecuatoria, en la región del Alto Nilo; Biografía de Henry Morton Stanley, sobre la figura del famoso explorador británico y sus incursiones en la entonces misteriosa África Central en una de las cuales encontró al desaparecido David Livingstone. Ninguna de las dos obras recaló con mucho brillo entre los lectores, sin embargo, cuando en 1934 publica En busca del barón Corvo. Un experimento biográfico su nombre adquiere ecos de importancia porque su obra más allá de una simple y mera biografía. La narración de En busca del barón Corvo está estructurada como una investigación detectivesca: en vez de ser una sucesión cronológica de hechos que van trazando el camino desde el nacimiento hasta la muerte del autor investigado, lo que se va organizando son una serie de aspectos contados tanto por personas que le conocieron en vida, algunos incluso que llegaron a trabajar con él, y por las cartas que se cruzan en la investigación de Symons, relación epistolar de Rolfe con diferentes amigos y conocidos, algunos de los cuales vivían aun cuando el autor de la biografía estaba organizando el relato de los hechos. A su vez, Symons entabla una correspondencia fluida con personas a las que les ha llegado la noticia de que se está gestando una biografía sobre la figura del barón Corvo y se ponen a disposición del responsable de dicho proyecto por si pueden aportar algo. Testimonios que van a funcionar como esas pruebas inconexas en una investigación y que un día adquieren sentido y significado. Todo ayuda a descubrir diferentes matices del perfil relacionados con el carácter de Rolfe.
Ahora es momento de centrarnos en la primera novela de Rolfe que vio la luz en nuestro país, la misma obra que conoció su biógrafo A.J.A. Symons, Adriano VII.
Sí, prisas, porque el Cónclave, reunido en la Capilla Sixtina, no consigue la fumata blanca. Se mantiene la fumata negra. No hay posibilidad de encontrar una figura que pueda adaptarse al papado, no se ponen de acuerdo. Y sólo se les ocurre rescatar, del pasado inmediato, la figura de aquel estudiante llamado George Arthur Rose. Y llegará a Papa con el nombre de Adriano, escogido porque Adriano IV fue el único Papa inglés y Adriano VI el último Papa no italiano (era de origen neerlandés). Así que George Arthur Rose será el Papa Adriano VII, y se embarcará en un programa de reformas eclesiásticas y geopolíticas comenzando por vender todos los tesoros que posee el Vaticano para poder compartir las riquezas con los pobres, siguiendo literalmente las enseñanzas del Maestro.
En Inglaterra se sentía agobiado por su situación, además de incomprendido, menospreciado, siempre pidiendo, solicitando ayuda económica. En el año 1907 vuelve a Italia en compañía del profesor y arqueólogo R.M. Dawkins. Sería el principio del fin de su vida. Seguiría dando sablazos a diestro y siniestro: escribía cartas despóticas a sus amigos ingleses, a sus editores en Inglaterra, exigiendo adelantos por los manuscritos que iba a enviar. Agotó las posibilidades de continuar una relación mínimamente sana con el profesor Dawkins a quien desplumó concienzudamente hasta que se negó a seguir pagándole estancias en hoteles y comidas pantagruélicas regadas con vinos de primera.
Se relacionaría con el núcleo de ingleses que vivían en la ciudad de los canales. Derrocharía el dinero que lograba por prestamos de amigos y lo gastaría, por ejemplo, en comprarse una góndola con la que recorría los canales realizando, a veces, actos altruistas transportando a personas necesitadas hasta el Hospital o a quien tenía que llegar a una cita para la que ya llegaba tarde. Utilizaba las aguas de los canales como piscina: se desnudaba y se sumergía para nadar un rato. En parte se asemejaba a Lord Byron que, cuando pasó un tiempo en Italia, al vivir unos meses en Venecia, cuando le invitaban a una cena y le ofrecían una góndola para que le recogiese, daba las gracias asegurando que llegaría por sus propios medios. Sus propios medios no eran otra cosa que recorrer la distancia que le separaba desde su estancia hasta la casa o palacio al que tuviera que acudir, a nado. Estudiaba los canales por los que tendría que discurrir y una vez planificado, su mayordomo caminaba por las aceras y puentes, siguiendo a su señor, guardando para él un albornoz y toda la ropa y accesorios indispensables para que se acicalara como era su costumbre inmediatamente antes de llegar a la cita concertada. A Rolfe, tal vez, le hubiese gustado tener un ayuda de cámara como el que tuvo Byron, pero se contentaba con enredar los pies en las algas subacuáticas de los canales y en dormir al raso en su propia góndola, abrigándose con pieles de fieras africanas.
La Precaria Supervivencia
del Barón Corvo
Weintraub Stanley
Robert Scoble. El Culto Corvo: La Historia de una Obsesión. Londres: Strange Attractor Press, 2014.
Un sinvergüenza autocompasivo cuya ficción semi-autobiográfica esplénica es en gran medida menos que distinguida, Corvo sobrevivió entre los cultistas leales que defienden su obsesividad desafiante, su vida turbulenta y su estilo de prosa excéntrico. Preeminente en la disminución de la camarilla de eruditos de Corvine y coleccionistas de reliquias es Robert Scoble, un australiano cuyo [Fin de la página 244] la investigación doctoral fue sobre la génesis y la supervivencia del culto, y el autor anterior de Raven: El Mundo Turbulento del Barón Corvo (2013). Su obra sucesora profusamente ilustrada, principalmente una serie de breves biografías de devotos, comienza con el editor Grant Richards, con quien Rolfe se peleó, y Hugh Benson, un converso católico y sacerdote atraído por el estilo idiosincrásico de Rolfee, pero desanimado por su estilo de vida. Sería caricaturizado, desagradable, como el Rev. Bubugo Bonsen en El Deseo y la Búsqueda del Todo.
Scoble define su enfoque de su tema en la introducción a Raven: El Mundo Turbulento del Barón Corvo. Se ve a sí mismo como un arqueólogo en las etapas preliminares de una excavación, abriendo pozos de prueba para evaluar el sitio. Su sitio elegido ya ha sido excavado por tres biógrafos, pero, argumenta, no han cavado lo suficientemente profundo, ya que todavía hay capas por revelar. Sin embargo, para seguir su analogía, más allá, el problema con este enfoque es que tal trabajo exploratorio en arqueología tiene la intención de identificar el territorio para una excavación completa que conduzca a una reinterpretación del sitio; si los resultados de los pozos de prueba no indicaran un nuevo examen del conjunto, entonces el sitio sería lamentablemente abandonado. Scoble reconoce que los resultados de su profundización en la vida de Rolfee en lugares probables no han traído material que pueda impulsar una nueva comprensión del todo,pero todavía ha sentido la necesidad de presentar al público las pepitas de información descubiertas, envueltas en una contextualización muy tangencial, aunque a veces interesante.
De hecho, Scoble no admira las tres biografías publicadas de Rolfe, y particularmente no le gustan La Búsqueda de Corvo—cada vez que se ve obligado a citar el trabajo de Symonssons como la autoridad para una declaración, lo hace a través de dientes estilísticamente apretados. Donald Semanas Corvo critica por su falta de referencias y su fea escritura, mientras que en Miriam Benkovitziats Frederick Rolfe: Barón Corvo él descubre que la miríada de hechos que proporciona se interponen en el camino de la experiencia de la vida de los lectores. ¿Por qué, entonces, parece razonable preguntar de nuevo, no se comprometió a remediar la situación? Esta colección muestra, después de todo, que tiene ideas que podrían haber sustentado una nueva comprensión de la vida entera de Rolfee.
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La obra de Adriano VII
Ahora somos Papa, El espectáculo individual de Martin Foreman sobre Federico Rolfe‘s exiliado veneciano, recientemente completó una carrera en Londres y ahora se dirige a la franja de Edimburgo. “Aunque la obra en sí es una obra de imaginación”, señala la producción, “todos los incidentes mencionados en Ahora somos Papa Ocurrieron en la vida real o están tomados de la ficción de Rolfe..”
Como ya sabrás, esta no es la primera salida teatral de Rolfe (también conocido como Barón Corvo, que nació un día como hoy en 1860), ni la primera que combina la biografía del autor con sus creaciones escritas.. Pedro Lucas‘juego Adriano VII, escrito en 1959 pero no representado hasta 1967, se inspira en la novela de Rolfe de 1904. Adriano séptimo, que era recientemente catalogado como uno de los 100 mejores libros de todos los tiempos. El consenso literario había sugerido hasta ahora que ni siquiera era uno de los 100 mejores libros de 1904, pero la historia de un escritor amargado rechazado de las órdenes sagradas (como lo fue Rolfe), que improbablemente encuentra su calva residiendo bajo una tiara papal, ha demostrado ser notablemente resistente..
La edición impresa de la obra de Luke (publicada por primera vez en 1968) lleva el título La obra de Adriano VII, llamando la atención sobre la construcción de la pieza y el juego de personajes en su interior. La vida, la obra y los avatares literarios de Rolfe –aquellos creados por él mismo y por otros– forman una región transfronteriza en la que las identidades transgreden la frontera convencional entre realidad y ficción a voluntad (ver aquí para una desconcertante mezcla corvina de lo real y lo artificial). Lucas desdibuja aún más la demarcación al inducir al autor de Adriano séptimo en su propia creación mientras su otro apoderado, George Arthur Rose, es enviado a un seminario. La escena en la que los dos se encuentran conduce a una de las verdaderas líneas LOL de la obra, cuando el rector advierte a Su Santidad, con admirable eufemismo, que Rose “no es lo que yo llamaría una buena mezcladora.”.
Las palabras de Lucas, por supuesto, son simplemente un modelo para una obra de arte completa cuya manifestación es diferente de la anterior. Qué maravilloso debe haber sido ver a Derek Jacobi, por ejemplo, haciendo crujir sus molares en un Vaticano de madera contrachapada en el 1995 producción. Pero hay consuelos; el lector está al tanto de direcciones escénicas ganadoras como “Hay un silencio mientras SEÑORA CROWE Vacila entre sus sentimientos de indignación como casera y sus inclinaciones concupiscentes como mujer..”
Aunque no se especifica con precisión, la trama parece desarrollarse durante un período de unos pocos días, centrándose en la rápida elevación de Rolfe a la gloria pontificia antes de que un mundo amargo y mezquino lo derribe nuevamente. Esto deja que el pasado de Rolfe se repita como acusación y contrajustificación, y sus años en Venecia en un futuro no examinado. En la obra, como en el libro, el pequeño asunto de cumplir con la sucesión apostólica y liderar la organización religiosa más grande del mundo no es nada comparado con la tarea principal de Rolfe, la de defender su vida y sus múltiples fracasos. Si bien caracteriza su reinado como un retorno a las virtudes descartadas de la Iglesia Madre, Rolfe es sobre todo un fundamentalista de sí mismo..
Numerosas líneas están tomadas directamente de Adriano séptimo, pero es la percepción psicológica lo que hace que la obra de Luke sea mucho más gratificante de lo que hubiera sido una mera versión escenificada de la novela. “¿Por qué, oh Dios, me has hecho extraño, fuera de lo común, un misterio tal para mis semejantes?” —implora Rolfe en un momento dado. “¿Soy tan rufián como para merecer un exilio total de ellos?” Pero este apasionado grito del corazon Es una pregunta capciosa, y la única respuesta satisfactoria, nos muestra Lucas, es aquella que coloca al suplicante no sólo fuera, sino por encima..
Ciertamente hay suficientes destellos de la incontinencia léxica de Rolfe –'jerarca', 'eónico', 'mirmidion', 'consistorio'- para satisfacer a quienes se sienten atraídos por su estilo altamente idiosincrásico (aunque no del todo en la liga de traducir Estela de Finnegans al chino, hace que uno se pregunte qué difícil debe ser reformular la prosa áurea de Rolfe en, digamos, Francés). Sin embargo, las exigencias del escenario significan que el lector/público recibe una vívida impresión de la absoluta terquedad de Rolfe sin vivir sus quejas en lo que parece tiempo real, como lo requiere el libro. Rolfe quiere hacernos creer que cada uno de sus picos y púas es el resultado de los pecados de otros, ya sean de comisión u omisión. “He sido provocado, abusado, calumniado, calumniado con insinuaciones, insinuaciones, tergiversaciones, mentiras; mi vida ha sido expuesta al ridículo y al desprecio más inferior”. Pero nos damos cuenta de que es sobre todo su propia naturaleza altamente difícil la que lo condena a un exilio de la gracia de por vida. “Lo consideramos un hombre profundamente herido […] herido sólo por él mismo”. Rolfe dirige estas palabras al hombre que está a punto de asesinarlo, pero bien podría estar dirigiéndose a un espejo..
Si bien Luke tuvo una carrera larga y exitosa, particularmente en televisión, nunca volvió a iluminar el escenario como lo hizo en su primera obra. Como AJA Symons, autor de La búsqueda de Corvo, Luke buscó inspiración en esta oscura reliquia de la literatura eduardiana, pero incluso más allá de la tumba, Rolfe nunca estuvo satisfecho con la mera atención. Monopolizó la cima de sus poderes literarios y, como un vampiro, desangró la vitalidad de sus carreras posteriores; Rolfe fue, en todos los sentidos, un personaje difícil de seguir..
La obra de Luke surgió casi al mismo tiempo que la de Edward Albee. ¿Quién teme a Virginia Woolf??, con el que es temáticamente similar (sin embargo, el quejumbroso y autosabotador Rolfe es de alguna manera tanto George y Martha, un juego de un solo jugador de Get the Guest). Como esa obra, y aquí es donde trasciende el obstinado excepcionalismo de Rolfe para aterrizar en una verdad universal. – Adriano VII Se trata, en última instancia, de la necesidad de vivir con ilusión. Con su delirio papal barrido en una nube de incienso, la escena final ve a Rolfe despojado de su manuscrito de Adriano séptimo, sus pocas posesiones patéticas y, lo más importante, sus fantasías restantes. Y, como el final de la obra maestra de Albee, es absolutamente devastador..
La obra de Adriano VII | Pedro Lucas | André Deutsch, 1968 | Buscar en gato mundial
Dobles: RH Benson
Por James J. Conway / Noviembre 18, 2012 / nacido este dia, Dobles / 5 Comentarios

El original
Quienes hayan oído predicar a Hugh Benson no olvidarán fácilmente la impresión. El rostro juvenil con la mata de cabello de aspecto desordenado, la figura delgada y el aplomo un tanto incómodo no auguraban nada bueno; pero cuando se aficionó a su trabajo, dejó a sus oyentes casi hechizados, y esto también a pesar de sus defectos de habla y modales; porque no tenía buena voz para hablar, y a veces sonaba tensa hasta el punto de romperse. Apenas hizo uso de gestos, y los que empleó bien podrían haberse prescindido; pero cuando uno escuchaba el torrente de elocuencia y veía la ligera forma balanceándose de un lado a otro en su apasionada energía, uno olvidaba todos los defectos de expresión y expresión, y se sentía arrastrado por la intensidad de la convicción del predicador. Supongo que éste fue el secreto de su éxito como predicador: su abrumadora seriedad. He aquí un hombre que, a pesar de ciertos defectos oratorios obvios, decía lo que tenía que decir con tal fuego de convicción apasionada y con tal energía concentrada de propósito, que uno no podía evitar escuchar sus mundos en llamas. De ahí que donde quiera que fuera su éxito como predicador fuera notable, y se dice que a veces estaba contratado hasta con dos años de antelación. De sus poderes como guía espiritual no puedo hablar por falta de materia. Desde su muerte ha aparecido un libro sobre este tema, pero no es lo suficientemente completo como para permitir una estimación. Sin embargo, da la impresión de que él mismo tenía parte de razón cuando le dijo a su hermano: “No soy el hombre para apuntalar; A veces puedo encender, pero no apoyar”. Sus dones iban más bien en otras direcciones, y aunque sin duda era capaz como guía espiritual, en todo caso para aquellos cuya naturaleza entendía, su misma impulsividad, reprimida como estaba por la gracia, debe haber sido algo opuesta a la calma. y madurez de juicio y madurez de experiencia que se exigen de quien ha de destacarse como guía de las almas..
– Alan Ross, Monseñor Hugh Benson (ensayo)
El doble
El reverendo Bobugo Bonsen era un pequeño sacerdote crisóstomo tartamudo, con los modales de Cambridge de una paloma de Vaughan, el rostro del Sombrerero Loco de Alicia en el país de las Maravillas, y la figura de un etoniano que, locamente, se niega a esforzarse en absoluto en su templo del Espíritu Santo, pero lleva cuellos de papel y un sombrero alpino de paja negro. En cuanto a su mente, estaba muy ocupada con los esfuerzos por evadir lo que los teólogos llaman "admiratio". Mediante una escritura de novelas sensacionalistas (su fórmula era empezar de modo que uno deba continuar hasta que no le quede nada más que terminar con un estallido [por elección del portazo de un convento de cartujos] detrás del héroe) y mediante Con una predicación ferviente, ganó suficiente dinero para comprar una finca, donde tenía la ambición de fundar un establecimiento privado (no una orden religiosa) para la destrucción de individualidades, cuyos pedazos pensaba reconstruir según sus propios deseos. patrón. No aspiraba exactamente a la creación real, pero ciertamente alimentó la noción de que varios errores graves habían resultado de su ausencia durante los acontecimientos descritos en el primer capítulo del Génesis.. […] La verdad (según Bonsen) era que, habiendo Dios en Su Infinita Sabiduría te había dotado de cinco sentidos admirables, tu tarea era descuidar el uso de los mismos hasta que te atrofiaran, osificaran o te abandonaran (por así decirlo), mientras permitías usted mismo para ver, oír, sentir, saborear y oler nada más que los caprichos psicoterapéuticos del reverendo Bobugo Bonsen. […] Si dudabas por un momento en realizar reverencias aceptables – si, jadeando ante su audacia, mostrabas la más mínima falta de voluntad para avergonzarte, insultar y renegar de tu verdadero Creador, este sacerdote comenzó a coaccionarte con una crueldad salvaje sólo concebible por los romances ateos del padre Chiniquy y Alexandre Dumas y el orden ultraantirromano. […] Si, oh afable lector, dudas de esta suave presentación de su punto de vista, por favor huye y estudia su novela llamada El sensibilista, y formate una opinión propia – si te atreves.
– Federico Rolfe, El deseo y la búsqueda del todo
La conexión
recientemente contemplando RH Benson‘s Los sentimentalistas y su retrato particularmente grosero de Frederick Rolfe, también conocido como Barón Corvo, opiné que hizo que el lector simpatizara brevemente con un tema más conocido por inducir fascinación (en el mejor de los casos), o más probablemente exasperación..
Pero Rolfe –nunca más vivo que cuando tenía un agravio que resolver– respondió con su propia enérgica defensa, el equivalente literario de un disco de respuestas de los años 80. Benson y Rolfe eran, por así decirlo, los Gwen Guthrie y Wally Jump Jr. de las letras eduardianas. La novela de Rolfe. El deseo y la búsqueda del todo, escrito en 1909 durante el exilio veneciano que constituyó la última etapa de su vida, le ofreció la oportunidad perfecta para la satisfacción. El personaje principal de la novela, Nicholas Crabbe, es manifiestamente el propio Rolfe; entre otras pistas, Rolfe tiene a “Crabbe” escribiendo un libro titulado Pedro de Inglaterra, que es claramente un eco del propio Rolfe. Adriano séptimo.
Retirémonos brevemente a una sala de espejos, pongámonos unas gafas Philip Glass y contemplemos la tira circular y autogenerada de verdad y ficción de Moebius representada en ese único hecho: Frederick Rolfe se presenta a sí mismo en su propio roman à clef. (El deseo y la búsqueda del todo), arroja otro libro similar (Los sentimentalistas) en el que él mismo se presenta ficticiamente dentro de este libro (como El sensibilista) y hace que su avatar escriba su propio trabajo (Pedro de Inglaterra) que es en sí mismo un sustituto ficticio de otro roman à clef (Adriano séptimo) en el que Rolfe, entonces en el personaje semificticio del Barón Corvo, se presenta a sí mismo como George Arthur Rose, quien a través de un conjunto de circunstancias vívidamente improbables se convierte en Papa bajo el nombre de Adriano VII..
¿Alguien más tiene un toque de mareos??
El sustituto de Benson está tan ligeramente ocluido como el de Rolfe. En su introducción a la novela publicada póstumamente, el biógrafo de Rolfe, AJA Symons, afirma “El deseo y la búsqueda del todo Es el relato del propio Rolfe sobre sus últimos años y su venganza contra los amigos que, en su opinión, deberían haber hecho más para ayudarlo. El más notable, el Rev. P. Bobugo Bonsen, y CHC Peary-Buthlaw, obviamente están tomados de Mons. Benson y el señor Pirie-Gordon.”
Benson, nacido un día como hoy de 1871, era –como vimos– hijo de un arzobispo de Canterbury, pero cambió de equipo para convertirse en sacerdote católico y logró un éxito considerable como escritor. Todo esto podría haberlo convertido en un importante aliado de Rolfe, pero el temperamento imposible de Rolfe aseguró que, después de un breve pero prometedor período de colaboración, se separaran. Para Rolfe nunca fue suficiente que sus enemigos simplemente habitaran sus libros en una caricatura poco halagadora; también deben ofrecer una autodenuncia al estilo maoísta. “Tu reputación literaria”, Rolfe hace que Bonsen le diga a Crabbe, “está entre los elegidos exquisitos: la mía está entre los vulgares profanos. Lo sé. Hago montones de dinero con mi espuma: tú no haces nada parecido al valor de tus cristales delicadamente tallados..”
Y hay que añadir en defensa de Rolfe que hay un compromiso más sólido con la sátira en esta novela, un humor locuaz que falta en sus otros libros. Tiene a “Bonsen” escribiendo una carta explicando por qué quiere colaborar con “Crabbe”; todo se reduce a que Bonsen necesita dinero para decorar su casa, y sus planes para dicho proyecto ofrecen momentos de gran comedia. El remilgado falsamente modesto y satisfecho de sí mismo que se vislumbra entre líneas en el elogio de Allan Ross está magníficamente inflado en El deseo y la búsqueda del todo. “Y en cuanto al huevo de la sabiduría”, aconseja Bonsen a Crabbe en un momento dado, “te ruego que lo chupes con asiduidad..”
La interpretación de Rolfe es una gigantesca, picante y en ocasiones hilarante “chupada”. este“.
Otras lecturas
Dobles: Federico Rolfe
Guía de Flores Extrañas de Londres: parte 1
La bula papal
deidad benevolente
Páginas: Reseñas de libros no escritos
Perlas: Federico Rolfe
La bula papal

Buscarás en vano en los anales del Vaticano una referencia al Papa Adriano VII. No hay ninguna efigie de mármol de él en la gran y llamativa extensión de San Pedro, ni ninguna tumba atestada de devotos discapacitados; Ni siquiera está inscrito entre los antipapas de chicos malos..
Adriano, como verás, era la proyección fantástica de uno Federico Rolfe, También conocido como Barón Corvo, el escritor, pintor, fotógrafo y sacerdote fallido recordado hoy como una de las grandes rarezas de la literatura..
Rolfe nació en Cheapside de Londres hace hoy 150 años. Su familia, alguna vez modestamente próspera, había descendido en el mundo, hecho que fue la fuente probable del ardiente resentimiento nietzscheano que marcaría toda su vida; La homosexualidad de Rolfe y su conversión al catolicismo en 1886 lo alejaron aún más de la corriente victoriana. Inicialmente se dedicó a la enseñanza y la pintura, y su narcisismo se hizo evidente desde el principio en una representación del joven San Guillermo de Norwich, que sin lugar a dudas tenía los rasgos de Rolfe, al igual que las otras 149 figuras que abarrotaban la pintura..
Pero más allá de su carrera había una vocación, y Rolfe anhelaba más que nada ser aceptado en el sacerdocio. Persiguió su sueño en el Scots College de Roma.,
aunque pronto se hizo evidente que no era el modelo de humildad disciplinada que se esperaba de un clérigo. Lejos de renunciar a los bienes mundanos, este aspirante a clérigo contrajo deudas con un sastre local que escandalizó a la universidad cuando confiscó los efectos personales de Rolfe como pago. Tampoco era probable que el hábito de Rolfe de rechazar las comidas de la cantina (aduciendo que era carne de caballo) y de vagar fuera de las instalaciones a su antojo le hiciera ganarse el cariño de sus compañeros de estudios..El sueño se hizo añicos definitivamente con su expulsión física de la universidad en 1889. No había ningún plan B. Rolfe regresó a Inglaterra maltratado y amargado sin nada que mostrar de su aventura romana excepto un alias, Barón Corvo, un título que, según él, le había sido otorgado. él por una noble italiana. Rolfe, desesperadamente pobre, probó suerte en los primeros experimentos de fotografía en color y cámaras submarinas, pero estas empresas prometedoras no trajeron ninguna recompensa. Con la esperanza de obtener mejores resultados en la literatura, publicó varios cuentos en el Libro Amarillo y publicó una historia de los Borgia. Pero Rolfe era su propio tema, su propia musa y, en última instancia, su propia tragedia, y el artefacto definitorio de su colosal ensimismamiento fue Adriano séptimo.
Este roman à clef de 1904, una obra singular sobre el cumplimiento de un deseo, encuentra al inglés George Arthur Rose, aficionado a los libros y amante de los gatos, un hombre que, como Rolfe, había sido rechazado para recibir las órdenes sagradas, y es inesperadamente recibido en los brazos de una iglesia penitente. Luego, a través de una, digamos, improbable serie de eventos, el nuevo sacerdote es elegido Papa (la escena en la que Rose, estupefacta, tropieza con el papado es asombrosamente similar a la secuencia de la película de 1992). Hablar claro en el que el personaje de Dolly Parton hace una entrada inverosímil en la radiodifusión).
Las (pocas) figuras del pasado de Rolfe que habían disfrutado de su aprobación sostenida son recompensadas con mitras cardenales, mientras que sus enemigos aparecen como grotescos ignorantes y engañosos. Rolfe coloca su alter ego en el centro de los asuntos mundiales, reordenando a las dóciles grandes potencias de maneras demasiado extrañas para preocuparnos aquí.. Adriano se asemeja a una fantasía masturbatoria en la forma en que los acontecimientos improbables se presentan con inusual detalle, pero esta observación minuciosa también produjo momentos de inquietante presciencia, entre ellos la idea de un Papa no italiano (tengan en cuenta que habían pasado casi cuatro siglos desde la última vez). uno). La Rusia revolucionaria, el colapso del Imperio austrohúngaro y la agresiva expansión de Alemania, la canonización de Juana de Arco, el acercamiento del Vaticano con Italia, los agresores papales: todo fue predicho en este frenético tráiler para el resto del siglo XX..Adriano es un borrón de actividad decisiva en el mundo eclesiástico, fumador empedernido, que emite comentarios mordaces. desde el trono pronunciamientos, redactando bulas papales en el real 'Nosotros' en un dictáfono primitivo, haciendo pausas ocasionales para mirar un poco de porno suave con los ojos. Pero a pesar de todo su innegable campo, Adriano no es ninguna broma. La amargura es demasiado abrumadora, con página tras página dedicada a la justificación defensiva de la conducta de Rose (y por tanto de Rolfe). Los pasajes líricos descriptivos a menudo están subvertidos por palabras arcaicas o inventadas, difíciles e intrusivas como los elementos más puntiagudos de la personalidad de Rolfe, el gato que arremete cuando lo acarician demasiado tiempo..
Adriano atrajo la admiración de DH Lawrence, entre otros, pero se vendió en cantidades lamentablemente pequeñas y dos meses después de su publicación, Rolfe fue desalojado de otro dormitorio más. Poco después, recibió una carta de un admirador del novelista Robert Hugh Benson, un compañero católico converso e hijo de un arzobispo de Canterbury. Colaboraron brevemente pero, por lo general, la alianza terminó en acritud. También lo hizo la amistad de Rolfe con el escritor Harry Pirie-Gordon; Los dos planearon establecer una orden semimonástica cuyo objetivo era "contribuir al conocimiento del mundo", para lo cual Rolfe diseñó afanosamente dispositivos y disfraces. Esto también era típico; Rolfe se sintió invariablemente atraído por campos de conocimiento remilgados y fastidiosos como la heráldica, la pompa y la genealogía, exhibiendo una preocupación de toda la vida por lo superficial, lo decorativo y lo ceremonial. Como observó uno de sus compañeros de estudios en Roma, “para él los asuntos de la iglesia eran principalmente una cuestión de sombrerería”..”
Rolfe estaba convencido de que su camino hacia la gloria, aparentemente asegurado por sus talentos, estaba bloqueado por una camarilla de editores, caseras, ex amigos y, sobre todo, católicos ingleses. Una combinación tóxica de paranoia, privilegios y narcisismo convirtió a Rolfe en su mayor enemigo y también en el mayor enemigo de muchas otras personas. Incluso en esta coyuntura es posible imaginar el abatimiento de un corresponsal al recibir una carta escrita en la escritura idiosincrásica de Rolfe, un catálogo de sufrimientos en los que su justa ira se liberaría del vocabulario estándar para dejarlo farfullando neologismos. De hecho, Rolfe estaba escribiendo su propia hagiografía, detallando meticulosamente los males sufridos con santa paciencia a manos de los paganos para que nosotros, los vivos, podamos arder con su furia y suplicar su perdón..En 1908, Rolfe conoció al destacado arqueólogo Richard Dawkins, quien inevitablemente caería en desgracia, no sin antes ofrecerse generosamente a llevarlo a una expedición, que finalmente encontró a la pareja en Venecia. Rolfe ya había quemado todos sus puentes en Inglaterra y nunca volvería a poner un pie en su tierra natal..
Durante un tiempo pareció como si este eterno inadaptado hubiera encontrado por fin asilo, y describió eufóricamente capillas medievales y ágiles gondoleros, baños de medianoche y sueños sin sueños. La ensoñación, naturalmente, no duró. Rolfe ya había perfeccionado la alquimia inversa de convertir al amigo en enemigo y la oportunidad en desastre, y vivía en la mayor parte de la penuria, a veces durmiendo en barcos o al aire libre. Su correspondencia de la época alterna entre quejas amargas y súplicas abyectas, a menudo en la misma carta. “Ahora simplemente me dedico a morir lo más lenta, pública y molestamente posible para todos ustedes, amigos míos, tanto profesos como no practicantes”, anunció en un momento dado, sugiriendo de manera reveladora que su amistad debería considerarse como una vocación..
A pesar de las cartas pornográficas que supuestamente detallan sus hazañas venecianas (“una existencia comparada con la cual la de Nerón era inocente, digna de elogio y aburrida”, sonrojó su primer biógrafo), sigue sin estar claro si Rolfe realmente participó en los actos descritos, o en algún acto carnal, con alguien. , alguna vez. Como dijo Adriano, “no había nadie que me mordiera y me frenara, que me montara y que compartiera su lecho conmigo..”
Y luego, en 1912, en el último momento, en un milagroso cambio de suerte digno de una de sus propias novelas, las nubes se abrieron sobre el Véneto y Rolfe encontró un mecenas, un sacerdote rosacruz amante de los libros, que lo mantuviera en un Estilo al que pronto se acostumbró. Rápidamente mejoró su barco y lo puso algo mucho más majestuoso, se mudó a un hotel y se tiñó el cabello cada vez más fino, tal como Muerte en Venecia‘s Aschenbach, un cazador de chicos (el interludio veneciano de 1911 que inspiró la novela semiautobiográfica de Thomas Mann coincidió con la estancia de Rolfe allí). Parece que incluso encontró la otra mitad que había buscado durante mucho tiempo, en la forma de Thomas Wade-Browne, un compañero vagabundo con una paciencia ilimitada y un zapato fuerte..Lamentablemente, todo esto llegó demasiado tarde para sostenerlo. Debilitado por sus privaciones, Frederick Rolfe murió en 1913, a la edad de 53.
El siglo de culto de Corvo
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Por James J. Conway / Octubre 25, 2013 / Libros, Murió este día / 11 Comentarios
Era una especie de hombre. ¿Qué importa lo que digas de la gente??– Marlene Dietrich como Tana en Toque del mal
Está muy en el espíritu de Federico Rolfe recordarlo, como un santo católico, el día de su muerte. Ese día festivo llega ahora por centésima vez: el escritor que se hacía pasar por Frank English, Frederick Austin, Nicholas Crabbe, A. Crab Maid, Uriele de' Ricordi, Fradulph Authades y, sobre todo,, Baron Corvo, Murió sin un centavo en Venecia el 25 de octubre.*, 1913.
Este hito está marcado hoy en Venecia por un centenario celebracion que se trasladará a Nueva York la próxima semana, acompañado de la publicación de Alpha Omega, que une la primera y la última obra de Rolfe. Entonces Tarciso, el niño mártir de Roma (una pieza juvenil que precedió a un intervalo de 18 años en el calendario editorial de Rolfe) se une a algo llamado "Cortesía veneciana", junto con algunas otras rarezas, incluido un ensayo de 2003 titulado "Baron Corvo: The Greatest Asshole Who Ever Lived". También debo señalar que el libro de Robert Scoble Raven: El turbulento mundo del barón Corvo fue publicado recientemente. Sus ensayos reflejan aspectos de la vida de Rolfe y de las personas con quienes la compartió y volveré sobre ellos con más detalle en otra ocasión..
En los últimos cien años, Rolfe ha sido olvidado, recordado, redescubierto, reolvidado y redescubierto de nuevo, eludiendo siempre un reconocimiento más amplio; puede escanear en vano los grandes periódicos desplegables o sus equivalentes en línea en busca de una mención del hito de hoy. Los artículos de Rolfe están dispersos entre coleccionistas en lugar de estar en una biblioteca u otra institución pública, y las historias literarias apenas pueden incluirlo en sus notas a pie de página. Más allá del trabajo característico de Rolfe, Adriano séptimo, la mayoría de sus libros siguen agotados.
Entonces, ¿por qué sigue siendo objeto de veneración para unos pocos fervientes? ¿Cómo surgió este culto y qué forma adopta? Afortunadamente para su reputación póstuma, Corvo atrajo el interés del escritor AJA Symons mientras muchos de los asociados de Corvo aún estaban vivos (y Symons es un escritor que vale la pena investigar más allá de su interés en Rolfe). El libro resultante, La búsqueda de Corvo, se publicó en 1932. Además de revelar el improbable curso de la vida de Rolfe, cumplió la doble función de narrar el culto corvino temprano y al mismo tiempo sirvió como catalizador para su expansión..
Hace aproximadamente medio siglo una antología titulada Nuevas misiones para Corvo Continuó donde lo dejó Symons. En un ensayo titulado “La anatomía del corvinismo”, el rabino Bertram W. Korn planteó e intentó responder la pregunta: “¿Qué tiene Corvo que nos obliga a convertirnos en sus entusiastas?”. Hay cierta intolerancia malhumorada (“¡Quién podría o aspiraría a emular la personalidad de este desgraciado homosexual ingrato!”), pero podemos caritativamente atribuirlo a los menos ilustrados comienzos de los años 1960, aunque señalamos que fueron exactamente esas cualidades las que atrajo al menos a algunos de sus seguidores. En otra parte, Korn intenta valientemente analizar los motivos de lo que él estima son “menos de doscientos lectores y coleccionistas” y aquellos aspectos del temperamento de Rolfe que resuenan más allá de la tumba.:
A pesar del exquisito refinamiento de su estilo, su inusual percepción de colores, formas y movimientos, la plenitud de su investigación, la absoluta individualidad de sus personajes y la cruda revelación de intensas emociones que caracterizan sus mejores escritos, ninguna de sus obras podría jamás hemos logrado para él el lugar que aspiraba a alcanzar, y que ha alcanzado a través de la fascinación de su historia de vida. Quizás sólo Adriano (y eso sólo en parte (los capítulos que tratan de Sant y la señora Crowe son mucho menos efectivos y significativos que el perdurable retrato de Rolfe-Rose) tiene algunas semillas de atractivo imperecedero. E incluso (o especialmente) Adriano Tiene un significado atenuado si el libro se lee sin un conocimiento profundo de la historia de vida que forma su trasfondo..
Rolfe-Corvo nunca alcanzará un estatus importante en la historia de la literatura. Sus libros son, en el mejor de los casos, para el deleite de aquellos a quienes les gusta el gusto inusual, que comparten algo de la tendencia del autor hacia lo extraño y peculiar. Si hubieran sido escritos por otro tipo de persona, un tipo natural de hombre, un hombre de familia, con una casa normal compuesta por esposa e hijos, y con todos los atavíos y cargas de la respetabilidad de la clase media, dudo que hubieran sido muy mucho interés en ellos o en su autor. Pero eso sería imposible, porque sólo Corvo podría haber necesitado escribir los libros tal como fueron escritos: la realización del deseo de un hombre insoportablemente frustrado..
[…]
Corvo es, quizás, atractivo para algunos de nosotros porque desearíamos ser libres de convertirnos en Corvo. Cada pizca de lógica, razón, sentido común y conciencia que poseemos nos frena, por lo que continuamos desempeñando nuestros roles convencionales y respetables. Pero hemos descubierto un placer perverso (y creo que inconsciente) al identificarnos con este hombre que se negó a someterse a cualquier tipo de compromiso, que insistió en que el mundo y sus personas e instituciones tenían que girar en torno a él, que desechó todas las posibilidades de éxito material y comodidad porque persistió en ser él mismo. Todos, muchas veces, particularmente hoy en día, cuando el malestar internacional incide en la mente de cada persona reflexiva, queremos escapar del mundo real y sus problemas reales, huir y vivir en un mundo que nosotros mismos hemos creado; no nos atrevemos, y sabemos que ni siquiera es posible, porque nuestros verdaderos problemas están dentro de nosotros. Pero Corvo era diferente: fueron sus problemas (el resultado de su peculiar estructura psicológica) los que lo ayudaron a escapar del mundo y vivir su propia vida absolutamente egoísta, mientras condenaba todo lo que se interponía en su camino. Sin embargo, en cierto modo, nosotros, los que controlamos nuestra ira y sofocamos nuestra hostilidad, los que nos abstenemos de aprovecharnos de los demás, los que mostramos consideración por el prójimo, debemos envidiar en secreto la capacidad de Corvo para tratar a los demás como polvo..
* La tarde del 25 de octubre, Rolfe se retiró a la cama y nunca se levantó. Su cuerpo sin vida fue descubierto al día siguiente, y es el día 26 el que AJA Symons, por ejemplo, registra la muerte de Rolfe. Curiosamente, esta es la fiesta de un tal San Evaristo que nació en Belén en el siglo I d. C., se convirtió a la Iglesia Madre y está registrado como un “papa y mártir”. Rolfe, por supuesto, era ambas cosas, al menos en su opinión
Los dos volúmenes de Robert Scoble Cuervo y El culto a Corvo Aborda respetuosamente sus relaciones con varios contemporáneos igualmente oscuros y su otra vida literaria. Juntos, añaden una extraordinaria cantidad de información nueva y aclaran mucho de lo que había permanecido impreciso o poco claro en la erudición de Rolfe..” TLS
Frederick Rolfe
Frederick William Rolfe (Londres,22 de julio de 1860 – Venecia, 25 de octubre de 1913), conocido como el barón Corvo, aunque él se autodenominaba 'Frederick William Serafino Austin Lewis Mary Rolfe',[1] fue un escritor, fotógrafo y artista excéntrico inglés. BiografíaRolfe nació en la calle Cheapside, del centro de Londres, hijo de un fabricante de pianos. Dejó la escuela a los catorce años y se hizo maestro. Enseñó brevemente en el colegio de Grantham, donde entabló una duradera amistad con el entonces director Ernest Hardy, que posteriormente se convertiría en el director del Jesus College de Oxford. Se convirtió al catolicismo en 1886 y fue confirmado por el cardenal Manning. Con su conversión sintió una fuerte vocación hacia el sacerdocio, que persistió durante toda su vida, a pesar de resultar frustrada y nunca realizarse. En 1887 ingresó en el seminario de Santa María de Oscott, cerca de Birmingham, y en 1889 estudió en el Scots College de Roma, pero fue expulsado de ambos por su incapacidad para concentrarse en los estudios sacerdotales y su comportamiento errático. En esta época entró en el círculo de la duquesa Sforza Cesarini, que como él afirmó, lo adoptó como nieto y le concedió el uso del título de "barón Corvo". Este se convirtió en su pseudónimo más conocido, aunque tuvo varios seudónimos más, como "Frank English", "Frederick Austin", "A. Crab Maid", entre otros. A menudo abreviaba su nombre como "Fr. Rolfe" (un uso ambiguo que sugería que era el sacerdote que deseaba ser). Rolfe pasó la mayor parte de su vida trabajando como escritor autónomo, principalmente en Inglaterra, aunque al final de su vida en Venecia. Vivió en la época anterior al estado del bienestar y dependía de benefactores que lo ayudaran a mantenerse, pero no tenía un carácter fácil y solía discutir espectacularmente con la mayoría de las personas que trataron de ayudarle y le ofrecieron alojamiento y manutención. Finalmente terminó sin suerte ni dinero en Venecia, donde murió de un derrame cerebral el 25 de octubre de 1913. Fue enterrado en la isla de San Michele, el cementerio histórico de Venecia.[2] La vida de Rolfe sirvió de base para The Quest for Corvo, de A.J.A. Symons, un "experimento en biografía" considerado un clásico menor del género. Esta obra revela que Rolfe tuvo un insólito entusiasta en la persona de Maundy Gregory. HomosexualidadFrederick Rolfe asumía con comodidad su homosexualidad, y se relacionó y mantuvo correspondencia con varios hombres gais ingleses. En sus inicios escribió una buena cantidad de poesía sobre mártires niños y similares, idealista aunque sensiblera, y en ella y en su obra Toto stories ("Las historias de Toto") aparecen elementos pederastas, aunque sus jóvenes alumnos del momento remarcaron unánimemente en su edad adulta que nunca tuvo ni un indicio de relaciones inapropiadas con ellos. Al madurar el propio Rolfe mostró preferencia sexual por los jovencitos. Su única referencia explícita a la edad de su preferencia sexual aparece al final de su vida en una de las cartas desde Venecia a Charles Masson Fox, en la que declaraba: «Mi preferencia era por los de 16, 17, 18 y mayores.»[3] Grant Richards, en sus Memories of a Misspent Youth (Memorias de un joven malgastado, 1932), menciona a «Frederick Baron Corvo» en Parson's Pleasure en Oxford - donde los estudiantes podían bañarse desnudos - «contemplando los tonos amarillos de la carne de los jóvenes con satisfacción impropia». Aquellos que se supone o especula que tuvieron relaciones sexuales con Rolfe - Aubrey Thurstans, Sholto Douglas, John 'Markoleone', Ermenegildo Vianello y otros gondoleros venecianos - eran todos jóvenes con edades entre los dieciséis y los veintiuno, con la excepción de Douglas,[nota 1] que era considerablemente mayor. Los jóvenes idealizados de sus obras de ficción eran de edad similar.[nota 2] En 1904, poco después de su ordenación como sacerdote católico, Robert Hugh Benson entabló una casta pero apasionada amistad con Rolfe. Durante dos años su relación se mantuvo mediante cartas «no solo semanales, sino a veces diarias, y de carácter íntimo, y agotadoramente cargadas de emoción». Todas las cartas fueron posteriormente destruidas, probablemente por el hermano de Benson.[4] Rolfe buscó representar las relaciones de su ficción como ejemplos de «amor griego» entre un hombre mayor y un efebo, y así otorgarles la sanción de la antigua tradición helénica familiar para todos los eduardinos con educación clásica. Obra literariaPrincipales obras de ficciónSus obras más importantes y trascendentes son historias y novelas en las que él mismo es el protagonista apenas disimulado:
Otras obrasRolfe escribió otras cuatro novelas: Don Tarquinio (1905), Don Renato (1909), The Weird of the Wanderer ("El raro de los nómadas", 1912) y Hubert’s Arthur (publicada póstumamente en 1935). Tanto The Weird of the Wanderer y Hubert’s Arthur fueron colaboraciones con Harry Pirie-Gordon. Estas obras se diferencias de sus novelas autobiográficas en dos aspectos: se sitúan en siglos anteriores y el protagonista no es el alter ego de Rolfe, aunque haya un alto grado de identificación, y en The Weird of the Wanderer el héroe, Nicholas Crabbe, aparezca como un viajero del tiempo que descubre que es Odiseo. Rolfe también escribió relatos cortos publicados en periódicos de la época y reunidos tras su muerte en Three Tales of Venice ("Tres cuentos de Venecia", 1950), Amico di Sandro ("Amigo de Sandro", 1951), The Cardinal Prefect of Propaganda ("El cardinal prefecto de la propaganda", 1957) y The Armed Hands ("Las manos armadas", 1974). También publicó un libro de historia, entretenido pero poco fidedigno, Chronicles of the House of Borgia ("Crónicas de la casa Borgia", 1901); traducciones de The Rubáiyát of Umar Khaiyám (1903) y The Songs of Meleager (publicada póstumamente en 1937), y algo de poesía, posteriormente reunida en un volumen, Collected Poems ("Poemas completos", 1974). En 1912, un año antes de su muerte, Rolfe empezó a escribir otra novela autobiográfica, The Freeing of the Soul, or The Seven Degrees ("La liberación del alma o los siete grados", escrita entre 1912–1913, publicada 1995), de la cual solo han quedado algunas páginas.[nota 3] Está situada en el siglo v y trataría de un obispo bizantino de mediana edad llamado Septimius, preocupado por los ataques de los bárbaros que atemorizaban a su congregación de Venecia. La novela era un nuevo enfoque para Rolfe, ya que sus anteriores novelas autobiográficas se situaban en su propio tiempo. CartasRolfe fue un escritor epistolar entusiasta. John Holden afirmó que «Corvo era de ese tipo de hombres que nunca decía una palabra si podía escribirla. Vivíamos en la misma casa, una muy pequeña, pero siempre se comunicaría conmigo por nota si no estaba en la misma habitación que él. Tenía docenas de libros de cartas. Aprovechaba cualquier oportunidad para escribir una carta, y escribía cada carta, tanto si era para un editor o para un zapatero, con el mismo cuidado.»[6] Se conservan miles de sus cartas, y se han publicado varias series de ellas en ediciones limitadas. Las cartas revelan una mente vivaz, inteligente y absorbente, pero a causa de tendencias paranoicas de Rolfe con frecuencia contienen recriminaciones y disputas. Entre los críticos que estiman más las cartas de Rolfe que su obra de ficción está W. H. Auden, que escribió que Rolfe «tiene todo el derecho a estar orgulloso de sus garras verbales... Un gran vocabulario es esencial para el estilo insultante, y Rolfe a base de estudio y constante práctica se convirtió en uno de los grandes maestros del vituperio.»[7] Sus cartas todavía no han sido recopiladas en una sola edición académica. Fotografía y pinturaFotografíaRolfe estuvo interesado por la fotografía durante toda su vida, aunque no logró más que una competencia algo más que básica. Aunque empezó a experimentar con la fotografía cuando era maestro, hasta su etapa en Roma entre 1889-90, no conoció la obra de los fotógrafos arcadios Wilhelm von Gloeden y Guglielmo Plüschow. Su seminario, el Scots College, estaba bastante cerca del estudio de Plüschow en la calle Sardegna, cerca de via Veneto, y cuando Rolfe fue expulsado del seminario y quedó bajo el patrocinio de la duquesa Sforza Cesarini empezó a realizar fotografías imitando a von Gloeden y Plüschow. Sus modelos eran chicos locales de las calles de Genzano di Roma, una localidad dominada por el palazzo de la duquesa. Estos jóvenes posteriormente se convirtieron en los principales personajes de las historias de Toto, publicadas inicialmente en The Yellow Book en 1895-96 y después compiladas en Stories Toto Told Me de 1898 e In His Own Image en 1901. Rolfe siguió disfrutando de la fotografía en Christchurch entre 1890-91, a su vuelta de Roma, y experimentó con el color y las fotografías subacuáticas. Pero empezó a perder el interés y realmente no volvió a tomar fotos hasta volver a Italia en 1908. Su obra fotográfica completa fue documentada en el libro The Photographs of Frederick Rolfe Baron Corvo 1860-1913, de Donald Rosenthal, que se publicó en 2008. PinturaRolfe nunca perdió su convicción de que había sido llamado para el sacerdocio. Consideraba que su juventud como maestro y su dedicación a la pintura y la fotografía eran ocupaciones transitorias, medios para ganar algún dinero, hasta que las autoridades de la iglesia católica rectificaran y se dieran cuenta de su firme vocación sacerdotal. Por ello Rolfe nunca recibió un adiestramiento formal ni en pintura ni en fotografía. Sus pinturas y diseños, incluidas varias de las cubiertas de sus propios libros, eran esfuerzos atrevidos de aficionado sorprendentemente habilidoso. Realizó alguno de los más notables cuando vivía en Christchurch en 1890 y 1891, incluido un pequeño pero llamativo óleo de san Miguel. Desde 1895 a 1899 vivió en Holywell, en el norte de Gales, donde pintó catorce carteles profesionales por encargo del párroco local Charles Sidney Beauclerk.[8] Rolfe pintó figuras de santos y John Holden le ayudó con los letreros de los laterales. Solo se conservan cinco de los carteles, y todavía pueden verse en el museo de Holywell. Son representaciones coloristas de estilo naive, de los santos Jorge, Ignacio de Loyola, Gregorio Magno y Agustín de Canterbury y santa Winifrida. Rolfe no pintó más tras convertirse en escritor a tiempo completo. Reputación literaria póstumaLos primeros libros de Rolfe recibieron críticas amables pero ninguna de ellos consiguió un éxito suficiente para lograr ingresos para su autor, cuya reputación empezó a diluirse póstumamente. Sin embargo, en pocos años pequeños círculos de lectores empezaron a descubrir y a interesarse por su obra, y a formarse un culto literario considerable. En 1934 A.J.A. Symons publicó The Quest for Corvo, una de las biografías icónicas del siglo, atrayendo la atención de un público más amplio hacia la vida y obra de Rolfe. En los años 1950 y 1960 hubo un resurgimiento del interés en él que se conoció como ‘el renacimiento de Corvo’, que incluyó una exitosa adaptación teatral de Adriano VII en Londres. En la década de 1970 aparecieron dos biografías sobre Rolfe. Todo esto condujo a su inclusión en todas las principales obras de referencia y generó una corriente de tesis académicas sobre él. Aunque sus libros se han seguido editando, nunca ha aparecido ninguna monografía substancial en inglés sobre su obra, aunque hay una en italiano.[9] Con el incremento del interés por la historia del modernismo literario y el reconocimiento de la importancia de los escritos sobre la vida en su génesis, se ha hecho patente la verdadera importancia de las ficciones autobiográficas de Rolfe. Se ha vislumbrado su influencia en novelas escritas por Henry Harland, Ronald Firbank,[10] y Graham Greene,[11] y su acuñación de neologismos y el uso de la historia de Ulises prefiguran quizás casualmente las obras de James Joyce.[12] BibliografíaLas obras de Rolfe son:
Bibliografía sobre el autor
Notas
Referencias
Enlaces externos
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| En el invierno de 1909, el paranoico pero brillante escritor inglés Frederick Rolfe , autodenominado " Barón Corvo " (1860-1913), se encontraba en Venecia ( se había mudado allí ese año y fallecería allí en 1913) lidiando con el eterno problema de llegar a fin de mes. Su carácter insoportable fue alejando uno tras otro a todos aquellos, y fueron muchos, que intentaron ayudarlo. [1] . Rolfe intentó inventar una "nueva" profesión: presentar a jóvenes venecianos disponibles a un acaudalado comerciante inglés amigo suyo, Charles M. Fox , durante sus vacaciones en Venecia, a cambio de una suma mensual para alquilar un apartamento y mantenerse a sí mismo y a los jóvenes.
Rolfe supo describir cómo en aquellos años, dada la increíble pobreza y el clasismo inhumano, la posibilidad de experimentar (a cambio de una tarifa) la excitación sexual con "caballeros" extranjeros adinerados le ofrecía a un joven italiano un atractivo complemento económico a su trabajo duro y mal pagado.
Sin embargo, su admiración por la belleza de las jóvenes venecianas era sincera: El deseo y la búsqueda de todo , su novela más famosa, escrita en 1909/1910, la elogiaba así:
Sin embargo, a pesar del entusiasmo de Rolfe, Fox, un comerciante astuto, no picó el anzuelo : le envió pequeñas sumas, por amistad, y nada más. Después de unos meses, Rolfe se cansó y empezó a idear otras formas diabólicas de ganarse la vida a costa de lo que no le correspondía. Las cartas y sus raros testimonios, sin embargo, sobrevivieron milagrosamente y fueron publicados en 1971. Están pobladas por las figuras de Amadeo Amadei, Piero, Carlo, Ermenegildo Vianello conocido como "Zildo" , que Zildo conoció y amó en 1908 quien, habiendo cambiado de sexo, es el personaje de Zilda/Zildo, "el" (¡sic!) gondolero de dieciséis años (¡disfrazado de niño!) que es el amante del protagonista autobiográfico de El deseo y la búsqueda de todo . Veamos la Venecia que emerge de estas cartas, incluso a partir de un escándalo . Rolfe habla de ello en su carta del 28 de noviembre de 1909:
Afortunadamente, Rolfe no solo habla de prostitución, sino que, con la curiosidad propia de un entomólogo, también registra la historia amorosa y sexual entre Zildo (quien ya tenía 18 o 19 años y había dejado de ser su amante) y un noble, Piero . Es uno de los pocos relatos sobre la vida sentimental y sexual de los jóvenes homosexuales italianos de la época. Rolfe habla de ello en su carta del 28 de noviembre de 1909:
En la carta del 20 al 27 de enero de 1910, Rolfe entra en más detalles sobre la vida amorosa de Zildo:
El epílogo de este pequeño drama humano es desgraciadamente previsible: Piero se vende a Rolfe, como revela el 27 de enero de 1910:
Así era Venecia en aquellos años. La Venecia, para ser claros, de la que Oscar Wilde escribió en una carta:
El autor agradece de antemano a cualquiera que pueda ayudarle a encontrar imágenes e información adicional sobre las personas, lugares y eventos descritos en esta entrada biográfica, y a cualquiera que pueda reportar cualquier error en esta página. | Notas [1] Para obtener información sobre Rolfe y su homosexualidad, véase:
[3] De: [4] Citado en: Donald Weeks, Corvo , Joseph, Londres 1971, pp. 306-308, integrado en un hueco con Aldrich, Op. cit. , p. 182. [5] Citado en: Weeks, Op. cit. , p. 309. [6] Citado en: Weeks, Op. cit. , p. 310-312. [7] Citado en: Weeks, Op. cit. , p. 312-313. [8] - La vida a través de las cartas de Oscar Wilde , editado por Masolino D'Amico, Einaudi, Turín 1977, pág. 554.
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Parcialmente republicado en "Pride & Guide" n.º 4, octubre de 1999, págs. 18-19, bajo el título " Erotismo en góndola ".
Se permite su republicación con la autorización del autor; para concertar la cita, contáctenos.
Un gabinete de curiosidades humanas.
LAS CARTAS DE VENECIA DE FREDERICK ROLFE, 1909-10
https://www.greek-love.com/modern-europe/italy/frederick-rolfe-s-venice-letters
Las "Cartas a Venecia" del excéntrico escritor inglés Frederick William Rolfe, autoproclamado Barón Corvo (1860-1913), eran cartas que envió desde la ciudad italiana donde pasó los últimos años de su vida a Charles Masson Fox (1866-1935), comerciante de madera de Falmouth, Cornualles, y también amante de los jóvenes. [1] Fox había llegado a Venecia en septiembre de 1909, y Rolfe había logrado complementar sus escasos e inestables ingresos presentándole a jóvenes locales dispuestos a colaborar. A lo largo de la correspondencia se da a entender que volvería en busca de más, pero aparentemente nunca lo hizo. La parte de la correspondencia de Fox no se ha conservado.
Las cartas fueron editadas y publicadas por primera vez por Cecil Woolf en 1969 [2] y publicadas como libro «con ilustraciones del autor» en Londres en 1974. Poco más de la mitad eran lo suficientemente relevantes para el amor griego como para ser presentadas aquí, junto con todas las ilustraciones de Rolfe (todas ellas bocetos de jóvenes desnudos). El contenido del resto se resume brevemente.
1 [3]
[Sin lugar ni fecha]
Martes: pero tendré que esperar tu dirección antes de poder publicar esto.
Antes de que me olvide, no he recibido ningún detalle de E. [4] de Cockerton; [5] y me gustaría mucho tener las direcciones florentinas en orden de mérito .

Nunca he visto nada tan cómico como lo que ocurrió después de tu partida. Te expliqué los hechos principales y ahora añadiré detalles: pero primero debo decirte que, unos cinco minutos después de haberte enviado mi última tarjeta, el judío griego corfiota [6] vino a verme (algo que nunca había hecho antes, ya que nuestra relación era solo de club [7] ), con una oferta completa y urgente de servicio. Fausto le había dicho lo que necesitaba, y parece que está muy ansioso por dedicarse a tal función, habiendo oído hablar de ello, agradándole la idea y (—Esto es simplemente condenable. En este momento me ha interrumpido una llamada telefónica de mi amigo tifoideo [8] —algo que nunca había hecho antes— pidiéndome que me reuniera con él esta noche y diciendo que su hermano Saverio, un cachorro de león de 13 años, ¡quiere salir en mi sandolo! Las torturas de Tántalo no fueron nada comparadas con esto). —estaba terriblemente asustado por el método habitual entre sus compañeros. Fue deliciosamente delicado al respecto; y su inglés (ya les he dicho que lo sabe) bien merecía la pena anotarlo. Le di las gracias, le dije que mis amigos estaban en Inglaterra por negocios y que lamentaba que, en lo que a mí respecta, mi pobreza me impidiera tomar medidas al respecto, al menos por ahora. Se sintió un poco ofendido; y me costó bastante hacerle entender que no era mi intención ofenderlo, sino que simplemente quería decir que estaba atado a esta casa y no tenía dónde entretenerlo por el momento. Pero creo que estarán de acuerdo en que vale la pena cultivar la amistad con un judío griego de Corfú, no mercenario, siempre que sea posible, aunque solo sea por su rareza. Sin embargo, volviendo a P. & G. y a C. y la pequeña G. [9], sabiendo que su punto débil es la vanidad, no me anduve con rodeos, sino que los llevé por separado y los puse de buen humor comprándoles un traje y un jersey de lino blanco, cada uno con una faja roja. Me refiero a P. y G., su hermano, y a C. A cada uno le describí lo que se necesitaba en cuanto a servicio. Por supuesto, dijeron que eso era lo que esperaban. Así que supongo que entendieron las indicaciones que usted y Cockerton debieron haber dado, aunque debo decir que desconocía por completo nada concreto. Y no solo estaban dispuestos, sino encantados de hacer lo que se les pidiera. Les dije que se les necesitaría de dos en dos y que les enviaría órdenes cuando recibiera sus instrucciones. Lo hice porque era inútil llevar a P. a Burano el lunes [10].Él había expresado su disposición sin persuasión, e imposible porque yo ya había agotado toda la ropa. Entonces, el sábado por la noche, llegó P., muy modesto y tímido, aparentemente para "saludarme". Después de muchas divagaciones encantadoras, su verdadero objetivo se le escapó o se le escapó. Su amigo G. (no su hermano pequeño G., claro está) estaba muy desolado por estar ausente, lamentaba su insensato comportamiento del año pasado, quería que lo perdonara y lo considerara favorable en el futuro, había practicado regularmente con P. desde marzo y le pedí amablemente que le diera otra oportunidad para demostrar sus habilidades y conocimientos. Acepté con gusto, lo llevé y le compré un uniforme como a los demás, y le dije que les daría un contrato a él y a P. cuando pudiera. Así que estaba listo para tu anuncio definitivo de llegada; y debería haberte dado a ti y a Cockerton la mejor opción. Francamente, sabes, no podía emprender nada por mi cuenta hasta haber cumplido con mis obligaciones. Claro que no se puede admirar la tendencia servil. Pero sostengo firmemente que el mejor método es empezar con los esclavos y educarlos para que, dejándolos de ser esclavos, se conviertan en sirvientes inteligentes y fieles. Bueno: entonces llegó el teléfono de Cockerton, tu telegrama y la carta posterior. Me mantuve en secreto durante todo el proceso, hasta que estuve completamente seguro de que no ibas a volver. Entonces, con las 20 libras [11] (gracias por ello), me pagué las 11,50 libras extra que había gastado en su ropa y fui por ahí diciéndoles que te habían llamado repentinamente a Inglaterra y dividiendo el saldo de 9,50 libras entre ellos para consolarlos de su decepción. Estaban tristes pero dulces por ello, excepto el pequeño G. a quien no le tengo más aprecio que a su hermano P. Eso fue lo mejor que pude concebir: porque no quería que hubiera dudas esta vez, y siempre es más seguro con los venecianos arreglar las cosas de tal manera que puedas elegir, porque es casi seguro que uno u otro fallará en el momento crucial.

Lamento muchísimo que no hayas podido volver a disfrutar de la diversión, pero no lamento en absoluto haber tenido la experiencia, porque ahora sé que cuando los dioses me den una semana libre en Burano, siempre podré contar con P. y G. para compartirla conmigo. Si tan solo tuviera un pequeño lugar para mí, piensa en las visitas del griego, y el tifus, y su hermano Saverio. ¡Dios mío, cuando lo pienso! Ahora voy a escribir como un rayo. [12] Escríbeme a menudo y con gusto... Siempre responderé y quemaré tus cartas. Haz lo mismo con las mías, por favor.
Saludos cordiales a Cockerton. Susurro: Detesto a Jackson. [13] R.
2
Esquina del Palacio Mocenigo, Venecia.
25 de octubre de 1909.
[Rolfe comienza con una súplica (con instrucciones especiales) para que Fox le envíe dos jerseys de lana, ya que su vestuario no es suficiente para pasar el invierno abrigado y presentable.]
No te imaginas cuánto me alegra que hayas notado (y recordado) la forma en que P. y C. contaban sus historias. Claro que me fijo en todos esos detalles, porque soy artista. Pero rara vez encuentro a otro hombre tan observador y apreciativo de estos pequeños y exquisitos detalles que realmente tienen un sabor tan bonito y satisfactorio. Aun así, lo que viste es muy poco comparado con lo que habrías visto si yo no tuviera preocupaciones terribles y tú hubieras tenido un poco más de tiempo. Estos venecianos, como todos los orientales (porque realmente son orientales, ¿sabes?), son terriblemente tímidos con los desconocidos; y siempre lleva tiempo conseguir que se relajen y se dejen llevar. Cuando lo hacen, lo hacen concienzudamente. Y eso es precisamente lo que ocurrió. De verdad creo que todas mis acciones y esfuerzos del último año florecieron repentinamente justo cuando estabas a punto de irte. P., C. y los demás ya me conocían a fondo para entonces. Me habían visto en la riqueza y en la pobreza. Habían superado el miedo y me reconocían como uno de ellos. Y también habían comprendido plenamente lo que deseaba y los beneficios y el placer personal que se derivaban de permitirme tener lo que deseaba. Solo dos cosas —como es mi estilo, estoy analizando el asunto científicamente, con la evidencia que tengo— les impidieron asociarse conmigo. Una era mi incapacidad económica para hacer mi parte, es decir, brindarles la oportunidad y hacer que valiera la pena. La otra era cierta vacilación subconsciente a la hora de hacer lo inusual, lo insólito. Porque los venecianos son esclavos de la «costumbre». Temen el «desprecio» (que solo significa la acusación de ser singulares) más que a cualquier otra cosa en la naturaleza. Pero entonces aparecieron tú y Cock; y no había duda de que compartían los mismos gustos, hábitos y disposiciones que yo.

Era evidente entonces, para P., C. y los demás, que no era la excepción, pues había al menos otros dos signori como yo. «Bueno», argumentaron, «no haremos nada inusual, y no debemos temer al desprecio». ¡Qué simples criaturas! Y además, nos dieron ropa nueva y dinero, y surgió la oportunidad de pasar un par de días en Burano. Así que, como imagino, al instante dejaron de lado sus escrúpulos y se mostraron ansiosos, dispuestos y simplemente radiantes por complacernos y complacerse a sí mismos. Personalmente, creo que el cambio radical de actitud de Gildo, su ferviente ansia por ir y hacer lo que Peter hacía, su sencilla y completa ascensión de la dignidad hosca a la incontinencia descarada y brillante, fue lo más cómico, y también lo más genuino y adorable de todo el asunto. Y estoy seguro de que usted puede imaginarse mucho mejor que yo las torturas más tentadoras que sufro a consecuencia de ello. Haber ofrecido precisamente lo que he anhelado y aún ardo en deseos, ofrecido sin reservas, sin siquiera poder tocarlo. Sé que Peter estaría encantado de ponerse a mi servicio y sería un siervo bueno, celoso y obediente, en cualquier momento que pudiera aceptarlo. Y no pido nada mejor.
Pero tener que rechazarlo durante un año entero, y ahora tener que rechazar también a Gildo... ¡oh, qué amargo! ¿Comprendes mi situación y te compadeces? Espero que sí. Y, por supuesto, si se te ocurre alguna manera de sacarme de este apuro y ponerme de pie, por el amor de Dios, házmelo saber. A cambio, además de lo habitual, me comprometo a tener tu lugar y sirvientes listos para ti aquí en cualquier momento y durante el tiempo que desees. Soy una persona poderosa y detesto luchar con todas mis fuerzas contra esta condenada impotencia que me encadena actualmente. Lo peor es que estoy tan agotado que no tengo nada que sugerir. Parece que se me han acabado las ideas para resolver mis dificultades y realmente no creo que pueda pensar en planes, aparte de los ya propuestos, hasta que haya tenido al menos una semana de descanso y un cambio de ocupación, ya sea en Florencia o con P. o G. a mi servicio en Burano.
[El resto de la carta relata su situación financiera difícil debido a que un nuevo agente literario en Londres no pudo vender sus ensayos e historias, y sus quejas sobre el anfitrión que lo había acogido en su casa de Venecia.]
3
Pal. Moc. Cor.
[Sin fecha]
Estimado F.,
Cada día que vivo aquí algo me duele. No, esto es diferente a lo que suelo decir. Acabo de mencionarlo en una conversación: pero cuanto más vivo, más convencido estoy de que no seré feliz hasta que lo haya puesto por escrito, y tú puedas mostrárselo a quienes les interesa. Puede que les dé un vuelco, o puede que no. En fin, me habré quitado un peso de encima.

(a) Una cosa que este mundo necesita son algunas imágenes tuke [14] de la laguna veneciana y algunas imágenes tuke de gondoglieri medievales en posición de popa en los canales venecianos.
(b) Pero «Tuke tiene todo lo que necesita en Falmouth». ¡Mmm! Arnold de Rugby sostenía que nadie debería ser maestro de escuela durante más de quince años seguidos. Y me imagino que el principio de esa doctrina puede aplicarse a los pintores. Al estancarse en un lugar y en un tema o tipo de tema, se privan de mucho deleite y al mundo de mucha gloria. Tuke se ha labrado un nombre inmortal con la carne, el sol y el mar de Falmouth. No puede mejorarlo; y con persistencia, es muy probable que lo empeore. Yo (siendo artista [15] ) sé muy bien que no está satisfecho consigo mismo. Pero un artista nunca lo está. Lo importante es que sepa que ha trabajado en un estilo el tiempo suficiente; y, por su propio bien y el de su arte, pruebe otro.
(c) Le sugiero Venecia. Ningún inglés pinta Venecia, salvo el caleidoscópico Brangwyn [16] y una multitud de pequeños observadores con cristales ahumados que pintan con tierras sucias, jabón y cera. No me refiero a los Montalba. [17] Y el único veneciano (italiano) del que vale la pena hablar que la pinta es Giuseppe Miti-Zanetti, [18] quien utiliza un proceso propio, ni óleo ni agua, que ciertamente es maravilloso, pero puramente arquitectónico, atmosférico y generalmente nocturno. Lo cual significa que un pintor como Tuke tendría aquí campo libre: pues no hay un solo pintor de jóvenes venecianos, en equilibrio (el 'equilibrio' es la característica única), en equilibrio sobre altas popas, en la amplia laguna, al amanecer blanco, cuando el mundo entero brilla con la iridiscencia cándida del nácar, carne blanca brillante con ojos verde azulados y cabello brillante en equilibrio en el aire blanco temblando como una canción en luz blanca reflejada en un mar blanco y liso; de jóvenes venecianos en equilibrio sobre altas popas en la amplia laguna, al mediodía, cuando todo el mundo que no es brillante es azul, brillante flexibilidad juvenil con su suntuoso pecho en equilibrio en el aire como lluvias de aguamarinas en un mar de zafiro con sombras de lapislázuli bajo una monstruosa cúpula de turquesa; de jóvenes venecianos en equilibrio sobre altas popas en la amplia laguna, al atardecer, brillante magnífica fuerza juvenil iluminada de manera dominante, Suspendido en una atmósfera de lavanda y heliotropo, en enormes extensiones de mar y cielo, todo tallado en joyas, amatista ilimitada y turquesa de gran alcance, o, todo cobre bruñido salpicado de esmeraldas y veteado de azul, el insistente azul de la borraja. Nadie hace estas cosas: nadie las ve, excepto yo. Pero Tuke es el único hombre vivo que puede hacerlas; y no las ha visto. ¿Y quién sino Tuke podría representar verdaderos gondoglieri medievales con largas medias de seda de rayas fantásticas, orgullosos en la pompa del brocado, suspendidos en altas popas a la sombra luminosa de algún pequeño canal junto a alguna maravillosa y antigua compuerta como la Casa Agnusdei, o la de la Casa Amore degli Amici, o la de la Calle Tedeum? Nadie. Y él no lo hace. Es deprimente.
(d) Pero quiere competir con los yates. Maria Vergine, ¿no hay toda una hilera de yates de carreras fondeados frente a la terraza de Bucintoro? ¿No es lo único que se necesita para que un navegante inglés experto venga y domine el lugar?
(e) En resumen, ¿no puede tener aquí mejor y diferente carne, formas, sol, mar, luz, sombra, oportunidades y placeres que en Falmouth? Entonces, ¿por qué oxidarse allí? Le aseguro que no le hablaré. Y ahora he hecho todo lo posible por liberar mi mente.
R.
4
Camarada. Moc. Cor.
8 de noviembre [1909].
[Rolfe agradece a Fox por el guernsey que le envió y comenta sus esperanzas de salir de sus dificultades financieras con la ayuda de una nueva firma de abogados en Londres.]

Si esto sale bien y me limpio y tengo algo de dinero para gastar, me tomaré un mes de vacaciones y traeré a Peter y Carlo a Inglaterra. Allí vivirán en un hotel en Falmouth, donde podré corresponderles de una manera que les encantará. Solo los he visto una vez desde la última vez, pero están más entusiasmados que nunca. Fue divertidísimo. He estado encerrado en casa, por razones obvias, y simplemente escribiendo a ciegas sobre este nuevo libro. Pero el lunes y el martes pasados fueron días estupendos aquí. Todos los Santos y Difuntos. [19] Así que crucé la laguna por el puente de barcas hasta el cementerio de San Michele. Toda Venecia estaba allí con velas, flores y lámparas, decorando las tumbas de sus muertos. Nunca se vio un jardín tan espléndido. ¡Y la multitud! Bueno: caminaba lentamente por un sendero, bastante sombrío y triste por la soledad y todo eso, cuando vi a Peter, Carlo, Gildo, Giuseppe y cuatro más (uno encantador y desconocido para mí, pero pequeño), arrodillados en silencio sobre sus malvadas rodillas alrededor de la tumba de uno de sus compañeros, rezando por el descanso de su alma. Se habían reunido y habían conseguido seis liras de velas y cuatro de flores; y habían arrancado la maleza del año anterior con sus abominables manos, dejando el lugar impecable y bonito, simplemente por amor, con franqueza y sin ningún pudor. Los vi de reojo, pasé de largo y no los interrumpí, principalmente por mi pobreza y vergüenza. Pero uno de ellos me vio. Oí a alguien decir "¡Ecco'l paron !" ("¡Ahí está el Maestro!"). Y al minuto siguiente me acosaban con sus alegres y amistosos saludos. Fue encantador. Nunca he visto nada como los ojos de Gildo ni una piel tan blanca. Carlo se moría de ganas de preguntar por « Yo, Sior Volpe » (refiriéndose a ti, pues les dije que ese era tu nombre, pues eran incapaces de acercarse más a Fox que a Focassa con sus lenguas venecianas). Así que volví a la tumba y me mostraron su obra con ingenuo orgullo, lo cual, por supuesto, alabé. Y paseamos admirando las demás tumbas durante una hora entera, a veces una conmigo, a veces otra, y todas aprovechando la ocasión para preguntarme en privado: «Señor, ¿cuándo vamos a Burano a pasar la noche?». ¡Dios mío! Pero, ¿no es cómico? ¿Si tan solo hubieras venido a verme nada más llegar a Venecia? ¡O si tan solo no hubiera estado tan encadenado!
[Rolfe concluye explicando que el aburrimiento de su carta se debe a que no ha podido “salir a pasear”.]
5
Jueves [Probablemente hacia finales de noviembre de 1909].
Estimado C.,
Gracias por el tuyo del día 20. Direcciones debidamente anotadas: pero no encuentro Via Niccolini en el mapa.
¿Qué hay cerca? Les daré fotos a P. y C. cuando las vea, dos a cada uno. Me quedaré con la del bote, si no les importa, en recuerdo de tan buen día. En cuanto a en qué estaba pensando C., supongo que era en eso. Siempre fue enorme; y, desde que dejó mi servicio en primavera, ha comenzado esa etapa de su vida que lo convierte en un elemento más destacado de la economía personal. Esto sí que es muy gracioso. (Por cierto, por favor, bajo ningún concepto le muestren mis cartas a Nicholson [20] ni le den noticias mías. Es peligroso ). Parece que conozco bien a Eduardo Bolck ; y lo conozco desde hace un año, sin la menor sospecha de sus diversiones. Pertenece al «Bucintoro»; y solía estar allí continuamente en primavera y principios de primavera, cuando yo (sin hogar) pasaba la mayor parte del día dormitando allí para poder merodear en el pupparin toda la noche . A E. lo admiraba muchísimo y habría dado cualquier cosa por conocerlo. Pero nunca pasamos de un « Buongiorno » y un cambio de sonrisas cuyo significado ahora, y solo ahora, entiendo. Ahora veo perfectamente que estaba esperando para darme una oportunidad. Te diré por qué lo digo. Siempre me hacía gracia que se sentara a leer y releer el periódico en cualquier habitación donde yo estuviera, preguntándome qué demonios sería su pasatiempo. Y un día descubrí que estaba al tanto de todo lo que hacía o decía allí. Tuve la típica discusión con Fausto por no limpiar mi bote. Le solté un largo discurso insultante en italiano. Y es una evasiva veneciana, cuando un inglés te descubre, fingir que no entiendes. Así que Fausto se quedó boquiabierto y dijo: «Mi no go capio». «No entiendo» en veneciano. Al instante, antes de que pudiera llamarlo hijo de un cura devorador de palomas y traducir mi italiano al veneciano, Bolck (sin levantar la vista del periódico) le remató a Fausto: «Sabes muy bien lo que ha dicho este señor. Dijo esto y aquello, patata, marioneta, zorro y vil».

Lo cual, por supuesto, significa que, aunque estaba sentado en el otro extremo de la habitación, estaba tomando un interés amistoso y extremadamente íntimo en mis asuntos... Imaginen entonces lo ansioso que estoy por ir más allá con él...
Bueno, justo antes de que llegaras, se metió en problemas en el Club. Fue uno de los cinco que destrozaron un barco y lo destinaron a pagar su parte de los daños. Esto lo vi. Tres pagaron, los dos Bolck nunca. (No conozco al hermano). Y Eduardo dejó de venir al Club . Supongo que por eso frecuentaba el Lido. Así que la semana pasada envié una tarjeta (cerrada) a la dirección que me diste, diciendo que me gustaría verlo para entregarle un mensaje de su amigo estadounidense [21] en el Grand. Pero no he recibido respuesta y no sé cómo encontrarlo. Puede que esté fuera; puede que esté asustado (aunque es poco probable) o puede que la dirección no sea suficiente.
Eso es lo más probable: porque no me diste el número de la casa y «Via 22 de Marzo» solo significa «Calle Veintidós de Marzo», pues el veintidós de marzo es el aniversario de alguna victoria veneciana sobre los austriacos. Si pudiera encontrarlo, le diría que su amigo y mío lo saluda y desea saber que ha conseguido trabajo, y si le gusta escribir, traduciré su carta al americano y se la reenviaré. Claro que puedo tropezarme con él en la calle. Si lo hago, le diré lo mismo. Pero no puedo hacer más, todavía por un tiempo . Por eso.
Rolfe explicó que las negociaciones con los abogados londinenses mencionadas anteriormente, y que esperaba que lo aliviaran de sus dificultades financieras, habían fracasado. Se sintió mal al aceptar dinero de Fox, pero la consecuencia de esta decepción fue que sufría tanto de frío y hambre que no pudo continuar con su importante obra literaria .

Sí, envíame la confesión. La quiero ver especialmente. Te diré por qué; y eso me permitirá explicar también lo que quiero decir sobre Nicholson. Debes saber que me sé de memoria todos los libros (antiguos y modernos) sobre el tema; y siempre sostengo que los modernos son vulgares, empalagosos y poco artísticos, porque están escritos por aficionados. Y también he dicho que podría escribir dos libros (sin duda dos) que contuvieran una historia excelente, narrada artísticamente con una viveza y una franqueza hasta ahora inauditas . Libros así, publicados privadamente en París o Amberes a 1 libra, se venderían como pan caliente. Pues bien, hablando así con Nich, escribí una muestra de unas 10.000 palabras, presentándola como mis experiencias personales; y le envié el manuscrito para que lo comentara. Pensé que él y Victor [22] podrían ofrecer críticas singulares a partir de sus experiencias personales, que todos sabemos deben ser excepcionalmente bellas, pues Victor ya tenía la edad y la educación necesarias para ofrecer un análisis inteligente de su punto de vista. Bueno: el resultado fue sorprendente. Lo contaré en el orden en que ocurrió. (1) Nich escribió profusamente, con gritos de alegría y descripciones de sus propias experiencias (escritas, sin embargo, con un estilo exactamente igual al de las historias a lápiz de los Jakes en Marble Arch), vulgares y triviales, indescriptibles, y mostrando una total ausencia de la capacidad de observar detalles, de percibir sutiles matices, etc., sin las cuales nadie puede escribir una descripción amena de nada, y mucho menos de lo que es y puede ser lo más idílico del mundo. (Por cierto, se supo que era un patético nato). (2) Victor se puso de pie y me sermoneó. (3) Nicholson, lo mismo. (4) Ambos me imploraron que no escribiera más. (5) N. dijo que no podía conservar mi escrito e incluso que lo borraría de su mente porque lo hacía sentir más malvado de lo que jamás hubiera creído posible —y, al mismo tiempo, era tan hermoso que no se atrevió a destruirlo. (Ah, sí; y sentía que era su deber renunciar a los abrazos de Víctor.) (6) Naturalmente, me quedé quieto, riendo a carcajadas ante tan preciosos y pestilentes par de mojigatos. (7) Diez semanas después, me tomé la libertad de preguntarle el significado de su cambio de actitud tan repentino tras sus anteriores éxtasis histéricos de alegría. (8) Eludió una respuesta. (9) Le pregunté: "¿DE QUÉ TIENES MIEDO?". (10) "De ser falso con mi ideal", gimió. (11) Riendo más fuerte que nunca, le pregunté qué había pasado con mi obra literaria, que ni siquiera podía guardar en su mente, y no se atrevía a destruir, y sin embargo no tenía la decencia de devolvérmela. (12) Se lo había contado a Edward Carpenter [23]¡Y luego lo quemó! Bueno: a falta de más explicaciones, un hombre capaz de comportarse con tanta hipocresía y farisaísmo, y de tomarse semejantes libertades con los manuscritos de un escritor, no solo es un hipócrita, sino también una persona peligrosa. La inescrupulosidad con la que robó mi soneto y lo publicó en su libro hace años fue bastante grave. [24] Creí que ya había superado esa sucia costumbre. Pero este robo de mi manuscrito lo supera todo. Por favor, comenten.

Hoy he tenido aventuras. Esta mañana compré un par de botas y un kilo de tabaco. Almorcé aquí: apio estofado, tostadas secas y agua. Después fui al Bonvecchiati, comí un filete y un litro de vino tinto (de la nueva cosecha, que acaba de llegar y es muy embriagante); y luego, con ganas de cualquier diablura, fui a fumar y di un largo paseo por Cannareggio hasta el gueto en busca de judíos. Porque, ojo, un judío decente vale más que una docena de gentiles. De alguna manera, tienen más agallas. Vi a uno, al que voy a vigilar, que probablemente esté listo la próxima primavera. Desde allí llegué al puente de la estación y, dando una larga vuelta, al extremo portuario de Zattere. Un barco siciliano estaba amarrado al muelle y ejércitos de jóvenes vigorosos bailaban por largos tablones con sacos al hombro que entregaban en un almacén en tierra. El aire estaba impregnado de una nube de fino polvo blanco y harinoso proveniente de los sacos, que empolvaba deliciosamente la piel de sus porteadores, y su fragancia era simplemente celestial. Al detenerme a observar un momento, uno de los porteadores me llamó la atención. Estaban todos semidesnudos y sudando. Miré por segunda vez, pues su rostro me resultaba familiar. Subía corriendo por una tabla.
Y él también se giró para mirarme. Al ver mi mirada, me hizo señas para que le diera un cigarrillo. Me hurgué los bolsillos, pero no tenía ninguno; negué con la cabeza. Corrió hacia el barco. Corrí a la tabaquería más cercana y volví con un paquete de cigarrillos y una caja de cerillas para esperar al pie de su tabla. Enseguida bajó de la tabla bailando, tambaleándose bajo un saco. Lo observé. Qué figura tan encantadora, joven, musculoso, espléndidamente fuerte, grandes ojos negros, rostro sonrosado, cabeza redonda y negra, perfumado como un ángel. Cuando salió corriendo de nuevo (los guardias los vigilan todo el tiempo), le lancé mi pequeña ofrenda. "¿Quién eres?" " Amadeo Amadei " (un hermoso nombre medieval). La siguiente vez, "¿Qué llevas?" " Flores de lirio para hacer jabón ". La siguiente vez, "¿Dónde te he visto?" « Ayudante de gondolero un día con Piero el año pasado ...» —luego— « Señor, Mesa Redonda ...» Mi querido F. Voy a ese barco otra vez mañana por la mañana. Quiero saber más. No pude quedarme más tiempo hoy por culpa de los guardias, pero intentaré llevar a Amadeo Amadei a alguna trattoria para que almuerce. Tengo un vago recuerdo de su rostro, pero solo un vago.

Es como si hubiera crecido de repente. Supongo que era algún pilluelo al que Peter arañó de repente, y desde entonces ha evolucionado de maravilla. Y, por supuesto, Peter ha estado hablando. Bueno, solo puedo decir que si este es un verdadero Caballero de la Mesa Redonda y conoce el camino a Caerleon, puede confiar en mí para recopilar información, que, por supuesto, verificaré en cuanto pueda . Peter, Gildo, Carlo y el griego (y supongo que también Eduardo) son médicos particulares, pues ninguno ha revelado la contraseña. Pero esta criatura fluorescente, uno pensaría que es un profesional. Sin embargo, mañana habrá noticias. Aquí me detengo para dejar un espacio en blanco que se vea a través del sobre. Nota: « Signore », no « Seniore », que significa «Anciano». Escriba. Solo tengo que hablar con usted.
R.
6
28 de noviembre de 1909.
[Rolfe describió primero su disgusto al descubrir que algunas curiosidades de plata que había empeñado acababan de ser vendidas, y el gasto al que se sometió para volver a empeñarlas al nuevo propietario]
Desde allí me dirigí al muelle de San Basegio, en el Zattere, para ver al Caballero de la Mesa Redonda. Anochecía y llegué justo a tiempo de ver su esbelta y musculosa figura descender danzando por el largo tablón del barco con su último saco de lirios secos recortados contra la puesta de sol. Al pasar, le dije: «Concédame el placer de venir a tomar una copita de vino». «Con el mayor respeto a su valeroso rostro», respondió, y siguió adelante. Tras dejar su carga en el almacén, salió y se reunió conmigo. Mientras trabajaba, llevaba unos pantalones finos de franela metidos en los calcetines, zapatillas de lona y una camisa fina sin mangas abierta desde el cuello hasta el ombligo. Sobre ella, una vez terminada la jornada, se ponía una voluminosa capa de una tela oscura y gruesa y un sombrero de ala ancha. Se echaba un extremo de la capa por encima del hombro como una toga. Describo su atuendo así de particular, por razones que se explicarán más adelante. «Llévame», dije, «a una vinoteca tranquila donde podamos conversar en privado». Atravesamos unos callejones hasta un pequeño muelle en un canal sin salida frente al río Malcontent, donde había una vinoteca muy decente, regentada por un aparente sonámbulo. Pedí un litro de New Red (muy fresco y embriagador) a 6 peniques. Nos sentamos al fondo de la vinoteca, entre los barriles; nuestras dos sillas estaban juntas a un lado de la única mesa. El mostrador, con su dueño soñoliento, estaba entre nosotros y la puerta; y no había nadie más.

Le pedí que me hablara de la Mesa Redonda y me encargué de que bebiera dos vasos por cada uno que yo bebí. Por supuesto, le di de comer cigarrillos. Dijo que antes había una casa en la Fondamenta Osmarin; pero, debido al miedo que invadió a toda Italia el año pasado, cuando Austria se apoderó de Herzegovina y de repente desplegó 80.000 hombres en la frontera donde Italia solo tiene 6.000 (recuerden que esta frontera no está a 30 millas de distancia, y sé que Venecia estaba muerta de miedo), entonces los venecianos sintieron odio por todos los alemanes y fueron a destrozar las ventanas, llamando a los muchachos y hombres allí presentes «Eulenbergs». Por lo tanto, el comité ( comitato)) del club, pues era un club privado de signiores de la más alta respetabilidad, lo trasladó a una casa que compraron en Padua, a aproximadamente una hora y media en barco y tren. Comentó que el club solía estar abierto día y noche; y que diez chicos siempre estaban allí, listos para usar. La cuota era de 7 francos por la habitación y lo que se quisiera para el chico, pero había que pagar esto último en presencia del mayordomo y nunca más de 5 francos, aunque se estuviera todo el día o toda la noche, es decir, 5 francos y 7 francos por 12 horas. Además del personal, cualquier chico podía traer un signiore. Y muchos lo hacían, principalmente escolares de algunas escuelas públicas o técnicas que querían ganar algo de dinero. Pero ahora, por desgracia, estos y otros chicos venecianos estaban sin trabajo; pues en Padua hay una gran universidad con unos 1300 estudiantes de todas las edades, además de muchas escuelas; y los estudiantes, en general, andaban escasos de dinero. Sin embargo, algunos de los venecianos desempleados a veces tienen la suerte de encontrar un empleador; en cuyo caso hacen un pequeño viaje a Padua juntos, generalmente de sábado a lunes, y obtienen satisfacción mutua del concubinato sabático. (Traduzco su italiano casi literalmente, porque es cómicamente ingenuo). Él mismo empezó así, alrededor de los 13 años. Uno de sus primos, que se quedó huérfano, vino de repente a vivir en su casa y a dormir en su cama. El primo tenía 14 años y, como la cama era estrecha, había una cierta mezcla que agradó a ambos. Y de repente, ambos escupieron juntos. (Habrías gritado al ver sus grandes ojos negros, sus grandes dientes blancos y su rostro joven y rosado, perfumado con lirios, simplemente estallar de risa). Siendo esto muy divertido, se abrazaron una y otra vez, vientre contra vientre, y lo hicieron de nuevo. Así durante muchas noches. Entonces una prostituta se comió 80 francos de su hermano mayor, aet. 20, y le provocó una enfermedad, muy vergonzosa y perturbadora para la familia. Ante lo cual, él y su primo se felicitaron de conocer un placer más seguro y juraron no tocar a ninguna prostituta. Al poco tiempo, su primo (ambos eran gondoleros ocasionales, como sospechaba) oyó hablar del Osmarin. Un mecenas lo llevó allí. Amadeo Amadei, bastante disgustado, también fue a pedir trabajo. Le dijeron: «Traigan a un Signore». Así que fue a rezar a la Virgen Negra de España en San Francesco della Vigna y ella le envió a un Conde. Entonces empezó. Había servido allí a muchos Condes, Príncipes e ilustres Signiori, con gran fuerza e ingenio para encontrar maneras de dar placer, todo lo cual también le complacía, además de llenarse los bolsillos.

Así encontró a sus clientes. Su primer cliente, el Conde, le había hablado en el Giardinetto, donde por casualidad se encontraba una mañana, sin trabajo, y con la camisa abierta como siempre, pues ansiaba el aire. El Conde le había acariciado el pecho mientras le decía que era un buen chico. A lo que respondió que era como Dios lo hizo y que prefería estar desnudo. Ante lo cual, el Conde lo llevó al Osmarin a pasar el día. A partir de entonces, siempre iba con el pecho descubierto, incluso en la Piazza, y pronto los Signiori lo seguían, a quienes saludaba con la cabeza en el primer rincón discreto, y así fue ganando clientes. Pero, desde que el Club se trasladó a Padua, era difícil para un muchacho honesto —tiene 16 años y medio— encontrar la manera de pasar las noches. Durante el día trabaja como estibador en el Zattere o en el puerto de Marittima, ganando generalmente 3,50 francos, de los cuales tiene que dar 3 francos. A su padre, también estibador y con el mismo salario. Su hermano mayor está en el servicio militar. Su primo trabaja como gondolero para un comerciante, es decir, un tendero con quien vive y duerme. Un hermano menor de 12 años gana 1,50 francos como lechero. Además de estos tres, hay una madre, una abuela, cinco hermanas y tres hermanos pequeños que deben mantenerse al margen de los ingresos conjuntos de 8 francos al día. Naturalmente, quiere ganar dinero para sí mismo.
Me aseguró que conocía trucos increíbles para divertir a sus clientes. «Primero, señor, vea a mi persona», dijo. Y la vivaz criatura hizo todo lo siguiente en unos 30 segundos. Nada más. Ya he dicho que estábamos sentados uno al lado del otro en la mesita. Moviéndose, cada centímetro de su cuerpo, con la rapidez y la agilidad de un gato, se levantó, echando un vistazo rápido a la tienda para asegurarse de que nadie lo viera. Solo el dueño, soñoliento, dormía allí. Enrolló su abrigo como una almohada y lo puso en mi extremo de la mesa, se desabrochó los pantalones, se los bajó hasta los pies y se sentó con el trasero al otro lado. Se subió la camisa por encima de la cabeza, sujetándola con una mano, abrió los brazos y se recostó sobre la mesita con los hombros sobre la almohada (de modo que el pecho, el vientre y los muslos formaban una línea ligeramente inclinada, sin la interrumpida por el arco de las costillas, como suele ocurrir con la distensión plana), y su hermoso cuello y su rostro sonrosado y risueño se estiraban hacia atrás, mientras que sus brazos abiertos de par en par eran una invitación. Era solo una brillante serie de músculos rosados, suaves como el satén: pechos, vientre, ingles y muslos apretados, con (en medio de la negra flor de exuberante robustez) una vara como una lanza con la punta de una rosa.
Y la fragancia de su sana juventud y del polvo de la flor de lirio era embriagadora.

Cruzó los tobillos, frotó los muslos con un suave movimiento ondulante, retorció las ingles y las caderas una o dos veces y se puso rígido, convirtiéndose en la masa de carne fresca más atractiva imaginable, riéndose en mi cara mientras me ofrecía su carne vivaz. Y al instante siguiente se levantó, con los pantalones abotonados, la camisa metida en el pantalón y la capa doblada. El litro de vino se había acabado. Pedí otro. «Señor», dijo, «medio litro esta vez, con permiso». Así que lo dejamos en medio. ¿No me gustaría llevarlo a Padua del sábado al lunes? Claro que sí. Nada mejor. Pero como veo que tú, mi Amadeo (es decir, «Ama a Dios», un nombre bastante puritano) eres un joven muy discreto y muy capaz, te revelaré mi secreto: porque, de hecho, sabrás que ya no soy un inglés rico, sino un pobre, arruinado por ciertos traidores y obligado a privarme de lujos. Oír eso le causó aflicción y mucha tristeza. Pero quería decir que estaba completamente a mi disposición, simplemente por cariño; porque, seguro de poder proporcionarme infinidad de diversiones, cada una diferente y mucho más emocionante que la anterior, me pidió como favor, como un gran favor, que luego lo recomendara a nobles amigos míos. Y, sin detenerse, prosiguió describiendo sus pequeños juegos.
Me dejaba tumbada boca abajo, mi verga en la calidez de sus muslos, su cuerpo entre mis brazos, su garganta en mi boca, o su pecho, sus hombros, sus axilas para morderlas a mi antojo, y yo podía quedarme allí, quieta, muy quieta, con sus piernas sujetas a las mías, mis manos bajo sus muslos para guiar mi verga cuando se hinchaba, como debía hincharse, hincharse, hincharse, rígida, hasta que toda mi ser palpitaba y empujaba y empujaba, intentando atravesar sus muslos, empujando 242 veces con más fuerza, empujando con todo mi ser; entonces, de repente, una pequeña abertura en la grasa de los muslos dejaba pasar la fuerte verga, jadeando y escupiendo de alegría. Tal era su poder para dar alegría que me instaba, incluso entonces, a empujar más, cincuenta veces más, incluso a través, y una segunda vez a escupir una alegría más profunda antes de que mi verga se cansara. Él, si yo lo deseaba, escupía simultáneamente. O, si lo prefería, se acostaba sobre mí mientras descansaba y escupía cuatro veces en veintidós minutos de reloj.

Esto para el comienzo de la velada. Luego podríamos descansar abrazados para recuperar el aliento y besarnos y acariciarnos un poco. Y él sabía retorcerse un poco todo el tiempo, cuerpo contra cuerpo, completamente desnudo para diversión de Signiori. Besar, lo entendía a la perfección, especialmente cierto tipo de beso en la axila de su patrón, cuyo cuerpo sostenía entre sus brazos, apretando sus piernas con las suyas: besos de una furia inconcebible, admirables por su excitación. A continuación, estaba listo para ser embestido por detrás, abriendo las rodillas al máximo, y en cuanto a saltar mientras tanto, bueno, debería verlo, porque realmente podía saltar (abriéndose) tan bien que le metían toda la verga entre sus calientes entrañas, hasta que él mismo se ponía rígido y escupía en su garganta. Y también, en cuanto a escupir en la garganta, que su patrón se tumbara en la cama, con las piernas colgando al final, y él encima se tumbaría sobre el cuerpo, pecho contra vientre, con los brazos por delante abriendo los muslos; y chuparía la verga de su patrón con la boca, pero con sus propios pies en lo alto de la cabecera de la cama, con los muslos también abiertos, balancearía su propia verga para que fuera chupada a voluntad por los labios de su patrón hasta que, ambos juntos a una señal, pudieran beber los jugos el uno del otro.
Un poco de sueño, abrazados, por un intervalo. Luego, como ambos tenían mucho calor, para refrescarse antes de dormir y para apaciguar la lujuria de su patrón, se extendía sobre la cama, con las piernas colgando aquí y la cabeza y los brazos allá, el cuerpo y los muslos listos para recibir a su patrón. Que lo montara. Que lo montara. Me tendí con él para que hiciera conmigo lo que quisiera. Y luego una noche de sueño en abrazos. Quien despierta primero se acuesta a un lado y al otro, hartándose de placer. Tal vez el patrón desee un pequeño paseo por las calles para tomar el aire. Regresamos y comenzamos de nuevo. Siempre tendré nuevos giros de mi cuerpo para el Patrón. Almorzamos. Pasamos la tarde en la cama. Cenamos. Tal vez veamos un cinematógrafo. Luego otra noche, reunidos para divertirnos como antes. Por la mañana temprano nos despertamos y nos abrazamos antes de separarnos. Y así a Venecia. Señor, le ruego que me pruebe. Solo por afecto ( pro affetto ), permítame hacerle saber lo que puedo hacer. Dije que no podía permitírmelo. ¿No lo dejaría entonces venir a mi palacio? Cualquier noche, entre las cinco y las seis de la mañana, estaba a disposición de este señor. No: no podía tenerlo allí; no me convenía. ¿Sabía de algún sitio donde pudiéramos ir una hora o así? Le apenaba, pero no, ahora no. Tenía un mecenas, un artista, en la calle algo de Zattere, también inglés, que por 3,50 al día lo pintaba desnudo los miércoles y lo usaba como diversión entonces, pero no podía llevar a otro mecenas allí. Diría que no, de hecho. Si yo fuera a Padua, él pagaría su propio pasaje. No. No. Lo sentía. Estaba desesperado. Se lo diría cuando pudiera y entonces, sin duda, lo haría. Tomar un poco más de vino. Mil gracias, pero no. Otro cigarrillo. Veinte mil gracias. Así que nos fuimos.
Dice que Peter y Zildo se aman y se hacen de todo el uno al otro, pero a nadie más, aunque una vez él y Peter pasaron una noche de verano juntos en la laguna en la góndola del padre de P. P. también es muy solicitado por las mujeres, pero no puede escupir más de dos veces por noche. Mientras que Amadeo lo ha hecho ocho veces y jura que podría hacerlo doce con una clienta atractiva. ¡Comentad, por favor!
R.
7
11 de diciembre de 1909.
Estimado C.,
Cambié la orden fácilmente en una casa de cambio sin firmarla y recibí 6,25, es decir, 2 peniques y medio más que su valor nominal. Cómo sucedió esto, no lo sé; y no hace falta preguntar. Pero, ay, querida, querida, si supieras que cada préstamo de este tipo me hunde cada vez más y más en el fango; me alivia por el momento, pero es inútil para liberarme y ponerme de pie. Esto no es descortés. De verdad, te estoy muy agradecido por tus amables sentimientos. Eres la única persona en este mundo con la que puedo hablar abierta y amistosamente.

Imagina, entonces, cuánto valoro tu amistad y cuánto debo anhelarla y conservarla. Y, precisamente porque tengo el más ardiente deseo de conservar tu amistad, que me llega en un momento en que no tengo otro amigo , te imploro que leas y reflexiones lo que sigue con la mayor seriedad posible. Estoy seguro de que esta situación no puede continuar. ¿Por qué he tenido tantos amigos en el pasado y ahora los he perdido todos? La razón es simple. Se cansaron. Me apreciaban; se compadecieron de mi penuria; y me dieron pequeñas muestras de ayuda. Pero la amistad solo es posible entre iguales.
No debe haber dinero de por medio. Y, con el tiempo, tú también te cansarás, te aburrirás y te molestarás de los continuos gemidos que me veo obligado a emitir, pidiendo a gritos que una mano fuerte venga de una vez por todas a sacarme de este maldito atolladero y ponerme de pie. No sería gran cosa, ni difícil ni inseguro. Podría dar un primer adelanto por mi nuevo libro , listo para febrero, por doscientas libras esterlinas de entrada y dos libras semanales durante seis meses. Con eso, podría ponerme al instante en una buena posición, asegurar la administración de todas mis propiedades y seguir trabajando como un rayo en nuevos libros. ¡Por Dios, haz un esfuerzo entonces y contacta con algún empresario prometedor que lo haga por mí! Ese sería el acto de un verdadero amigo; y no sufrirías más y disfrutarías infinitamente más de nuestra amistad, que ha comenzado tan desfavorablemente. Digo desfavorable por esta razón: si fueras un hombre común, como C. o J., [25] al verme desventurado, miserable y pobre, habrías hecho lo mismo que ellos y habrías sido cortés y me habrías dicho buenos días. Eso habría sido natural. Pero, siendo uno entre diez mil, fuiste mucho más allá. La pobreza, la miseria y la desventura, que eran lo suficientemente desfavorables como para disuadirlos, no tuvieron ese efecto en ti. Pero lo tendrá, querida, lo tendrá, a menos que podamos cambiar mis circunstancias desfavorables pronto. Te cansarás. Y perderé la oportunidad de conservar otro amigo... Ahora sé que no eres el tipo de hombre que hace buenas obras por una recompensa. Así que estoy seguro de que no malinterpretarás lo que voy a decir a continuación. Dices que esperas con ansias el próximo otoño. También dijiste, en cuanto regresaste a Falmouth, que siempre parecías conseguir todas las cosas buenas que querías de un solo golpe al final de tus vacaciones, cuando no podías usarlas. Entonces, ¿ no sería más prudente organizarlas para tenerlas listas al principio de tus próximas vacaciones y evitar la molestia de tanta búsqueda infructuosa? Peter estará en los carabineros el próximo otoño, Zorzi (el griego) en Inglaterra, Amadeo, Zildo y Carlo son demasiado grandes. Pero si yo estuviera libre AHORA, por los medios descritos en la página anterior, tendría tu casa lista con sirvientes adecuados para el próximo otoño. Y más aún: si estuviera libre AHORA, no habría ninguna dificultad en administrar adecuadamente mi propiedad y obtener suficiente efectivo para pagar las 260 libras, y también para llevar a Peter y Carlo a cualquier lugar de Inglaterra que quisieras durante un mes cuando quisieras . Mira eso ahora. Piénsalo; y luego, atrévete.

Le he vuelto a escribir a Eduardo. Estoy convencido de que está muerto de miedo. Y, como dije, es extremadamente improbable que la dirección que le dio a Cockerton lo encuentre.
«Via 22 Marzo» significa simplemente «Calle Veintidós de Marzo». Y no da su número. Ahora bien, el número es lo más importante: pues en Venecia no se numeran las calles ni las parroquias, sino los distritos, que son seis. Es como numerar los distritos de Londres. Una dirección en Londres, por ejemplo, en algún lugar de Victoria Street Westminster, si se da al estilo veneciano sería «Victoria Street 5795 Westminster». Otra en Paddington sería «Praed Street 14523 Paddington». Y la dirección de Eduardo debería ser «Via 22 Marzo (digamos) 3615 San Moise Venecia». Es el número de la casa lo que falta; y solo Dios sabe cómo lo encontraré. Sin embargo, ya lo he intentado de nuevo con una postal. Y les informaré si ocurre algo.
Me alegra que te gusten mis descripciones. Dime, ¿de verdad te hacen ver, sentir y te dan placer? Me gustaría saberlo especialmente: escribir es mi oficio y siempre busco descubrir mis defectos y debilidades para mejorarlos.
Escribir es un trabajo mediocre, pero quiero que el mío sea lo más perfecto posible. Y solo es perfecto cuando logro emocionar al lector, sacándolo de sí mismo y de su mundo, adentrándolo en el mío y en las cosas que describo. Los críticos de prensa (que son de los más aburridos que se pueden encontrar) dicen que mi escritura es «extraordinariamente vívida». Pero eso no me basta. No me dice lo que quiero saber, es decir, si mi escritura hace que la imaginación de mis lectores vea, huela, oiga, saboree y sienta lo que describo. Me temo que el incidente de Amadeo fue un fracaso. Pero era absolutamente fuera de lo común, incluso allí: su charla rápida y acalorada, directa, me llegaba al oído como un torrente; su ansiedad febril por entregarse, cada átomo de sí mismo, por dentro y por fuera, completamente; su exposición fulgurante de su especialidad, desnudándose en un instante, lanzando hacia atrás su enorme, sonrosada y musculosa desnudez; el meneo, el estiramiento, el instante de rígida espera, la sonrisa seductora; y luego el rápido retroceso y el encubrimiento. Tiemblo al imaginar cómo sería en uso.
Su pasión ardiente era absolutamente asombrosa. Por lo que a mí respecta, estoy seguro de que un sábado a lunes en Padua sería simplemente un largo y violento combate de lucha libre desnuda y abrazos furiosos, tan fortalecedores y vigorizantes para mente y cuerpo que me dejarían listo para un mes. No soy, en absoluto, un ser débil; y aunque me cuesta mucho alcanzar el punto máximo, cuando estoy exaltado puedo comportarme de forma terrible sin cansarme. Y Amadeo está en su mejor momento. Conozco tan bien a ese tipo. Hace un año, ese día, cuando vino a tomar el tercer remo en mi pupparin , era un desgarbado y aburrido. Desde entonces, el trabajo de bailar arriba y abajo sobre tablones con pesados sacos lo ha llenado, lo ha vestido con las más hermosas almohadillas de carne muscular y dulce, ha hecho sudar su piel hasta convertirla en una finura y suavidad de satén rosado, ha hecho que sus ojos negros y sus fuertes dientes blancos y su boca como sangre brillen con salud y vigor, y ha encendido sus pasiones al calor de un horno siete veces calentado.Estará así hasta la primavera, digamos tres meses más. Entonces, una vaca enorme, gorda y lenta, se abrirá de par en par, se quedará quieta y lo dejará seco. Primero, se le irá la rica floración. Luego se pondrá duro y peludo.

Y, para julio, tendrá bigote, un pecho velludo para su actual pecho juvenil, cepillos en sus axilas lechosas, escobas en sus espléndidos muslos juveniles, y será el típico estibador que se encuentra a montones en los muelles. ¡Dios mío! ¡Y no poder devorar su belleza, que se ofrece tan libremente ahora! Así es él. ¿Sabes que estoy convencido de esto? Hay mucho material precioso que se desperdicia y se tira por completo. Los chicos a los que les gusta divertirse con personas de su mismo sexo son raros. ¿No deberían, por lo tanto, ser bienvenidos y educados con esmero cuando se encuentran? Y, ¿no es esto también un hecho? Dado un niño, un niño fuerte, sano y atractivo, que disfruta del amor de un hombre con todas sus alegrías, que arde por él, lo busca, se entrega con alegría a sus ardientes anhelos sin reservas, con total abandono, ofreciéndose como sacrificio voluntario o actuando a su vez con igual y codiciosa libertad, ¿no es cierto que conserva su frescura y vigor juvenil infinitamente más tiempo que el muchacho común que se aferra a una chica común desde la pubertad? ¿Y no es cierto también que el chico apasionado debe tener una vía de escape para su pasión; y, si él (prefiriendo al hombre) no puede por alguna razón tener lo que su naturaleza prefiere, ¿no se hunde casi automáticamente en los brazos de una mujer y se vuelve instantáneamente «como un hombre»? Fíjense en Fausto. Ese judío es un engendrador de descendencia. Ciertamente no es una fuente de placer, puro placer, para los de su clase. Es lo suficientemente joven todavía como para ser divertido, quizás durante diez minutos. Pero desafío a cualquiera a considerarlo como un bocado delicado para devorar, como un trozo de dulce carne joven para abrazar con brazos y muslos, como un cuerpo encantador jadeante de amor para ser abrazado al propio. Y así digo con respecto a todo el conjunto presente a menos que se usen y cultiven ahora , florecerán en Pascua, darán fruto en pleno verano y habrán caído en otoño. Por supuesto que hay otros. Pero ¿cómo encontrarlos listos cuando los necesite? — Ahora debo contarte sobre mi hijo tifoideo y su hermano. Creo que te mencioné al primero, Bettamio por su nombre. Solía ir a verlo todos los días cuando tuvo tifoidea (atrapada en Castelfranco [26] ) el pasado agosto. Recorrimos un largo camino en palabras en el camino del amor entonces. Era hermoso en la cama, lo que vi de él, que no fue mucho, porque su gente siempre estaba presente. Pero una vez nos besamos las manos.

Su padre es capitán de máquinas de la Marina. Vive con su madre (separada privadamente de su padre por diferencias de temperamento, pero no divorciada) y dos hermanos de 13 y 11 años (él tiene 16) de forma humilde pero respetable. Cuando mejoró, aceptó un puesto de auxiliar administrativo por 7 francos semanales; y yo solía acompañarlo a casa por las noches. Claro que nunca voy a casa de su madre. (Estuvo enfermo en casa de un tío). Un soltero no puede ir a casa de una mujer semidivorciada. Bueno: éramos muy amigos. Es moreno, alto, delgado, recto, de hablar muy dulce, con modales encantadores y una forma encantadora de acariciar los brazos. De hecho, justo habíamos llegado al punto en que le habría encantado que lo besara al despedirnos. Besarse se habría convertido en algo habitual. Y un chico así, aunque va de vez en cuando a un burdel, se habría alegrado mucho de aprender el camino más seguro y dulce. Pues bien, un día no acudió a una cita. Después, por diversas razones, no intenté verlo durante varios días. Primero, porque me ofendo con facilidad; luego, porque era desesperadamente pobre, miserable e incapaz de dar el siguiente paso, de hacer lo que quería, en resumen, ir con él a Burano una noche y un día, digamos de sábado a lunes, donde podríamos haber dormido juntos. Y durante varias semanas, hasta ayer, ni nos vimos ni tuvimos ninguna comunicación. No discutimos. Simplemente no hice ningún movimiento para evitarlo, ni para verlo porque no tenía forma de verlo desnudo. Y él no hizo ningún movimiento para verme, sin duda por timidez. Luego, ayer me llamó por teléfono, preguntándome si podía verme esa noche como siempre, con mucha timidez y vacilación. Le dije que le escribiría. Esta mañana a las 8 salía corriendo para oír misa (he estado en cama desde mi última visita [27] ) cuando me encontré de golpe con Bettamio. (Estuvo exquisito). Se quitó el sombrero, extendió la mano nerviosamente y empezó a explicar. Había olvidado la cita. «¿Por qué me has dejado solo?». Silencio. «No puedo esperar». Así que continué corriendo. Acabo de escribirle esto: «No entiendo por qué me has saludado en la calle esta mañana. O quieres tenerme como amigo, o no. Si, en verdad, quieres tenerme como amigo, ¿por qué me has abandonado todas estas semanas? La cita era para verte de uniforme (es voluntario). Estuve en el Puente de Santa Eufemia [28] de 6:30 a 8:30 y no viniste. Siguieron varias semanas de silencio. No me has buscado, ni en persona ni por carta, para que te explique o te excuse.

Y ahora, tras una larga negligencia, me tratas como si te hubiera ofendido. Me cansas. No te he ofendido; pero tú me ofendes a mí, a un amigo dispuesto a darte todo. Si algún problema o mala fortuna te lo impidió, ¿por qué se lo has ocultado a tu amigo? ¿Por qué ocultarle algo tuyo? ¿Por qué no me das la franqueza, la confianza y el cariño que yo te he dado, y que tú debes darme si quieres tenerme como amigo? He estado enfermo en cama y ni siquiera ahora puedo salir por la noche para hablar. Por lo tanto, escríbeme, si quieres, de corazón a corazón.
Creo que estarás de acuerdo en que esta es una declaración bastante sencilla que o acabará con él o lo traerá a mis brazos. Si es lo primero, no vale la pena preocuparse por él. Si es lo segundo, que el Cielo me envíe los medios para llevarlo de un salto . Esto será del sábado al lunes siguiente. Espero que salga bien; porque lo creo capaz de causar y disfrutar éxtasis de placer. Hay otra razón también por la que lo deseo fervientemente: tengo el ojo puesto en su hermano (Gallieno o algún nombre parecido) de 13 años. Cuando Bettamio estaba enfermo, este joven también debió pasar un día en cama en la misma habitación con un resfriado. Estaba completamente desnudo y demasiado activo para quedarse quieto, saltando y trepando por la habitación de vez en cuando de una manera fascinante, manifestando muslos finos y alegres y un pequeño músculo pectoral perfectamente encantador que se extendía hasta el hombro. Es una criatura vivaz con una piel radiante, ojos ardientes, cabellos castaños, una gran boca ardiente; Y probablemente para el próximo verano sea un trozo de carne virgen, rebosante y que valga la pena exprimir. Tengo la vista puesta en el futuro, ¿sabes?
[Luego Rolfe se quejó de haber tenido un resfriado y de sus dificultades para entrar en calor en invierno, lo que le impedía escribir mucho.]
R.
NB: No me hables de Nicholson. Quemó mis papeles por pura cobardía y despecho. ¿Qué hay de esa foto de dos personas entrelazadas? Consígueme la confesión, pero primero descríbeme al confesor: edad, apariencia, condición, carácter, historial.
8
28 de diciembre de 1909.
Estimado F.,
Mil gracias por tu carta y las cartas de agradecimiento. Estas últimas han sido una verdadera alegría, pues me han permitido alimentar el Alfabeto [29] y mantenerlos de buen humor. Estos venecianos valoran tanto la Navidad y el Año Nuevo que dejar pasar estas festividades sin los agradecimientos habituales habría perjudicado gravemente sus perspectivas de futuro. Les dije que las pistas venían de ti; y te habrías reído al escuchar sus comentarios.

Piero fue particularmente conmovedor. 'Señor, ¿es del señor de los bigotes o del [borrado]?' Dije que era del señor de los bigotes. 'Ah', dice P., 'va bien. Ese señor tiene un corazón como sus bigotes, de oro puro. ¡Que su alma se siente en el regazo de María Virgen!' Ninguno de ellos [borrado]. Ellos [borrado]. No puedo sacarles nada más que eso: excepto que Carlo explica detalladamente que G. lo echó sin previo aviso. Piero y Zildo al instante me pidieron el favor de ir a un cinematógrafo. Así que fuimos. Fue un espectáculo bestial: pero el paso iba en la dirección correcta. Simplemente no tienes idea de las magníficas criaturas que son, ambos enormes, creciendo cada día, Piero largo y fibroso, Zildo largo y musculoso, finas figuras erguidas, ambos lo suficientemente regordetas como para condenar a un santo, y tan ardientes como el fuego. Y la lenta, dulce y espléndida sonrisa de Zildo. ¡Señor!
Mi segunda postal a Eduardo es bastante infructuosa. No tengo ni la más remota idea de cómo encontrarlo. Me imagino que me lo encontré en este Campo [30] una tarde al anochecer, pero no estoy seguro. Si estuviera bien vestido y tuviera un lugar donde invitarlo, pasearía todas las noches por la Plaza de San Marcos. Si está en algún lugar, seguro que está allí. Pero estoy convencido de que está asustado, y me costará encontrarlo y manejarlo cuando lo encuentre.
Y mi postal a Bettamio también fue un completo fracaso. No ha dicho ni una sola palabra. Pero conocí a su hermano menor; Saverio se llama en San Trovaso. Se quitó la gorra con mucha educación y habría hablado, pero yo solo asentí y seguí adelante. La estrategia en ese sector es mantenerlos a distancia por ahora. Más adelante, cuando uno sea capaz de hacer cualquier cosa, no sería mala idea cultivar a Saverio a expensas de su hermano. No hay nada malo en esto último, estoy seguro; solo es muy joven, tímido y orgulloso, y se le podría domar fácilmente, si uno no fuera tan indefenso.
En cuanto a mí, las cosas han ido de mal en peor. Nunca había tenido una Navidad tan poco cristiana en mi vida. ¡Jamás! Ni carne de res, ni pavo, ni pudín de ciruelas, ni pastel de carne picada han salido de mis labios, y los adoro a todos. Nadie me dijo ni me envió una sola palabra navideña, excepto los sirvientes y los chicos. No, ni uno solo. Ese abominable Nicholson me envió una foto de una góndola (carbón para Newcastle) y un versículo de Isaías sobre que la aflicción es para bien. Tiene un talento para lo inoportuno que lo convierte en un genio.
[Rolfe describe cómo ahora tiene que realizar las tareas domésticas de tres sirvientes a quienes su anfitrión ha despedido y sus preocupaciones sobre lo que le sucederá cuando su anfitrión se mude de casa.]
¿Has olvidado la foto de dos personas entrelazadas que dijiste que me enviarías? Me imagino que llevar algunas cosas así en el bolsillo sería una excelente manera de educar a algunos de los presentes, especialmente a los inexpertos que tengo en mente, quienes, naturalmente, serían los más satisfactorios.
Espero que hayas disfrutado de Clifton. ¿Qué haces allí? Si supiera más sobre ti, sin duda podría escribir más de tu agrado, y si hubiera sabido que ibas a Clifton, podría haber mencionado dos en Bristol que valen la pena. [31]
[Rolfe se queja de la exigencia de su anfitrión de que corte mucha más leña, y de su manera piadosa de pedirlo.]
1910
9
[TARJETA POSTAL]
6 de enero de 1910.
Necesidad inmediata. ¡Alambre!
10

Misma dirección.
Jueves [? 13 de enero de 1910].
Rolfe dice que ha perdido un mes cortando leña en lugar de terminar su libro. No pretendía decir "Envíale dinero" en su postal, sino instarlo a perseverar en sus esfuerzos en Inglaterra para que sus finanzas quedaran bien. Fox le recuerda a una chica descrita en una novela, decidida a seguir sus caprichos sin vacilar.
Lo que propongo hacer con el cable 50 [32] es tenerlo a mano y gastar un poco de vez en cuando en mantener a las criaturas de buen humor con una propina o un cinematógrafo de vez en cuando... No puedo gastar tu dinero en mí. Quedaría mal. No se puede aceptar limosna de un hombre con quien se tiene una relación amistosa o con quien se van a hacer negocios. ¿Lo ves? Así que, por favor, si me quieres, adelante, quítale este maldito freno a la rueda. Entonces me verás tararear...
Encontré estas fotos de Carlo y Zildo. Quizás quieras regalarle a Tuke las que aparecen vestidas. Me parecen muy bonitas las de Carlo remando. Lástima que solo tenga un testículo. Si te gustan, creo que puedo encontrar algunas más. ¡Oh, Dios mío! Envíame todas las fotos que puedas, sobre todo de parejas entrelazadas. Serán muy instructivas. Y no te preocupes por las Confesiones, que son malas. Claro que serán malas, porque no las escribió un escritor con experiencia. Pero déjame verlas de todas formas.
Son los HECHOS lo que necesito. Dame los hechos, y tus emociones, sentimientos y experiencias personales, y te garantizo que los pondré en un formato legible. Así que déjame ver el material de todas formas. Luego, si lo deseas, permíteme comunicarme con la persona a través de ti. Cuando tenga una idea de cómo es, cuáles son sus gustos y también sus capacidades, podría hacerle un examen que, supongo, arrojaría información muy explícita e inusual. La cuestión, por supuesto, sería que él y yo somos y debemos seguir siendo perfectos desconocidos el uno para el otro, y solo tú estarías en el medio. De esta manera, la investigación y la revelación de asuntos muy secretos estarían aseguradas. Sin embargo, deberías mostrarme una fotografía de la persona para facilitar mi diagnóstico.
Ahora prueba esto. Dime, ¿quieres una Jess guapa, de 16 años? Si es así, te enviaré una dirección en Bristol...

Al no poder ir a Florencia ni disfrutar de ninguna de mis numerosas oportunidades aquí, he estado pensando mucho en algo que dijo Cocker cuando los vi. Ambos preferían el pequeño, el 14, mientras que yo prefería el 16, el 17, el 18 y el grande. He estado intentando comprender su preferencia, encontrarle una razón, y he fracasado estrepitosamente.
Por eso. No me alcanza la personita para disfrutarla entera . Yace desnudo boca arriba. Me estiro sobre su vientre, mi patio en la suavidad de sus muslos. La abrazo con mis piernas y brazos: se abraza a mi cuerpo: y empezamos a forcejear. Pero, ¿dónde está su cara?
¿Dónde están los ojos brillantes, en cuyas profundidades puedo ver la onda del placer? ¿Dónde están los labios dulces y calientes que puedo devorar con los míos? Enterrados bajo mi pecho y medio sofocados. Y así no puedo disfrutar de las largas y largas alegrías del contacto, de los deliciosos descansos en la lucha, de los besos y las vigorosas renovaciones. Pero un cuerpo joven, grande y vigoroso, como el de Gildo, Amadeo o Piero, me da todo lo que quiero. Las piernas largas y musculosas estiran mis muslos ampliamente para agarrarlas. Mi verga se abre paso a través de la hendidura de sus grandes muslos, mi vientre siente el calor y el latido de su verga furiosa; Y mi cuerpo se estira al máximo, aferrándome a sus cuerpos retorcidos, grandes, suaves y repletos de hermosos músculos, para alcanzar sus bocas rosadas, para respirar su ardiente aliento suave y dulce, para besar salvajemente en la lucha, para reír y besar sus brillantes ojos centelleantes y cada centímetro de ellos a mi alcance, y para hundirme jadeando en sus grandes hombros blancos o para morder sus hermosas gargantas, pecho contra pecho y corazón contra corazón. ¿Lo ves? Un cuerpo suave y pequeño está muy bien para yacer en tus brazos toda la noche: pero no puede darme alegrías furiosas. Quiero uno lo suficientemente largo como para estar cara a cara conmigo mientras empujo a través de sus muslos, y lo suficientemente fuerte como para luchar y dar tanto placer como recibo. (¿Oh, cuándo? ¿Oh, cuándo?) Habla de este tema en tu próxima. Respecto a Cocker [borrado ]...
Nota: No fui yo quien dijo que era [ borrado ]. Fueron Piero y Carlo. Me cayó muy bien. Pídele a alguien que me escriba sin restricciones y le responderé como solo yo puedo.
Tuyo, R.
PD: Ahora vuelvo a cortar, muy contento de saber que siempre haces lo mejor que puedes por mí en Inglaterra. No puedes hacer más que eso, y no puedes fracasar. Lo haré de otra manera.
11

[Iniciado] el 20 de enero de 1910
[y finalizado el 27 de enero]
Esta carta la haremos en pedazos .
Lo que me sorprende es que, aunque me conoces tan poco, sí crees lo que digo, en lugar de descartarlo o fingir que haces concesiones como todo el mundo. Claro que esto me permite, e incluso me encanta, tratarte con total confianza y serte absolutamente preciso; mientras que a todos los demás, naturalmente, les respondo a los necios según su necedad, y omito echarles perlas a los animales que prefieren las bellotas.
He aquí un resumen de las noticias: (1) sobre Zorzi y Fausto: (2) sobre una pelea entre Piero y Zildo: (3) sobre una liga contra Piero por parte de Carlo y Zildo: (4) y cómo los dos últimos fueron a la obra a tus expensas y desean agradecerte por ello.
(1) Ayer recibí la visita sorpresa de Zorzi y Fausto. Zorzi es «Giorgio» el Griego. Vinieron a presentarme sus respetos a principios de año (bastante tarde) y a preguntarme si podía hacer algo por el pobre Fausto. Lo han despedido del Bucintoro (donde no me atrevo a ir hasta que pague mis atrasos) durante el invierno y necesita trabajo. Estos venecianos son unos demonios despidiendo a sus sirvientes cuando no los necesitan. En consecuencia, durante el invierno hay montones de chicos que simplemente se mueren de hambre por cualquier tipo de trabajo . Podría contar once en este momento, encantado de hacer cualquier cosa. Fausto se veía muy demacrado y abatido. Su rostro es horrible, aunque su figura es admirable. No le tengo ninguna simpatía, aunque no puedo evitar sentirme terriblemente miserable por no poder ayudarlo.
Gracias a ti, le di una propina y un cigarrillo, y le dije que me acordaría de él si supiera de algún trabajo. ¡Ay, por un pequeño lugar, solo un pequeño lugar, para mí ! Siempre se puede hacer un hueco extra, como este, de vez en cuando, en un apuro. La impotencia para ayudar a los demás, pobres diablos, es condenable. Pero Zorzi... Zorzi, mi chico es simplemente espléndido. Se hace mayor. No lo he visto en un mes o más; y ayer me golpeó directo al corazón con un grito fuerte. ¡Qué carne tan suave y tersa! Qué cuerpo tan delicado y redondeado, fuerte y sutil.

Es un muchacho menudo de 17 años, que condujo al Bucintoro ocho a la victoria en los Juegos Olímpicos de Atenas hace dos años , y habla inglés con la más deliciosa vacilación.
Tiene modales exquisitos, estudia inglés en la escuela y viene a una tienda de antigüedades en Inglaterra el próximo septiembre. Vino ayer para asegurarme su deseo de servirme «en cualquier forma, señor, en cualquier forma». Me muero de ganas de darle un trabajo, después de su horario escolar y (si es posible) de sábado a lunes. ¡Ah, si tuviera un lugar propio, etc. !
(2) Piero y Zildo se han peleado y separado. Llevan más de un año siendo amantes, trabajando todo el día en el negocio de leña del padre de Zildo. ¡Ahora Piero no para de contar historias sobre la infidelidad de Zildo! Me inclino a pensar que Zildo se ha enterado de los ocasionales deslices de Piero con la Fondamenta Osmarin, y ha tenido la única experiencia de ir allí también, a escondidas.
Zildo es tan serio, tan dulcemente modesto, que seguramente haría su primer experimento solo e intentaría mantenerlo en secreto. Pero es tan imponente, tan joven y vigoroso, que supongo que simplemente tenía que irrumpir en un nuevo lugar. Él mismo no admite nada; aunque sigue hablando con mucho cariño de Piero, diciendo únicamente que este, de repente y con cierta irracionalidad, se volvió « quisquilloso » ( el ga presso una faslidia ) y se marchó furioso . Piero está casi incoherente por la furia.
Zildo, según él, es un traidor y un infiel, negro y, en realidad, ¡casi turco!
Aparte de eso, no me dio ningún detalle. Y solo me queda el hecho de que él, Peter, está sin trabajo, agobiado y pálido por la falta de comida, hecho un ovillo y tiritando de frío, vagando miserablemente por el Zattere sin trabajo. Ay, Dios mío, si tan solo tuviera un pequeño espacio para mí ; lo que es suficiente para uno es suficiente para dos. Si lo tuviera, y a Piero, le sacaría ideas y escribiría un libro como nunca se ha vendido en París a 25 francos el ejemplar, ilustrado, sí, ilustrado.

Lo que no me acaba de gustar es que el padre de Zildo le haya dado el sustento de Piero a Carlo, y que Carlo y Zildo sean lo que Zildo y Piero eran hasta hace dos semanas. Además, sin duda Carlo se alegra bastante de suplantar a Piero. No lo apruebo del todo. C. siempre tuvo un sustento, uno precario, es cierto, en el traghetto de su padre. Su padre y sus tres hermanos tenían góndolas, y él es el menor. Pero el desafortunado Piero es el mayor de una docena de hermanos y su padre no puede ayudarlo. De hecho, su padre tiene doce hijos y tres hijas, todos vivos. He visto a Carlo y Zildo recorriendo la ciudad con una barca llena de leña muchas veces. ¡E imaginen la decepción de Piero, hambriento, que, por supuesto, los ve más que yo, viviendo como vive en el mismo canal de donde parten y al que regresan cada día!
También creo que Zildo ha tomado a Carlo como concubino. Nada más explica el horror y la conmoción de Piero. Mi consuelo es que no puedo creer que la conexión dure mucho. Carlo es un perrito encantador; pero es incorregiblemente propenso a la negligencia (lo que le costaría el trabajo) y tiene gustos lujosos (así que las llagas y los sabañones rotos que veo en sus manos y muñecas serán más de lo que podrá soportar por mucho tiempo), y además sé que lleva dentro la semilla de un traidor nato, incapaz de ser fiel a nadie por mucho tiempo.
(Aquí voy de nuevo – 25 de enero de Gennaio)
Hablé con Carlo ese día 20 de enero cuando los encontré en la Fondamenta. Zildo nos dejó solos mientras llevaba un cargamento de troncos a una casa en un callejón, dejando a Carlo a cargo del barco. "¿Qué te parece dormir con Zildo?", pregunté bruscamente. " Señor , es muy pesado y me destroza en su placer durante una hora, asfixiándome". "¿Y tú?". "Veinte, treinta, cuarenta embestidas en sus dulces montañas, y luego buenas noches en sus brazos". Zildo regresó y sus ojos brillaron como llamas. ¡Qué simples diablillos!
Y ahora tengo buenas noticias para ti. Ayer por la mañana tuve al pobre Piero solo para mí en la Fondamenta Nuove. Estaba dando un paseo y me lo encontré en su desesperanzado viaje diario al trabajo. (¡Dios mío, cuánto me duele!). Le di cinco francos de tu parte , lo llevé a una trattoria y lo llené de polenta y vino. Luego le sondeé el cerebro durante una buena hora y lo averigüé todo. Es divertidísimo, incluso delicioso. Su palabra para Zildo, su conducta, modales, pensamientos, palabras y obras, es «brutto»: feo . Nada peor que eso. ¡Pero feo! Y los hechos son estos.
Esos dos se amaban y también al Parón (el último era yo). Y acordaron no amarse a nadie más que el uno al otro, y que el Parón, por supuesto, haría con ellos lo que quisiera, a su antojo . Este acuerdo se hizo el verano pasado. Piero, en consecuencia, dejó de ir al Osmarin y se dedicó por completo a Zildo hasta que yo estuviera listo para ellos. Y, el día de Año Nuevo, Zildo se escabulló a escondidas al Osmarin con Carlo (¡qué insulto para Piero, siendo Carlo un forastero!) y se acostó con cinco chicas, una tras otra, completamente desnudos y a plena luz del día, de 2 a 4 de la tarde. Y Carlo siguió. «¡Ay, qué criaturas tan feas hay en este mundo!», comentó el pobre Piero. (¡Pero imagínense la alegría de esas chicas por esos dos rufianes lujuriosos y hasta entonces virginales!)

Piero lo descubrió de noche, cuando Zildo no tenía nada que darle. Dice que no pudo dormir, tomó su ropa y se fue a casa.
Ante lo cual Zildo ocupa el lugar de Carlo; y ambos han decidido no arriesgarse a la enfermedad, sino estar contentos el uno con el otro. «Así que, señor, ya me ve sin amigos», concluyó el lastimero Peter. «No, no», me apresuré a decir, «¡Soy su amigo para siempre!». Ante lo cual rompió a llorar y empezó a besarme la mano. ¡Dios mío, qué mal momento tuve para calmarlo! Estaba desesperada. Finalmente, para ganar tiempo, le dije que nos viéramos mañana en el mismo lugar y que mientras tanto intentaría pensar en algo. Pero no sé qué hacer. Si tan solo recibiera otra carta suya, todo iría bien. Al menos podría darle un día de diversión.
27 de enero.
Ahora te voy a hacer sentar. Antes que nada, veo que tengo esta carta bastante confusa, así que la terminaré como la empecé, con el número 4. Te dije que les había dado una propina a Zildo y Carlo en tu nombre. Dos días después, escribieron horribles postales diciendo que habían ido a ver Cavalleria y Pagliacci en el Teatro Rossini y te agradecieron el placer de tu gentileza. Muy bien. Con esto terminamos.
Ahora, sobre ayer. Me pareció que había llegado el momento de romper con toda precaución y prudencia. Así lo hice, tan minuciosamente como me placía . Peter se reunió conmigo, como acordamos, en Fondamenta Nuove. Le expliqué exactamente mi situación financiera y le ofrecí darle todo lo que me quedaba de usted para sus necesidades, o bien llevarlo a pasear un día.
¡Si hubieras visto cómo me sonreía! Al instante eligió lo último. «Es un placer estar con mi Parón», dijo. ¡Imagínate a un chaval de diecisiete años tan dulce! Y tomó mi maleta —llevé una cartera llena de papeles para parecer serio— y se puso a mi disposición. Así que tomamos el vapor a Burano, donde almorzamos filetes de ternera, queso y vino, no en la posada a la que ibas, sino en otra calle arriba. ¡Dios mío, cómo devoró! Era un día terrible: nevó toda la noche y en Burano la nieve tenía un metro de espesor y seguía nevando.

Mientras se preparaba el almuerzo, me sumergí en mis papeles, haciendo preguntas al propietario sobre la población, la profundidad del agua en los canales, etc., y tomando notas para mi libro.
Mientras almorzábamos hice colocar un escaldino de carbón en un dormitorio para hacer cómoda mi siesta.
Entonces Piero y yo subimos. Nunca vi a nadie quitarse la ropa como él, como un rayo blanco; debió de desabrocharse las botas y desabrocharse todo el trasero al subir. Entonces se giró hacia mí. Estaba rojo de escarlata, ruborizado de placer, sus ojos brillaban y sus dedos se retorcían sobre mi ropa con avidez. En cuanto a su vara, ¡puaj! Cuando me quité el jerséis, se dejó caer de nuevo en la cama, atravesándola como sabe que me gusta, con la garganta hacia arriba, los tobillos cruzados, los muslos juntos y el cuerpo expectante.
El abrazo que nos unía era increíble. Nunca supe que amaba y era amada tan apasionadamente, con tanto de mí por tanto de otro. Simplemente nos desbocábamos juntos. Ni una pizca de nosotros dejó de cumplir su parte. Y el final llegó simultáneamente. La larga abstinencia nos había hecho perder el control. Él no podía, simplemente no podía esperar su turno, y nos abrazamos jadeando y derramando torrentes, torrentes. Luego reímos y nos besamos, nos dimos la vuelta, nos limpiamos y nos metimos en la cama a dormir, abrazados. Su aliento era delicioso. Apretó su hermoso pecho y vientre contra los míos, y nuestros brazos y piernas se entrelazaron. Así que echamos una siesta.
Me despertó una voz suave: «¡Señor, señor, señor, con permiso!». Su vara estaba rígida y lista. Lo embestí. «Despacio y tan fuerte como quieras», dije. ¡Qué bien lo pasamos! Me creyó espléndidamente y se esforzó con el suntuoso abandono de un verdadero artista, forzando su joven cuerpo al máximo, pero conteniéndose, prolongando el placer por puro placer. Mientras se retorcía, yo también me excité y lo giré para hacerlo; y forcejeamos, abrazados, no recuerdo cuánto tiempo, pero sé que en ese momento ambos estábamos jadeando y tan rígidos como siempre.

Durante unos minutos nos quedamos acostados uno junto al otro, abrazados, riéndonos, devorándonos los labios y cada uno intentando rozar los muslos del otro con los suyos. Luego volvimos a empezar, con más fiereza que nunca, y terminamos el asunto. « ¡Oh, qué hermosa diversión !», dice Peter, apretándome mientras soltábamos: «¡Oh, qué hermosa diversión!».
Tomamos el vapor de las 5:30 para regresar a Venecia. En el camino estuvo de lo más conmovedor. ¡Qué enamorado es ese chico! Dijo que Zildo no era nada comparado conmigo, que de todos los placeres que había disfrutado, nada había igualado esta tarde. En cuanto a las chicas, que Zildo y Carlo se llevaran los males de ellas. Eran «feas», y nunca creyó que pudieran ser tan buenas como eran. ¿Le ordenaría que viniera a mi palacio a servirme? No, eso era imposible; cuando pudiera alquilar un pequeño apartamento para mí, él vendría a vivir conmigo. ¿Cuándo? No lo sabía. Por favor, señora, que sea pronto. Le pregunté si estaría dispuesto a servirle si usted venía. Se sonrojó: «Soy el sirviente del Parón y siempre seré obediente; pero señora, le ruego que pueda dormir a veces en sus brazos». Su palabra para la acción es «abrir». Dijo que mi llave lo abría con suma facilidad; si quería que probara la suya, haría todo lo posible con mucho gusto. Pero ¿le enseñaría a hablar inglés para que pudiera superar a ese feo Carlo?
Saqué mis papeles e hice un librito donde escribí algunas palabras italianas con sus equivalentes en inglés, como esta: Stupido sciocce —siliful (es decir, tonto)—, números hasta veinte y algunas palabras más. Se sentó y se las aprendió de memoria, con un esfuerzo inmenso. No te puedes imaginar la belleza que tiene, joven, fuerte como un caballo, delgado, ágil y flexible como una serpiente, magníficamente viril, con piel suave y aterciopelada y carne firme y caliente, dulce como la de un bebé.
Le pregunté sobre la succión. No, nunca la había hecho ni la había tenido; pero con gusto la recibiría de mí. ¿Se bebió? Sí. ¡Ah, qué hermosa diversión! Así que ya ves las alegrías que nos esperan. Y en cuanto al tratamiento posterior, lo calificó de «feo». Zildo lo había hecho una noche y Peter lo había golpeado por ser tan «feo», es decir, brutto. ¿Cómo, preguntó, era posible que los besos en los labios se dieran así, siendo el beso parte de la diversión del «desbloqueo»? ¡Caramba!
Al despedirnos, le di los dos últimos francos que me quedaban y le prometí escribirte enseguida. Es la primera oportunidad que he tenido. Y mientras escribía, llegó lo que me faltaba.
Pensé que te gustaría verlo, así que lo traduje literalmente. ¿No es delicioso?
[Rolfe se queja aún más de la incertidumbre que le genera la mudanza de su anfitrión y su incapacidad para escribir en sus circunstancias actuales.]
R.
Te envío dos fotos de Piero tomadas el año pasado en los pozos del Museo Cívico. Llevaba ese uniforme cuando estaba a mi servicio. Envíame todas las fotos que puedas.
12

10 de febrero de 1910.
Rolfe describe el Carnaval que se acaba de celebrar en Venecia. Sugiere posibles soluciones a las dificultades empresariales de Fox, incluyendo la posibilidad de asociarse.
Mientras tanto, como digo, estoy parado y el engranaje se está oxidando, así que cualquier ayuda que puedan dar para engrasar las ruedas será bien recibida hasta que podamos poner las cosas en marcha.
Muchas gracias por la foto. No es la que esperaba. Hablaste de una foto de dos sabuesos peleando, y esa es la que quiero ver. Esta no está mal, pero parece un perro perezoso, y ya sabes que colecciono perros en acción. ¿Cuál es su edad, pedigrí y estado?
En cuanto al candidato al examen, ¿a quién debo enviar los trabajos? Supongo que ofrece experimentos prácticos además de teoría. Sería útil saber dónde ha estudiado y durante cuánto tiempo, si eligió la materia por decisión propia y si realmente tiene intención de dedicarse a ella. Con esta información, sabré qué calidad de trabajos serán adecuados, y mientras tanto, cualquier información que pueda proporcionar está a su disposición si me escribe directamente con precisión.
Por cierto, debo añadir esto: Doy por sentado que el candidato es muy serio y comprometido con su trabajo. Estoy dispuesto a brindarle toda la ayuda posible, pero debe entender claramente que estoy demasiado ocupado como para perder el tiempo con alguien que no tenga un interés intenso y desee superarse.
Considero que el candidato no se presentaría al examen si las circunstancias fueran diferentes; y sus respuestas permitirán ver cuál es su nivel actual de conocimientos y en qué dirección podrían encaminarse mejor sus estudios futuros. En cualquier caso, primero que me escriba con bastante detalle, y sin demora. Por favor, cite mis palabras.
Ha habido una pelea con Zorzi, quien está furioso porque no le presté mi bata roja para disfrazarse en el carnaval. El pobre Piero sigue sin trabajo y está terriblemente demacrado. Ayer vino ruborizado a pedirme prestados 8 francos por un par de botas, siendo las suyas una mera burla, desgastadas y reventadas. Me duele profundamente solo poder darle otro par mío, que no le durará ni una semana más. No he visto a los demás desde mi última carta.
[Rolfe termina describiendo un bonito apartamento con espléndidas vistas que Fox podría considerar alquilar con él antes de que se lo arrebaten.]

13
[Sin lugar ni fecha]
[Rolfe dice que cuando Fox tiene problemas, es justo el momento de escribirle para contárselos. Si se cansa de la situación allí, puede reunirse con él en Venecia. Se compadece de la enfermedad de Fox y describe su propia situación en Venecia sin barco.]
Aún no he recibido ninguna comunicación del candidato al examen. Por favor, envíenle mi nombre y dirección y díganle que escriba con libertad, incluyendo la información solicitada en mi última carta. Tengo muchas ganas de trabajar con él de inmediato y de tratar su tema a fondo. Por eso digo que, como paso previo, es esencial una comunicación totalmente abierta entre nosotros. ¿Habla en serio? (Eso es fundamental; porque no sirve de nada complicarse con los exámenes a menos que realmente quiera aprobarlos y sacarle provecho). Así que empecemos, de inmediato. Mientras tanto, envíenme lo que les escribió .

[Luego Rolfe describe la irresponsabilidad financiera de su anfitrión, van Someren.]
Las cartas venecianas restantes, 14-25, no tratan de ningún interés amoroso griego. Piero (o «Peter») Venerando, el joven de 17 años anteriormente descrito como amante de Rolfe, es mencionado brevemente en las cartas 17 y 22-24, pero solo como si bebiera vino con él, luego enfermara gravemente de sífilis y finalmente desapareciera.
[1] Fox era un hombre tranquilo y retraído. De complexión y estatura promedio, tenía rostro redondo, ojos grandes bajo cejas pobladas y un bigote prominente. En política, era liberal y participaba activamente en los asuntos de su ciudad natal. Su principal pasatiempo era el ajedrez, en el que se distinguió como aficionado. Poco después de su correspondencia con Rolfe, en 1913, denunció a la policía el intento de chantaje de una mujer por la supuesta seducción de su hijo de 16 años. La acusación tuvo éxito, pero la publicidad dañó su negocio y arruinó su reputación. [Cecil Woolf en la introducción de la edición de 1974]
[2] En la revista Arte y Literatura .
[3] Esta es la carta más antigua que se conserva de la correspondencia. Una postal, que parece haberla precedido, aparentemente se ha perdido. [Nota 1 del editor de 1974]
[4] Esto puede referirse a Eduardo Bolck, cuyo nombre aparece recurrentemente en cartas posteriores, especialmente en la n.° 5. [Nota 2 del editor de 1974]
[5] La identidad de Cockerton, posteriormente conocido como Cock y Cocker, eludió al editor de The Venice Letters , pero finalmente fue investigada y revelada por Robert Scoble en el capítulo «La búsqueda de Cockerton» de su biografía de Rolfe, Raven: The Turbulent World of Baron Corvo (Londres, 2013): James Stewart Cockerton (1862-1919) era un acaudalado propietario de un yate residente en Dorset, que acompañó a Fox en sus vacaciones en Venecia en septiembre de 1909, cuando Rolfe los conoció y los hospedó. Unos años más tarde, tuvo problemas económicos y emigró a Nueva Zelanda. En la Carta 10 se revela que, al igual que Fox, prefería a los chicos de 14 años.
[6] Gracias a los detalles que Rolfe proporciona sobre él en la Carta 11, este niño, a quien Rolfe posteriormente llama Georgio o Zorzi (el diminutivo veneciano de Georgio), puede ser identificado como Giorgio Cesana, quien nació en Venecia el 14 de abril de 1892 y, por lo tanto, tenía 17 años en ese momento. Era judío, descendiente de inmigrantes de Corfú, y había ganado una medalla de oro olímpica a la edad de 14 años y 10 días, timonel de un bote de remos veneciano en los Juegos Olímpicos de Atenas de 1906, siendo (en 2019) el medallista de oro olímpico italiano más joven de la historia. Véase el último capítulo, «El espléndido olímpico», de Raven: The Turbulent World of Baron Corvo , de Robert Scoble (Londres, 2013), para más detalles biográficos.
[7] Rolfe era miembro del Real Club de Remo Bucintoro de Venecia y utilizaba sus instalaciones con frecuencia. Durante sus periodos sin hogar, dio la dirección del club como suya, y gran parte de su obra literaria posterior transcurrió allí. Hay frecuentes referencias al Bucintoro en su novela El deseo y la búsqueda del todo . [Nota 4 del editor, 1974]
[8] Se trata de Bettamio, a quien se hace referencia nuevamente en la carta n.º 7. [Nota 5 del editor de 1974]
[9] P. es Pietro Venerando, G. es Ermenegildo Vianello, C. es Carlo Caenazzo y la pequeña G. es Giuseppe. En El deseo y la búsqueda del todo, Rolfe conmemoraría a Gildo como Zildo, quien más tarde se revela como Zilda. [Nota 6 del editor de 1974]
[10] De la carta de Rolfe del 20 de enero de 1910 se desprende claramente que en esta referencia aparentemente inocente hay más de lo que parece a simple vista. [Nota 7 del editor de 1974]
[11] En 1909 había 25 liras por libra esterlina.
[12] Rolfe estaba trabajando en su «romance de la Venecia moderna», El deseo y la búsqueda del todo. [Nota 9 del editor de 1974]
[13] Charles Kains Jackson fue abogado y periodista de la ciudad. Editó The Artist y fue el impulsor de The Chameleon , obra que tuvo un papel destacado en los juicios de Oscar Wilde. En The Quest for Corvo, Symons describe el primer encuentro de Jackson (y su posterior amistad) con Rolfe, ocurrido en casa de Gleeson White en Christchurch a principios de los años noventa. La carta citada por Symons ( op. cit ., págs. 26-27), en la que Rolfe se refiere a Jackson, estaba dirigida a su amigo común J. G. F. Nicholson (véase la nota 23, infra). [Nota 10 del editor, 1974]
[14] Henry Scott Tuke, RA, RWS, artista inglés que gozó de gran popularidad durante la década de los noventa y principios de este siglo. Al igual que Fox, era cuáquero y residía en Falmouth. Su obra no destacaba por la originalidad de su diseño ni por la fuerza de su construcción. Se centró en el problema artístico particular del tratamiento de la piel desnuda bajo la luz del sol, siendo sus modelos casi siempre niños, aunque ocasionalmente pintó una figura femenina. Está representado en la Tate Gallery por dos de sus cuadros más importantes: «Azul de agosto», que representa a cuatro niños bañándose desde un bote, y «A trabajar en las bombas», uno de sus pocos temas grises. En la biografía del pintor escrita por su hermana, Maria Tuke Sainsbury, se registra que alrededor de 1890 Tuke envió algunos dibujos a Rolfe, «quizás para ayudarle en» los murales que estaba realizando entonces. «Rolfe era un hombre demasiado fantástico como para atraer mucho a [Tuke]», según la Sra. Sainsbury. [Nota al pie 13 del editor de 1974]
[15] Rolfe fue un artista de cierta versatilidad. Tras su rechazo al sacerdocio y antes de dedicarse a la literatura, trabajó intermitentemente como pintor. Se conservan pocos de sus cuadros, pero los estandartes procesionales que pintó para la iglesia de Santa Winefride, Holywell, aún se conservan. [Nota 13 del editor, 1974]
[16] (Sir) Frank Brangwyn, RA, pintor decorativo inglés, practicó casi todas las artes visuales y artesanales, desde la arquitectura hasta la ilustración de libros. Un ejemplo de su obra arquitectónica es el Pabellón Británico para la Exposición Bienal en los Jardines Públicos de Venecia. En la época en que Rolfe escribía, Brangwyn era el único artista inglés vivo del que cualquier extranjero había oído hablar, y su prestigio en este país era, en consecuencia, grande. Realizó encargos de todo el mundo. Durante sus últimos años vivió en Ditchling, en un asentamiento de artistas y artesanos católicos. [Nota 15 del editor, 1974]
[17] Augustus Montalba y sus cuatro hermanas solteronas eran ingleses de nacimiento y se habían establecido muchos años antes en Venecia. Cada una de las hermanas Montalba era, a su manera, una artista talentosa; la más exitosa fue Clara. Exponía con frecuencia en la Real Academia y su obra era ampliamente conocida en el continente. [Nota 16 del editor, 1974]
[18] Giuseppe Miti Zanetti, pintor, grabador y litógrafo italiano de gran prestigio en su época. Nacido en Módena, Miti Zanetti se estableció en Venecia de joven, lo que dio como resultado una sucesión de paisajes terrestres y marinos que representan esta ciudad, muchos de los cuales poseen una notable calidad lírica. [Nota 17 del editor, 1974]
[19] El relato de Rolfe del incidente que sigue se repite en el capítulo veintiséis de El deseo y la búsqueda del todo , en el que estaba ocupado entonces. [Nota 21 del editor de 1974]
[20] John Gambril Nicholson era un maestro de escuela que, al parecer, conoció a Rolfe cuando era alumno de la escuela secundaria Saffron Walden, donde Rolfe era profesor. También era aficionado a los chicos y escribió poemas y novelas con temas de amor griego, incluyendo "El romance de un niño de coro" , publicada en este sitio web. Según Robert Scoble, Raven: The Turbulent World of Baron Corvo (Londres, 2013), pág. 310 (quien no aporta pruebas al respecto), fue él quien le escribió a Rolfe en 1909 para comunicarle la inminente visita de Fox a Venecia, lo que le permitió leer entre líneas que a Fox le interesaría conocer a chicos venecianos, así como las atracciones turísticas de la ciudad.
[21] Según Robert Scoble, Raven: The Turbulent World of Baron Corvo (Londres, 2013), pp. 311-2, la cursiva de “estadounidense” dos veces en esta carta tiene como objetivo indicar a Fox que es ficticia y un código para un turista rico: “Rolfe espera que su rudeza excite la curiosidad y la codicia de Bolck, y lo convenza de presentarse a Rolfe por fin”.
[22] Frank Victor Rushforth (nacido c. 1890) conoció a Nicholson alrededor de 1902. Fue miembro del Caius College de Cambridge, donde, en 1909, presentó el Examen de Predicadores Laicos Wesleyanos. Partió a la India al año siguiente y se cree que falleció allí poco después. [Nota 25 del editor de 1974]
[23] Edward Carpenter, escritor inglés, reformador social y pionero del retorno a la simplicidad rural. A principios de año, Rolfe había comenzado a escribir una réplica al extenso poema en prosa de Carpenter, Hacia la democracia , bajo el título Hacia la aristocracia . [Nota 26 del editor, 1974]
[24] La referencia es a Amor en serio (1892) de Nicholson, que incluía un soneto, compuesto originalmente por Rolfe y revisado por Nicholson, titulado «San Guillermo de Norwich (Pintado por F. W. Rolfe)». Tras la publicación del libro, Rolfe amenazó al autor con acciones legales, por lo que los editores se vieron obligados a retirar de los ejemplares no vendidos la hoja que contenía el soneto plagiado. [Nota 27 del editor de 1974]
[25] Cockerton y Charles Kains Jackson. [Nota 28 del editor de 1974]
[26] Castelfranco Veneto, ciudad y sede episcopal de Venecia, en la provincia de Treviso. [Nota 31 del editor de 1974]
[27] 28 de noviembre. [Nota 31 del editor de 1974]
[28] El puente de Santa Eufemia se encuentra en el paseo marítimo de la Giudecca, frente a las Zattere. [Nota 31 del editor de 1974]
[29] Rolfe utiliza esta expresión para significar que recompensó a P[eter], C[arlo], Z[ildo] y otros del clan. [Nota 32 del editor de 1974]
[30] Campo San Polo. Después de la Plaza de San Marcos, es la plaza más grande de Venecia. El Palacio Mocenigo Corner, una hermosa obra de 1548 de Michele Sammichele, es el n.° 2128A. [Nota 33 del editor de 1974]
[31] Uno de los dos que Rolfe tenía en mente era John Markoleone, el niño judío que había conocido en Bristol el año anterior. Lo describe con bastante detalle en su correspondencia con el profesor Dawkins. [Nota 36 del editor de 1974]
[32] Aunque Fox parece haber hecho contribuciones con bastante frecuencia a las finanzas de Rolfe, las sumas que se reconocen, aparte de estos «cincuenta dólares transferidos», rara vez superan una libra. Podemos concluir razonablemente que los cincuenta dólares eran liras y no libras. La referencia de Rolfe, anteriormente en esta carta, a «cómo lo gastas» bien podría contener un toque de sarcasmo. Cabe destacar que, en su última carta, Rolfe le pide a Fox que le envíe cinco libras, una petición a la que su corresponsal aparentemente no accedió. [Nota 38 del editor de 1974]
Una exhibición del Barón Corvo
Clarence Andrewsç
https://www.lib.uiowa.edu/scua/bai/corvo-1.htm
Bibliografía
Las obras de Rolfe incluyen:
- Tarciso, el niño mártir de Roma, durante la persecución de Diocleciano [c. 1880]
- Historias que me contó Toto (John Lane: The Bodley Head, Londres, 1898)
- El ataque al pozo de Santa Winefrede (Hochheimer, Holywell, 1898; sólo se conservan dos copias)
- A su propia imagen (John Lane: The Bodley Head, Londres, 1901. Segunda impresión, 1924)
- Crónicas de la Casa de Borgia (Grant Richards, Londres: EP Dutton, Nueva York, 1901)
- Nicholas Crabbe (1903-4, publicado póstumamente en 1958, se iba a emitir una edición limitada de 215 copias numeradas en estuche junto con la edición comercial, pero la acción industrial y otros factores hicieron que la edición comercial terminara teniendo precedencia)
- Adriano VII (Chatto & Windus, Londres, 1904)
- Don Tarquinio (Chatto & Windus, Londres, 1905)
- Don Renato (1907-8, impreso en 1909 pero no publicado, publicado póstumamente en Chatto & Windus, Londres, 1963, una edición limitada de 200 copias numeradas en estuche se publicó al mismo tiempo que la edición comercial)
- El Arturo de Hubert (1909-11, publicado póstumamente en 1935)
- Lo extraño del vagabundo (1912)
- El deseo y la búsqueda del todo (1909, publicado por Cassell, Londres, 1934)
- La bula contra el enemigo de la raza anglicana (Impresión privada, Londres, 1929) (un ataque a Lord Northcliffe )
- Tres cuentos de Venecia (The Corvine Press, 1950)
- Cartas a Grant Richards (The Peacocks Press, 1952)
- El cardenal prefecto de propaganda (Nicholas Vane, Londres, 1957)
- Una carta del barón Corvo a John Lane (The Peacocks Press, 1958)
- Cartas a CHC Pirie-Gordon (Nicholas Vane, Londres, 1959)
- Una carta al padre Beauclerk (The Tragara Press, Edimburgo, 1960)
- Cartas a Leonard Moore (Nicholas Vane, Londres, 1960)
- Las cartas del barón Corvo a Kenneth Grahame (The Peacocks Press, 1962)
- Cartas a RM Dawkins (Nicholas Vane, Londres, 1962)
- La arquitectura de Aberdeen (Impresión privada, Detroit, 1963)
- Sin prejuicios. Cien cartas de Frederick William Rolfe a John Lane (Impresión privada para Allen Lane, Londres, 1963)
- Una carta a Claud (Escuela de Periodismo de la Universidad de Iowa, Iowa City, 1964)
- Cartas a Venecia: una selección (Cecil Woolf, Londres, 1966 [en realidad 1967])
- Las manos armadas (Cecil Woolf, Londres, 1974)
- Poemas recopilados (Cecil Woolf, Londres, 1974)
- Las cartas de Venecia (Cecil Woolf, Londres, 1974)
Referencias
- Robert McCrum, 'Hadrian the Seventh por Frederick Rolfe' , The Guardian , 2 de junio de 2014; compárese con Ralph .
- 'Me bauticé el 3 de enero de 1886 en San Luis, Oxford, y recibí el nombre de "Frederick William". El obispo Hugh Macdonald me confirió el nombre de "Serafino" en la Catedral de Aberdeen al profesar en la Tercera Orden de San Francisco. El cardenal Manning me confirió el nombre de "Austin Lewis Mary" en la capilla de la Casa Arzobispal, Westminster, al momento de mi confirmación.' AJA Symons, The Quest for Corvo , Cassell, 1934, pág. 188.
- "El Diccionario Oxford de Biografía Nacional" . Diccionario Oxford de Biografía Nacional (edición en línea). Oxford University Press. 2004. doi : 10.1093/ref:odnb/37910 . ISBN. 978-0-19-861412-8. (Se requiere suscripción, acceso a la biblioteca de Wikipedia o membresía a una biblioteca pública del Reino Unido ).
- AJA Symons, La búsqueda de Corvo .
- Rolfe a Fox, 13 de enero de 1910, en la edición de Cecil Woolf, The Venice Letters , Cecil & Amelia Woolf, 1974, pág. 46. En una carta de septiembre de 1909 a John Gambril Nicholson , Rolfe abordó el tema de las relaciones sexuales entre un hombre y un niño, un asunto, según le dijo a Nicholson, del que «usted tiene la experiencia práctica que yo no tengo». (Miriam J. Benkovitz, Frederick Rolfe: Baron Corvo , Hamish Hamilton, 1977, pág. 248, citando una carta de la Colección Martyr Worthy, Biblioteca de la Universidad de Columbia). Nicholson es la persona a la que Rolfe probablemente menos le mintió sobre esto.
- Se trataba de Sholto Osborne Gordon Douglas (1873-1934), educado en el Fettes College, la Portsmouth Grammar School y la Christ Church de Oxford, autor de A Theory of Civilization (1914) y de varios volúmenes de poesía, entre los que destaca Ungodly Jingles (1923).
- Toto en Historias que Toto me contó , Tarquinio y Lucrecia en Don Tarquinio , Renato y Eros en Don Renato , y Zildo en El deseo y la búsqueda del todo tienen entre 15 y 20 años.
- Howse, Christopher (3 de febrero de 2007). «Misterios sagrados» . The Telegraph (opinión).
- David Hilliard, "Poco inglés y poco varonil: anglocatolicismo y homosexualidad" en Estudios victorianos , invierno de 1982, pág. 199.
- El libro fue adaptado con gran éxito por Peter Luke en una producción teatral en Londres en 1968, donde el papel de Hadrian/Rolfe fue interpretado por Alec McCowen. Otra producción, protagonizada por Barry Morse, se representó en Australia, en Broadway y en una breve gira nacional por Estados Unidos
- Véase Andrew Eburne, 'Frederick Rolfe: The Desire and Pursuit of the Whole 1908–1912', tesis de doctorado, Universidad de Oxford, 1994.
- fragmento de cinco páginas se encuentra en el manuscrito Walpole c. 11, y las notas de Rolfe para la novela en el manuscrito Walpole c. 13, Biblioteca Bodleiana, Universidad de Oxford. El texto completo del fragmento, editado por Andrew Eburne, puede encontrarse en English Literature in Transition 1880–1920 , Volumen 38, Número 4, 1995, pp. 492–495.
- Robert Scoble, ed., El potro y el puercoespín: cuatro cartas de John Holden a AJA Symons , Callum James Books, 2007, pág. 12.
- WH Auden, Prólogo a la segunda impresión de El deseo y la búsqueda del todo , Cassell, 1953, págs. vii-viii.
- Robert Scoble, Los estandartes de Holywell de Frederick Rolfe , Callum James Books, 2010.
- Canning, Richard. "Después de Adriano" TLS .
- Hay una obra en italiano: Carla Marengo Vaglio, Frederick Rolfe Baron Corvo , Mursia, 1969.
- Véase David Dougill, 'Firbank: A Long Look', en Books and Bookmen , vol. 18, mayo de 1973, pág. 36. Dougill añade a su artículo una breve bibliografía de la evidencia de la influencia de Rolfe en Firbank.
- biógrafo de Greene afirmó que Pinkie, la protagonista de Brighton Rock , estaba basada en Rolfe. Véase Norman Sherry, "La vida de Graham Greene": Volumen uno 1904-1939, Jonathan Cape, 1989, pág. 645.
- Véase Steven Moore, " El gato de Darconville de Alexander Theroux y la tradición del ingenio erudito", Contemporary Literature 27.2 (verano de 1986): 235.
- Las similitudes entre la obra de Rolfe y la de Joyce fueron señaladas por primera vez por Stuart Gilbert: «Si las Parcas hubieran sido más benévolas, ese genio desdichado podría haber corrido un paralelo, aunque en un plano algo inferior, al de Joyce. Nicolas [ sic ] Crabbe... tenía mucho en común con Stephen Dedalus ». ( Ulises de James Joyce: un estudio , Faber, 1952, pág. 95).
Lectura adicional
- Benkovitz, Miriam. Frederick Rolfe: Barón Corvo . Putnam, Nueva York, 1977. SBN: 399-12009-2.
- Benson, RH , The Sentimentalists (1906), donde la figura central está estrechamente inspirada en Rolfe (quien a su vez critica la novela como "El sensibilista" en El deseo y la búsqueda del todo ).
- Bradshaw, David. «Rolfe, Frederick William» en el Oxford Dictionary of National Biography (consultado en línea).
- Connell, Brendan. La traducción del Padre Torturo . Prime Books, 2005. Dedicado a Rolfe, este libro es un claro homenaje a Adriano VII.
- Fumagalli, Luca. Barón Corvo. El viaje sentimental de Federico Rolfe . Edizioni Radio Spada, Cermenate, 2017, ISBN 9788898766345
- Miernik, Mirosław Aleksander. Rolfe, Rose, Corvo, Crabbe: Las imágenes literarias de Frederick Rolfe . Peter Lang Verlag, 2015.
- Johnson, Pamela Hansford . El indecible Skipton . Macmillan, 1959; Penguin Books (n.° 1529), 1961. La vida de Rolfe como fuente para la caracterización de Daniel Skipton.
- Norwich, John Julius . Paraíso de las ciudades: Venecia y sus visitantes del siglo XIX . Penguin, 2004.
- Reade, Brian (ed.). Herejes sexuales: la homosexualidad masculina en la literatura inglesa de 1850 a 1900: una antología . Londres, Routledge, Keegan y Paul, 1970.
- Rosenthal, Donald, Las fotografías de Frederick Rolfe Baron Corvo 1860–1913 , Asphodel Editions, 2008.
- Scoble, Robert. El culto a Corvo: La historia de una obsesión , Strange Attractor, Londres, 2014; ISBN 978-1-907222-30-6
- Scoble, Robert. Raven: El mundo turbulento del barón Corvo , Strange Attractor, Londres, 2013, ISBN 9788898766345
- Symons, AJA La búsqueda de Corvo . Cassell, Londres, 1934.
- Semanas, Donald. Corvo . Michael Joseph, Londres, 1971.
- Woolf, Cecil. Bibliografía de Frederick Rolfe Baron Corvo. Bibliografías del Soho, Rupert Hart-Davis, Londres, 1972 (segunda edición).
- Woolf, Cecil, Brocard Sewell y St. Albert's Press. 1964. El clérigo sin beneficio: Un estudio sobre la conversión y vocación del P. Rolfe, barón Corvo. 1.ª edición independiente. Aylesford: St. Albert's Press.
- Woolf, Cecil y Sewell, Brocard (eds.). Nuevas búsquedas de Corvo . Icon Books, Londres, 1965.
Enlaces externos
- Obras de Frederick Rolfe en formato de libro electrónico en Standard Ebooks
- Obras de Frederick Rolfe en el Proyecto Gutenberg
- Obras de o sobre Frederick Rolfe en Internet Archive
- Obras de Frederick Rolfe en LibriVox (audiolibros de dominio público)

- Material de archivo en la Biblioteca de la Universidad de Leeds
- Ayuda para la búsqueda de la colección de documentos de Frederick William Rolfe de David Roth Martyr Worthy en la Universidad de Columbia. Biblioteca de Libros Raros y Manuscritos.
- Ayuda para la búsqueda de la colección Stuart B. Schimmel de documentos de Frederick Rolfe en la Universidad de Columbia. Biblioteca de Libros Raros y Manuscritos.
- Ayuda para la búsqueda de documentos de Frederick Rolfe en la Biblioteca de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Columbia.












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