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domingo, 31 de mayo de 2026

Ernesto Bark, bohemio en Madrid

 



Ernst von Corteza Schultz (Kaava, 23 de Marzo de 1858-Madrid, 24 de octubre de 1922), el español Ernesto Bark, fue un publicista y escritor de Livonia afincada en España desde finales del xix siglo, participante en el Madrid bohemio escena de la época.





Biografía

Nació el 23 de Marzo de 1858 en Kaava, Laiuse, cerca de Dorpart, entonces parte del Imperio ruso. Perseguidos por la policía zarista, debido a las actividades revolucionarias, Ernesto Bark llegó a España por primera vez alrededor de 1880 y acabó estableciéndose en Madrid, donde escribió cincuenta libros y un gran número de artículos de prensa con los socialistas o progresistas contenido.

Entre 1890 y 1892 vivía en Alicante, donde ha colaborado con la revista Crisol. Dirigió las revistas de La República Social (1895), Cartagena Moderna y Spanien . Fue editor y colaborador de El País, La Justicia , Germinal y otros.


Con respecto a su auto-identificación, además de la presentación de sí mismo como de Livonia, él declaró que había tres nacionalidades: "el alemán etnográficamente, la federación de rusia para la política (y por desgracia) y el español para la afirmación y el amor", la auto-identificación de contextualmente, en cualquier caso, en el escrito como el alemán (de las provincias Bálticas). A veces también afirmó polaco. escritor. Pío Baroja lo llamó un "revolucionario de letonia".

Sin embargo, los estudiosos están de acuerdo que él tenía una larga barba y llevó una vida bohemia, y que subsistía de la enseñanza de lenguas (él sabía diecisiete idiomas). Aparece en Luces de bohemia de Ramón María del Valle-Inclán, bajo el nombre de Basilio Soulinake, aunque este autor también se utiliza en otros libros (La Guerra Carlista, La Lámpara Maravillosa). Lo cita en sus memorias de Alejandro Sawa y también es evocada en sus escritos por Pío Baroja y Azorín. Las fechas de la muerte han sido considerados desde 1914 a 1924. Sin embargo, murió en su casa en el número 57 de la Calle de Ayala de Madrid el 24 de octubre de 1922, certificado por obituarios en los periódicos, tales como La Libertad o El Liberal. En lugar de en el cementerio civil, fue enterrado al día siguiente en el cementerio de la Almudena mediante el rito Católico profesa a su esposa Matilde Cabello.





Trabajo
- (1883). Wanderungen en Spanien und Portugal.
- (1888). España y en el extranjero.
- (1889). La libertad religiosa en España.
- (1889). La prensa española.
- (1891). El derrotado. Alicante.
- El modernismo.
- Alma española.
- Estadísticas sociales.
- (1889). La prensa española.
- (1900). La política Social. Soluciones positivas de la Sociología Contemporánea. Germinal De La Biblioteca. Madrid.
- La filosofía de placer.
- Radical soluciones sociales y socialistas, anarquistas y sindicalistas




https://www.eldiariodemadrid.es/articulo/cuenta-madrid-otros-lugares/ernesto-bark-leton-revolucionario/20250411233221097030.html 














Ernesto Bark - Un Propagandista De La Modernidad 1858-1924

https://krakenfiles.com/view/Jtetuiob2G/file.html

Lugar de encuentro de la bohemia, escritores y artistas, Madrid acogió a finales del siglo XIX a Ernesto Bark, un curioso personaje que llegaba de las tierras de Estonio. Una aureola de misterio y de sospechas desde entonces envolvieron la figura de este intelectual proselitista que pasó su vida luchando por la construcción de un nuevo orden universal, la República Social.


De Rusia a España, a lo largo de este libro descubriremos la azarosa trayectoria biográfica de Ernesto Bark (1858-c. 1924), cosmopolita, nihilista, exiliado, y finalmente, republicano-socialista. Fue un escritor prolijo, en lengua alemana y en español, amante del periodismo y la literatura. Con la recopilación de sus obras hemos logrado reconstruir su pensamiento y su proyecto de Reforma Social para España. Algunos de los pilares sobre los que dicho proyecto se asienta son el Internacionalismo y Socialismo Positivo en política y el Naturalismo Radical en literatura. La Filosofía del placer y la Moral social definen sus nuevos valores y códigos éticos para la Humanidad.
Para la instauración del nuevo orden social, Bark cree en la regeneración del pueblo español, al que quiere preparar de manera lenta y pacífica. Denunciar, divulgar, educar, concienciar son imperativos de la familia del sistema educativo del mundo de las Letras y cualquier manifestación artística o periodística, puesto que ellos sirven de escenario para la pedagogía social. Sus personajes son todos “Gente Nueva”. Bark llama a los “jóvenes de espíritu” a participar en su proyecto: la mujer, el político, el periodista, el intelectual, el bohemio y el artista son todos “Modernistas” puesto que trabajan para el advenimiento de la Modernidad.


A través de Ernesto Bark, personaje de su propia leyenda y de sus singulares aventuras en Europa y España, en Alicante, Cartagena o Madrid, se vislumbra el prototipo del intelectual propagandista, del vehemente luchador por las grandes utopías que determinaron los avatares del mundo contemporáneo. Finalmente, a través de este estudio se demostrará la inconsistencia y arbitrariedad de varias etiquetas manejadas por la historia y la crítica, desde el falso anarquismo atribuido a Bark hasta las obsoletas escisiones entre “Modernismo y Generación del 98”



Ernesto von Bark Schultz ( Kaava, Estonia 1858 – Madrid, 1922) o Ernesto Bark, que era el nombre por el que se le conocía en Madrid. Se había ido de Estonia cuando estaba perseguido por haber sido un luchador rebelde y contumaz contra el movimiento zarista. Se estableció inicialmente en Alemania donde fue estudiante de varias disciplinas; ya que además de economía y comercio estudió historia, filosofía y sociología política. Antes de llegar a Madrid había vivido en Suiza,donde fundó el periódico clandestino “Der Baltische Föderalist”. En 1883 y como consecuencia de esta publicación fue deportado a Siberia. Desde Siberia vino para España, y ya en Madrid se desposó con Matilde Cabello García, con la que tuvo seis hijos. Fue corresponsal de algunos periódicos alemanes. Se relacionó enseguida con periodistas y escritores y con muchos de ellos tuvo estrecha relación y a otros les sirvió de inspiración para ilustrar a algunos de sus personajes: Ramón María del Valle-Inclán se fijó en él para dar vida a Basilio Soulinake en Luces de Bohemia y en alguna otra de sus obras.




Y fue precisamente Pío Baroja - aun sabiendo que había nacido en Estonia y que sus orígenes habían sido polacos y alemanes - quien se refería a él como“Letón revolucionario” e incluso solía decir que era como como el propio Bark solía presentarse. Otros autores como el propio Baroja, Azorín y Alejandro Sawa también lo citaron en algunos de sus escritos.

Ernesto Bark - viviendo y participando en Madrid - prácticamente se hizo madrileño y hasta se convirtió en uno de los personajes más sorprendentes y conocidos que pululaban por la capital y que se acercaban incluso a los submundos propios de la bohemia. Fue siempre fiel a sus ideas revolucionarias y además tenía facilidad para atraer a jóvenes escritores que también ansiaban algunas de las reformas que Bark preconizaba.



Ya definitivamente en Madrid, y después de haber recorrido España y de haber vivido en algunas de sus ciudades, se ganaba modestamente la vida dando clases de inglés, alemán, ruso, polaco y portugués en el Ateneo Científico y Literario de Madrid; además, en su domicilio también ofrecía clases particulares a la vez que colaboraba en diversos periódicos y revistas. Con varios intelectuales como Alejandro Sawa, Joaquín Dicenta, Eduardeo Zamacois, Ernesto Bark, Antonio Palomero y Francisco Macein entre otros, se formó el “Grupo Germinal” que durante sus primeros tiempos dio protagonismo a Joaquín Dicenta, que fue al mismo tiempo director del periódico El País. Sin embargo, Ernesto Bark prefirió continuar en Germinal hasta que dejó de publicarse. Pero a partir de 1903 también escribe algunas de sus crónicas en El País, en Fuerza y en Nuestro Tiempo. Bark frecuentó algunas de las tertulias en los cafés más próximos a la Puerta del Sol.


Jamás dejó de ser un hombre fantasioso y lleno de imaginación y de entusiasmo, que apenas sentía el frío y que cuando alguien se quejaba del invierno solía repetir: “más frío hace en Siberia, si usted hubiera estado en Siberia lo sabría de sobra…”


Por razones ideológicas no mostraba simpatía por Emilia Pardo Bazán ya que la autora del naturalismo sentía apego por el movimiento carlista, pero sintió proximidad por autores como Campoamor, Galdós o Zorrilla. Pensaba que la literatura debía de ir de acuerdo con la sociedad y por esa razón la utiliza para dar a conocer sus ideas políticas. Su aspecto físico destacaba en los ambientes madrileños. Pedro Vallina lo describe así: Era alto, delgado, con bigote rojizo y pelo del mismo color encrespado y ojos azules de felino…


Fue autor de una extensa obra, pero hoy concretamente nos interesa ese folleto que escribió y publicó en Madrid titulado “La Santa Bohemia”en el que destaca asuntos particulares de algunos autores madrileños de su tiempo. Pues para este autor la bohemia representaba lo que rejuvenece a una sociedad y por wso, seguramente pensaba que nada tenía que ver con los mundos marginales. Creía que la bohemia encerraba a un conjunto de nómadas soñadores que se reunían en tertulias y en fondas de mala muerte para ofrecer sus proyectos a una sociedad que, en ocasiones, si siquiera los entendía. Consideraba que la bohemia formaba parte de la auténtica libertad y que los harapos con que algunos autores vestían formaban parte de lo pintoresco, de un modo de ser y de vivir que se diferenciaba del que utilizaba la mayoría.


Los Vencidos d’Ernest Bark von Schultz

https://journals.openedition.org/bulletinhispanique/2243





La revoluciòn social /

por Ernesto Bark

https://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=uc1.31822031024813&seq=3




«Muerte de Ernesto Bark». La Libertad (Madrid) IV. 25 de octubre de 1922.


https://hemerotecadigital.bne.es/hd/viewer?oid=0002676834&page=4



Ernst Bark von Schultz, un acorde disonante en la Bohemia literaria española

https://www.academia.edu/44665500/Ernst_Bark_von_Schultz_un_acorde_disonante_en_la_Bohemia_literaria_española

Artículos



Bibliografía







Fragmento de una caricatura de Dicenta escribiendo, por Cilla | https://javierbarreiro.wordpress.com Somos Malasaña

El 'Barrio Latino' de Madrid y su bohemia en cinco puntos
A orillas de la Universidad Central, y en la calle de la Madera, anduvieron muchos literatos en el cambio del siglo XIX al XX. Los bohemios Sawa, Dicenta y otros.

La Universidad Central en San Bernardo como centro de la vida de un barrio. Y cafés, librerías, los próstibulos de la calle Ceres (hoy Libreros), imprentas, los billares como cruce de caminos de personajes diversos, redacciones literarias en pisos, estetas altivos que escribían a altas horas de la madrugada... El reflejo modesto del Barrio Latino de París se vivió, en las décadas que abrazan el tránsito del siglo XIX al XX, en lo que hoy podríamos identificar como el barrio de Universidad.

Los bohemios de la hornada inmediatamente anterior a la Generacion del 98 -Dicenta, Bark, Sawa, Nakens o Zamacois - fueron la salsa de aquel Barrio Latino. Se hicieron llamar a sí mismos Gente Nueva, y se les ha bautizado como la Santa Bohemia (o Heróica, o Auténtica), o Germinalistas, por tener la publicación Germinal como espacio central. Tenían, en general, vinculación estética con el Modernismo y política con el socialismo y el anarquismo.


Vendría luego una generación de bohemios más joven, la de Emilio Carrere o Eugenio Noel, en la que proliferó más el estereotipo de bohemio golfo que no escribía más que su propia vida de miseria y supervivencia. Son los Dorio de Gádex o José Iribarne (Zaratustra). Muchos anduvieron también por el Café de La Luna, entre otros lugares de nuestro trasunto de Barrio Latino.

1. La de la Madera: la calle con más literatos por metro cuadrado
De Ernesto Bark | 
En el número 51 de la calle de la Madera estuvo Las Dominicales del Libre Pensamiento, revista republicana y anticlerical donde escribieron muchos de los del grupo de la Santa Bohemia. También, en el caserón que más tarde albergaría el diario Informaciones, estaba en aquella época El País, donde Sawa hiciera una magnífica crónica del caso Dreyfus.

En el número 27 vivía Luis Ruiz Contreras, mecenas literario en cuya casa tertuleaban los miércoles, hacia 1896, Jacinto Benavente, Valle Inclán, Rubén Darío, José Martínez Ruíz, Pío Baroja, Manuel Bueno, Ramiro de Maeztu... Allí, en algún momento, se instalaron aparatos para hacer gimnasia, con los que entretenían el cuerpo, además de la mente, los contertulios.

Probablemente, el más mítico de los escondrijos bohemios de la calle fue la pensión de Hans de Islandia, hospedaje de mala muerte de donde pendía el lema Casa económica para pernoctar. No se fía ni a Dios. Alfonso Vidal y Planas, en su libro Memorias de un hampón, habla de veinte camastros para pernoctar por cincuenta céntimos, para los más pobres de aquellos escritores de la calle, que a menudo venían, como Pedro Luis de Gálvez, de los barrios periféricos. Habla de “cuerpos tronchados, cansinos; chupados rostros, pelambres sucias y desgreñadas, harapos”.

También estaba, en el número 24 de Madera, la casa de un bohemio señero, Joaquín Dicenta.

2. De estudiante en la Central a figura literaria... y a autor olvidado

Joaquín Dicenta estudió algunos cursos de Derecho y de Medicina. Un buen día vendió los libros para irse a vivir con una modistilla. El romance duró poco, pero marcó el paso a escritor vividor y frecuentador de los bajos fondos. De su vida escribió su amigo Eduardo Zamacois: “En su biografía hay puñaladas, un rapto, un suicidio. La vida de Dicenta es vendaval desatado; el demonio seductor de lo imprevisto guía sus pasos; todo le seduce; sobre sus noches y sus días, el desorden tiene encendida eternamente su lámpara roja”.


Su existencia cambió radicalmente a raíz del éxito de su obra teatral Juan José. Sólo el Tenorio fue más representado antes de Guerra Civil, a pesar de que hoy no es muy conocida. A raíz de aquello, pasó de ser un bohemio pobre a un bohemio de éxito. Fue uno de los escritores más famosos de la época, pero ha quedado fuera de los cánones posteriores.

Con el dinero que ganó pudo montar un periódico y una revista de pensamiento crítico, clave en la fundación de la Generación del Noventa y Ocho.

3. Una publicación muy bohemia...y muy politica
En 1895 un grupo de jóvenes, encabezados por Joaquín Dicenta, se juntó en un piso en la calle del Pez para crear un periódico llamado La Democracia Social. Eran los Ernesto Bark, Eduardo Zamacois, Miguel Sawa... El semanario duro apenas un mes, pero tiene la importancia de ser el prototipo sobre el que nacerá, a continuación, la mítica revista Germinal. En ella escribieron muchos de la Generación del 98 (Maeztu, Baroja o Valle Inclán, entre otros). En su redacción (en el número 26 de la calle Molino de Viento) encontraron hueco también los nombres de la bohemia que frecuentaban el barrio, como el propio Alejandro Sawa, Dicenta o Bark. El enfoque de la revista era republicano y trataban temas sociales, como indica el homenaje a Zola con que encabezaron la publicación.



4. La mujer en la bohemia. ¿Qué mujer?
Ernesto Bark escribió en Santa Bohemia un listado total de los bohemios de aquella gneración. Sólo se encuentra un nombre femenino en una lista de noventa: María Asenjo. De ella no se encuentra hoy mucha información.




El propio Bark había escrito, a propósito de su cenáculo bohemio, que su finalidad era formar una piña de hombres y mujeres, pues necesariamente debemos ser feministas. En los escritos progresistas de estos escritores se encuentran tímidas referencias a la situación de la mujer, pero no es, a decir verdad, el feminismo una de sus mayores preocupaciones.


Primer número de Germinal

El papel de la mujer en la vida pública y en la cultura era aún muy exiguo. En la medida en la que los bohemios tomaron la calle como escenario de sus vidas, a menudo los rincones de vida más licenciosa, la mujer intelectual se ve excluida de sus espacios. El papel social de la mujer literata estaba, en el mejor de los casos, en los salones de sus casas. Es el caso de las tertulias en la biblioteca de la Pardo Bazán, en la cercana calle de San Bernardo. Existen, por supuesto, algunas excepciones, como la de Carmen de Burgos, vecina de la zona, que en 1903 se había convertido en la primera periodista española.


«La bohemia española», por Imanol Gómez Martín


«La bohemia española», por Imanol Gómez Martín
04/06/2012 por bogomilo


ORÍGENES DE LA BOHEMIA

Los orígenes del movimiento parecen estar en el escritor del siglo XVIII que comienza a cambiar sus hábitos de vida, separándose del poder y del dinero, arrastrado por una vida disoluta y desordenada, y dejando de ser por tanto el gentleman amigo de los poderosos, los cuales le abandonan a su suerte.

Siguiendo los estudios de José Esteban y Anthony N. Zahareas  la bohemia surgió, como hoy la entendemos,  como un movimiento social y político en el París del Segundo Imperio, centrándose  en el Barrio Latino, imán que atrajo a literatos españoles e hispanoamericanos. El libro clave que refleja todo ese bullir artístico y romántico es el libro de Henry Murger Escenas de la vida bohemia, cuya repercusión fue de capital importancia para las siguientes oleadas de escritores que deseaban experimentar el aprendizaje de la vida artística que la obra de Murger mostraba. En el prólogo de su obra Murger insta al joven bohemio a armarse de paciencia y valor, mostrando indiferencia ante los que, desde una concepción puritana del arte, vituperan y calumnian al que se sabe elegido por las musas, si éste es capaz de evitar el abismo de la miseria y el abismo de la duda.



Pero no hay que olvidar que el libro de Murger, tras una lectura cuidadosa, aunque invitaba a un cierto individualismo y a asumir y recuperar la  libertad, exaltando los valores subjetivos y protestando contra la burguesía imperante, huyendo de los convencionalismos, proponiendo, por tanto, una weltanshauung, una visión del mundo, también recuerda el lado sórdido, mísero, que sufrieron escritores como Baudelaire, Verlaine o Poe, recordando  que la bohemia es una etapa en la vida artística de los jóvenes, pero no se debe convertir en el desenlace. Dice Murger: «La bohemia es el estado de la vida artística; es el prefacio de la Academia, del hospital o del depósito de cadáveres».


Para aquellos aspirantes a bohemios que veían París demasiado alejado de sus aspiraciones (o de sus posibilidades), Madrid resultó ser el mejor foco, el corazón, el núcleo de lo que iba a ser un nuevo movimiento social y literario, imago de la bohemia parisien, pero que pronto tendría, tanto positiva como negativamente, sus propias características, dejando en el Madrid, y por ende, en la España de la época, su propia impronta. No obstante, en palabras del guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, quien fuera famoso en su tiempo y figura del olvido ahora, la verdadera bohemia sólo puede existir en París, donde representa una gran libertad del alma artística dentro de la disciplina severa de la forma, siendo la bohemia madrileña una escuela pobretona de espíritu y rebosante de miserias artísticas (En plena bohemia, Libros del Pexe, 2ooo).

Como movimiento social y político, la bohemia mantuvo una estrecha relación con las ideas socialistas y anarquistas de la época, adquiriendo una conciencia social que llevó a muchos de sus miembros a la lucha por sus ideales en diferentes foros.

Una vez que ya hemos aclarado ciertos conceptos acerca de la bohemia, sus orígenes y primeras características, podemos analizar las consecuencias que produjo en nuestro país.




LA BOHEMIA EN ESPAÑA

Como ya hemos expuesto anteriormente el libro de Murger suponía una especie de revelación, de manual del buen escritor, y casi del revolucionario. La aceptación que tuvo entre los jóvenes, procuró una nueva manera de vivir el arte apasionadamente con el consiguiente riesgo de perder la vida en la búsqueda de la gloria, del ideal. Unos pocos, tan sólo, conseguirán realizar la obra de arte soñada. Los demás se hundirán para siempre en el silencio. Entre este primer grupo de bohemios que tuvieron conciencia de tal podemos citar a Pedro Marquina, Florencio Moro Godino, Pedro Escamilla o Pelayo del Castillo, entre otros. La primera novela española que desnuda el tema de la bohemia en el Madrid del siglo XIX es El frac azul escrita por Pérez Escrich en 1864. Esta novela de tintes autobiográficos ejemplifica la vida del jóven que emigra de su suelo natal para conquistar la gloria en el Madrid de los bohemios. Pero en la obra de Pérez Escrich el desenlace nos lleva a un final feliz, final que variará consustancialmente en la obra de posteriores escritores, como es el caso de Alejandro Sawa, cuya obra Declaraciones de un vencido, que data de 1887, dibuja la sociedad corrompida de su tiempo, un tiempo marcado por el pesimismo al que han llevado al país diferentes conflictos sociales e incluso ideológicos.


En la obra de Sawa, a pesar del grave momento que atravesaba la sociedad española, se vislumbra un atisbo de luz en la capacidad de la nueva literatura, en el nuevo arte como dador de una nueva conciencia, como impulsor de una nueva generación de hombres y mujeres más libres, más combativos. Lo que se denominará en el argot de la bohemia «gente nueva».

Esta «gente nueva» será el núcleo de una nueva generación de bohemios que germinará en los años ochenta del siglo XIX. Se denominan proletarios intelectuales, solidarizándose con la marginalidad, con los excluidos de una sociedad que ha mercantilizado la vida humana, y reivindicando a Baudelaire, Verlaine o Poe se convierten en auténticos malditos.




  Un segundo grupo de artistas bohemios lo constituyen Alejandro Sawa, Manuel Paso, Silverio Lanza, Nakens, y un sinfín de escritores ya olvidados, a los que posteriormente se unirán Rafael Delorme, Pedro Barrantes y la figura cimera de Joaquín Dicenta. Todos estos escritores, no hay que olvidarlo, quedaron relegados a un segundo plano con la aparición de las grandes figuras del 98, y tan sólo algunos éxitos como el drama Juan José de Dicenta, obtuvieron la suficiente resonancia (Juan José resultó uno de los grandes dramas de la época y tuvo una gran repercusión en la juventud del 98). Iluminaciones en la sombra, obra póstuma de Alejandro Sawa, apodado el Príncipe de los Bohemios, obtuvo también su momento de gloria.

Un autor que puso toda su fuerza intelectual al servicio de la bohemia fue el eslavo afincado en Madrid Ernesto Bark. Uno de sus libros capitales en torno a la bohemia es La Santa Bohemia, donde se plantea uno de los problemas inherentes a la lírica del siglo veinte: la función del poeta. Bark afirmaba ya en las postrimerias del siglo diecinueve que «el poeta tiene una función social: le corresponde glorificar lo bello, pero también de servir a la justicia, que es su representación más sublime. La poesía es sólo grande cuando completa el ensueño por la idea y la idea por la acción» (La Santa Bohemia).   
Para Bark, al bohemio le caracteriza el culto por el arte, la independencia, el ideal y la libertad, aunque estas características le suelen llevar ineludiblemente a la pobreza. Los bohemios representan el sentimiento y la inteligencia, la generosidad y la nobleza en contraposición al burgués depredador de instintos perversos.





La relación entre la bohemia y los movimientos socialistas quedó patente en la repetida protesta social reflejada en los diferentes diarios y revistas de la época, donde quedaba manifiesta la búsqueda de un nuevo hombre, un personaje que vivía fuera del orden establecido por la sociedad, alguien empeñado en singularizarse, uniendo una actitud aristocratizante con un cierto anarquismo. El escritor bohemio adopta esa condición de anarquista literario o maldito, demoliendo valores e ideas establecidas, provocando al burgués, experimentando la libertad en la marginalidad, buscando paraísos artificiales, el spleen (splin), esto es: el falso azul nocturno.


Ya en el siglo veinte en pleno auge del Modernismo, la bohemia simboliza un concepto aristocrático del arte,  modernista, defendiendo la concepción del arte por el arte y reclamando libertad de acción y pensamiento, cuyas principales características serán un fuerte compromiso social, un romanticismo moderno y rebelde, mostrar la realidad tal cual es, sin embellecerla y un modernismo decadente.

Pero la aportación más sugerente de la bohemia fue la creación de un lenguaje propio, basado en la paradoja, utilizando la palabra como dinamita cerebral. Ese lenguaje propio, rico y sugerente será llevado a sus últimas consecuencias por Valle-Inclán, lenguaje que servirá como vehículo de frustraciones y de miserias (por ejemplo, en Luces de bohemia).

En la primera década del siglo XX despunta un grupo de bohemios. Los más señalados son Emilio Carrère, Pedro de Répide y Eliodoro Puche.


Sin solución de continuidad nos encontramos ya con la que parece ser la última generación de bohemios, entre los que destacamos a Pedro Luis de Gálvez, que murió fusilado; Armando Buscarini, que murió loco en un frenopático; y Alfonso Vidal y Planas, quien después de asesinar (por celos literarios)  a Luis Antón de Olmet, colaborador suyo, acabó sus días en Méjico tras doctorarse en Filosofía en Estados Unidos. La historia de Pedro Luis de Gálvez  y otros bohemios la ha narrado exitosamente en sus libros Las máscaras del héroe y Desgarrados y excéntricos Juan Manuel de Prada.





 Sawa, con su familia: su mujer y su hija.

TOCADOS POR LA BOHEMIA 

Muchos autores que hoy no calificaríamos de bohemios bebieron en las fuentes de dicho movimiento, se identificaron con él en una etapa de sus vidas o mantuvieron estrechos lazos de unión con los proletarios del arte. Excepto unas más que honrosas excepciones, expresaron sus desavenencias con la bohemia cuando sus nombres comenzaron a gozar de cierto prestigio artístico, como es el caso del impulsor del ultraísmo Rafael Cansinos-Asens (a quien se unirá el citado anteriormente Eliodoro Puche). Uno de los ejemplos en que mejor se manifiestan las diferencias con la bohemia son las siguientes declaraciones de Pío Baroja: «Podrá uno haber vivido una vida más o menos desarreglada, en una época, pero yo no he sido jamás el espíritu de la bohemia». El propio Baroja advierte que el bohemio es un tipo vanidoso que goza de su desgracia, que manifiesta un amor a lo lúgubre, al sentirse abandonado o incomprendido por la estulticia de los demás.


Sin embargo, algunos autores, como Valle-Inclán, fueron  grandes defensores del verdadero bohemio, como es el caso del amigo de Valle, Alejandro Sawa (el Príncipe de los Bohemios), quien murió abandonado, pobre y ciego. También Manuel Machado defendió la figura de Alejandro Sawa en varios escritos, pero sobre todo en el soberbio poema A Alejandro Sawa, epitafio:  

JAMÁS HOMBRE más nacido
para el placer, fue al dolor
más derecho.
Jamás ninguno ha caído
con fama de vencedor
más deshecho.
Y es que él se daba a perder
como muchos a ganar.
Y su vida,
por la falta de querer
y sobra de regalar,
fue perdida.
Es el morir y olvidar
mejor que amar y vivir.
Y más mérito el dejar
que el conseguir.




No cabe duda alguna que Manuel Machado vivió la bohemia, y vivió la bohemia de los españoles en París, donde conoció a Oscar Wilde y André Gide, entre otros. A su vuelta a España tomó contacto con los bohemios y modernistas del Madrid de la época experimentando los triunfos, fracasos,  trucos, las golferías, la independencia y el amor al arte y a esa vida nueva que ya describimos anteriormente. Su propia obra cayó en el olvido y las nuevas generaciones no han revalorizado aún sus versos como se merecen (como indica Enric Pou en su libro Pintura en el aire, Pre-textos, 2001).

Un autor de gran renombre en la España de los años veinte, y ahora injustamente olvidado, fue Emilio Carrère. Carrère fue un verdadero bohemio que supo enfrentarse a la realidad de su tiempo, denunciando la mediocridad en la que la sociedad española se encontraba sumergida y buscó, en cuerpo y alma, el arte, la creación artística. Carrère definió la bohemia como: «una forma espiritual de aristocracia, de protesta contra la ramplonería instituida. Es un anhelo ideal de un arte más alto, de una vida mejor», diferenciando tres tipos de bohemio: el pintoresco, el tabernario y el lúgubre.




Otro autor tocado por la bohemia fue el gran Rubén Darío. Darío era un poeta que amaba tanto al arte puro e incontaminado como a la vida llena de excesos. El gran poeta detesta la incapacidad del vulgo, espiritualmente pobre, para comprender su obra. El pensar utilitario y materialista de una sociedad pacata , inculta y aburguesada, mueven al aislamiento del artista, a su incomprensión. Por eso el artista, desdeñado y humillado, se aisla en su torre de marfil. Pero Rubén se aleja de los postulados de la bohemia; para él la bohemia legendaria terminó, y sólo queda el bohemio loco, infame y canalla. Su última aportación a la bohemia fue el hermoso prólogo que escribió a la obra póstuma de su amigo Alejandro Sawa Iluminaciones en la sombra, donde recuerda  la amistad de Sawa con Verlaine, el beso de Víctor Hugo a Sawa, sus correrías y su forma de vivir la literatura y el arte.


TEMAS DE LA BOHEMIA

En este último apartado vamos a perfilar someramente los temas más tratados en las obras de los escritores de la bohemia.

La bohemia posee un aroma cultural específico, una forma de vida propia  que no era ni aristocrática, ni burguesa ni tampoco de la clase obrera, sino sencillamente distinta.

Los bohemios son seres noctívagos: la noche y las sombras envuelven la mayor parte de la vida bohemia. Son «sombras en las sombras» como decía Valle-Inclán.  



La literatura bohemia es una literatura urbana, pero no de provincias, sino en la capital. El recorrido del bohemio va del café a la librería, de ahí a la taberna,  al prostíbulo, a la cárcel, al hospital y al cementerio, siendo este último también un lugar de encuentro o de paseo.

Los artistas bohemios, sobre todo los del siglo XX, intentan buscar lo sublime en las capas más bajas de la sociedad, abriendo la tendencia de la poesía social y el compromiso, siempre desde una actitud ética y estética.

Se observa en los bohemios cierta obsesión de atracción y rechazo hacia la sexualidad de la mujer. En el momento histórico en el que la mujer empezaba a ganar terreno en su lucha de emancipación, los artistas de la época recurren , en sus representaciones de la mujer, a la figura de la mujer fatal, a la feminidad devorante. Pero también representan en sus obras a «la mujer prostituta y a la honrada trabajadora».



El vino es otro de los temas, además de fuente de inspiración, de los bohemios. El vino representa la sangre, la juventud, la vida eterna, la embriaguez sagrada que permite al hombre participar fugazmente del modo de ser atribuido a los dioses. Muchos de los bohemios mueren apurando la última copa, mirándose en Baudelaire, Poe o Verlaine.

Dos colores están representados en los poemas y en la conciencia de los bohemios. El rojo, color de los sentidos vivos y ardientes, de la pasión, del deseo, de la herida y la muerte; el azul, el color del ideal, del spleen (esplin) nunca alcanzado.

Otro tema interesante plasmado en la obra de los bohemios es la figura de Cristo, como un bohemio más, que toma partido por los desheredados, y que de alguna manera es precursor del Cristo de «la Teología de la Liberación» (citando a Víctor Fuentes).

Para terminar este apartado quisiera señalar la importancia de la Guerra Civil y el exilio  en los poemas de los autores de la última generación de bohemios, que escribieron sus obras sobre el bando republicano y la causa popular.





Periodismo y bohemia 


Periodismo y bohemia 

Periodismo y bohemia.



La bohemia literaria española : la generación de la(s) o de la tribu ?


La santa bohemia: poetas de café, media tostada y olvido
Escrito por Grace Morales




El origen del término bohemio no tiene nada que ver con los hippies ni con el Imperio austrohúngaro. Fue Segismundo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, quien concedió la nacionalidad de bohemios a las familias de gitanos, gente nómada y con costumbres particulares que vivían en aquel territorio, ahora región de la República Checa. Por efecto de la metonimia, todo aquel individuo que ha llevado una vida fuera de lo normal en la apariencia o la conducta también ha recibido el calificativo de «bohemio».



A mediados del siglo XIX, un escritor francés llamado Henri Murger alcanzó la gloria con un folletín por entregas, Escenas de la vida en bohemia (1845-1849, reeditado por Alba Editorial en 2007), retrato de un grupo de artistas que malvivían en el Barrio Latino de París, siempre a la busca de unas monedas y de la oportunidad para triunfar que nunca llegaba. Los personajes de Rodolfo y Mimí inspiraron una de las óperas más aplaudidas de la historia de la música.


La obra de Murger fue recibida con entusiasmo entre los españoles aspirantes a artista del último tercio del siglo XIX. Muchos periodistas, dramaturgos, poetas, novelistas y pintores se declararon «bohemios». Vivieron en Madrid entre 1890 y 1920. Presintieron antes que ningún otro grupo la catástrofe económica y política que se avecinaba. Sus referentes, las figuras del decadentismo y el simbolismo francés, Rimbaud, Baudelaire y Verlaine. Pérez Galdós y el realismo dominaban la literatura española, pero ellos miraban atrás, a Bécquer y Rosalía de Castro como sus ídolos, el Romanticismo y su credo exaltado. Profundamente idealistas, militaron en el socialismo y el anarquismo. Escribieron en abundancia para la prensa de la época, al tiempo que ayudaban a crear revistas y cenáculos de muy breve duración, siempre conjurados en empresas imposibles y participando en un (ilusorio) movimiento de renovación cultural y social. Solo unos pocos pasarían a la historia, casi ninguno debido a sus méritos, sino por quienes coincidieron con ellos por edad y los convirtieron en personajes de sus obras. Los protagonistas del modernismo y la generación del 98 se encargarían de analizar y retratar lo que significó aquel grupo de «gente nueva» (como los bautizó Clarín): los poetas y dramaturgos del hambre. La canalla de los cafés.



Estaba a punto de terminar el siglo XIX, cuando unas versiones muy jóvenes de los hermanos Machado, los hermanos Baroja, Valle-Inclán y Pérez de Ayala, entre otros, se codeaban con ellos en cafés y tabernas.  El artista bohemio se distinguía por vestir con extravagancia, un desaliño que era en la mayoría de los casos síntoma de pobreza. Se los conocía popularmente como «melenudos», porque lucían el pelo largo y despeinado, y la mayoría estaba en guerra con la higiene personal. Por la Puerta del Sol y el barrio de Maravillas vagaban cuando llegaba la noche: los hermanos Sawa, Joaquín Dicenta, Dorío de Gádex, Silverio Lanza, Rafael Delorme, Xavier Bóveda, Francisco Villaespesa, Ciro Bayo… en esos años (1890-1900), Madrid, a diferencia de Barcelona, y a pesar de su agitada vida nocturna, seguía siendo una capital provinciana que solo había mejorado el urbanismo y las infraestructuras del centro urbano. El resto de la ciudad, ocupada por miles y miles de emigrantes, era territorio apache, con infraviviendas sin luz ni agua corriente. Los funcionarios pasaban grandes estrecheces debido a la alternancia del gobierno. Eso cuando no se daba una huelga o asonada militar. A pesar de esta situación, la primera oleada de la bohemia se formó con jóvenes optimistas, que escribían en defensa de la libertad y el amor universal. Pero conforme el clima político se fue enrareciendo y comenzaron las guerras coloniales, su estilo pasó de la ironía al fatalismo y desembocó en una visión desesperada y nihilista. A estos bohemios no les dolía España, es que sufrían en primera persona el desgarro y la precariedad. Muchos habían llegado de provincias, incluso desde otros países, con el sueño de hacerse un nombre como literato o periodista en la capital, pero pocos lo lograron. Algunos publicaron páginas muy brillantes en la prensa, el ensayo de costumbres y la poesía, pero sus méritos fueron silenciados, o peor, se los apropiaron otros.



La bohemia española siempre caminó por el filo de la picaresca. Mucho se escribió sobre las intenciones y los perfiles de sus componentes, y ya entonces se hacía una distinción entre el escritor que trabajaba con diligencia e incorporaba a su discurso el compromiso político, y aquellos otros que solo estaban en los cafés para pasar el rato en lugar de escribir, medrar y dar sablazos a diestro y siniestro. Pío Baroja, muy crítico con el movimiento, los dividía, a modo de partido político, entre «la bohemia auténtica» (los que se agrupaban en las tertulias, por ejemplo, la del Café de Fornos, en la calle Alcalá) y «la golfemia» (los que pululaban por la Puerta del Sol). En el primer grupo estaría él, por supuesto, y otros escritores «serios», como Rubén Darío, Manuel Machado, César González Ruano o Azorín, personajes que tuvieron su etapa de juventud «atolondrada» y después habrían encarrilado sus carreras hacia obras sólidas y establecidas. Es cierto que la mayoría de los bohemios no pasó de esa fase de juventud, pero en otros casos, especialmente en el mundo del periodismo de principios de siglo, la labor de figuras como Luis Bonafoux y su afilada y temible pluma, el ingenio de Enrique Paradas o el humor de Antonio Palomero han quedado ensombrecidos por la fama de otros nombres.

Los bohemios de Madrid aunaron sus escasas fuerzas para la conseguir la reforma social. Periodistas y poetas defendieron el sufragio universal, la transformación de las instituciones y la lucha contra el poder de la monarquía y la Iglesia. Desde publicaciones como Germinal, el poeta Manuel Paso defendía a obreros y campesinos, en un proceso de identificación con los elementos más pobres y los lugares más sórdidos de la escala social. En El Motín, Ernesto Bark, de origen polaco, llamaba a la revolución. Joaquín Dicenta, autor del drama social Juan José (estrenado en 1896 con gran éxito y escándalo) se definía como «poeta revolucionario». Algunos tuvieron relación directa con el movimiento anarquista: José Nakens acogió a Mateo Morral nada más atentar contra Alfonso XIII (corre la leyenda de que, al enterarse de que no había consumado el regicidio, lo echó de casa). Alfonso Vidal y Planas, el exseminarista metido a furioso agitador contra políticos y clérigos, asesino del escritor Luis Antón del Olmet, era el enlace madrileño de los anarquistas catalanes. 


Las obras de los bohemios eran furiosamente anticlericales. Pedro Barrantes se empleaba a fondo contra la Iglesia católica, lo que le llevó a la cárcel en varias ocasiones. Bark, Valle y Joaquín Dicenta escribieron varias obras sobre el movimiento, la del primero titulada irónicamente La santa bohemia. No cayeron en la moda luciferina de los artistas franceses, pero sí se dejaron llevar por el ambiente lúgubre de Madrid, y escribieron sobre la enfermedad, los cementerios y el ambiente de los bajos fondos de Madrid, de ladrones y prostitutas, que conocían muy bien porque compartían los mismos cafés y tabernas.

Pío Baroja dedicó gran parte de su obra a la bohemia. En sus Memorias, y con su tono habitual, los llama desharrapados y carentes del valor necesario para enfrentarse a la realidad, pero su desprecio tiene más de bronca personal que de valoración crítica. Figuras como Emilio Carrère o el propio Ramón Gómez de la Serna fueron objeto de sus dardos, por no hablar del retrato despiadado que hizo en El árbol de la ciencia de la muerte de Alejandro Sawa, acontecimiento clave de la historia de la bohemia española. Sawa fue el maestro del movimiento bohemio, poeta que encarnó los tópicos de la vida y obra del escritor maldito. Casi todos los autores contemporáneos mencionan en algún momento a los tres hermanos Sawa, muy conocidos gracias a la carrera azarosa y llena de percances de Alejandro, el héroe-artista; a las fantasías y desvaríos de Manuel, el bohemio en el sentido más negativo; y a la obra periodística y de ficción de Miguel, el más centrado y respetable. Valle-Inclán, bohemio de espíritu hasta el final de sus días, siempre guardó respeto por Alejandro, el escritor que dicen nunca se volvió a lavar la cara desde que Víctor Hugo le besó la frente. Valle no le dedicó páginas burlescas, sino su obra más universal: le convirtió en Max Estrella, el poeta ciego de la sátira teatral (llena de hondo dramatismo) Luces de bohemia (1920-24), donde aparecen otros personajes de la escena literaria de aquel tiempo.


Alejandro Sawa encarnó como ninguno al escritor de comienzos románticos, que tras su estancia de diez años en París, volvió a la capital decidido a transformar la literatura, pero fue víctima de sí mismo y vivió sus últimos días en la miseria, con las facultades trastornadas. Rubén Darío, que pasó con él varias temporadas en París y le tenía en gran estima, prologó su libro autobiográfico, Iluminaciones en la sombra, un emotivo y contundente testimonio de aquellos días de café y sonetos (reeditado en 2009 por Nórdica Libros).

El periodismo español vivió un momento dulce con la avalancha de nuevos escritores. Con las sátiras políticas cambiaron las formas de redactar y acercarse al público. Se importó la crónica parlamentaria y las columnas de opinión y editoriales se tornaron incendiarias. Tanto, que los dueños de algunos diarios tenían en nómina bohemios expiatorios para ir a la cárcel cuando se producía una denuncia. El estilo fragmentado, muy unido a los acontecimientos de la actualidad y la autoficción fueron algunas de las novedades de la literatura bohemia.



Otro rasgo importante fue la psicogeografía que practicaban los autores bohemios. Sus vagabundeos nocturnos, en estado de ebriedad, desde el centro hasta los límites de la ciudad, Cuatro Caminos, Ventas, Vallecas o el barrio de Cambroneras, les proporcionaron ensoñaciones y alucinaciones que plasmaron en sus obras. El propio Baroja fue uno de los primeros psicogeógrafos españoles, empapado del ambiente (Camino de perfección, cap. VII, págs, 48-50, Madrid, Ventura Caro, 1920).

Breve galería de bohemios

Eduardo Zamacois (1873-1971). Perteneciente a la última época de la bohemia, fue un escritor prolífico, de vida muy agitada entre España, París y Sudamérica, colaborador en diversas publicaciones y escritor especializado en relatos de contenido erótico. En 1907 fundó El Cuento Semanal, con enorme éxito de público, donde escribieron los autores del decadentismo español: Felipe Trigo, Alberto Insúa y Antonio de Hoyos y Vinent. Sus escritos sobre la escena bohemia son muy valiosos. 


Pedro Luis de Gálvez (1882-1940). El poeta malagueño fue pirata, galeote, seminarista, timador, soldado, periodista y cualquier otra cosa que se pueda imaginar. Representa como ninguno al pícaro del xvi trasplantado en el xx. Una vida de aventuras, mitad reales, mitad inventadas, y una obra pasada de moda. Lo de llevar a su bebé muerto en una caja para dar pena y conseguir sablazos en los cafés es solo una de las barbaridades que se pueden contar sobre su figura. Gálvez ya era todo un personaje, pero pasará a la historia por ser el protagonista de Las máscaras del héroe, de Juan Manuel de Prada, magnífica novela que recrea el paisaje histórico y literario del comienzo de siglo (Valdemar, 1996).

Manuel Paso (1864-1901). Poeta granadino, redactor de Germinal y precursor del modernismo, mezclaba elementos románticos con un profundo compromiso social. Solo publicó un libro, Nieblas (1886), en estilo diferente al de sus colegas, lejos del tremendismo, y muy apreciado por autores como Juan Ramón Jiménez. Abatido por los reveses editoriales, murió prematuramente debido al alcoholismo.

Emilio Carrère (1881-1947). A diferencia de Alejandro Sawa, Carrère, el otro maestro bohemio, disfrutó en vida del reconocimiento y el dinero con que este nunca llegó a soñar, quizá porque su bohemia se ceñía solo a la extravagante indumentaria y su trato con los poetas y el ambiente nocturno. Autor muy popular, consiguió acercar al gran público los temas del malditismo, la sordidez y los vicios de la calle, por medio de poesía muy accesible y cuentos de corte esotérico o inspirados en las leyendas de Madrid. 



 

Eliodoro Puche (1885-1961 o 1964). Puche fue el poeta bohemio por excelencia. Educado en una familia acomodada de Lorca (Murcia), vino a Madrid a hacer el golfo y beber como si no hubiera un mañana. Siempre iba de negro («un ataúd puesto de pie») y era muy conocido en las tertulias. Cuando dilapidó la herencia familiar, volvió a su pueblo, donde fue duramente represaliado después de la Guerra Civil. Su obra es muy poco conocida, pero destaca a partir de los años veinte, integrada en el ultraísmo.

Armando Buscarini (1904-1940). El poeta del hambre, desgraciado escritor que recibió el rechazo y la burla de sus compañeros bohemios. Intentó suicidarse varias veces y fue internado en un par de psiquiátricos, en uno de los cuales murió. Tras aparecer como personaje en Las máscaras del héroe, su obra ha sido por fin agrupada y editada.


Rafael Cansinos Assens (1882-1964). Cronista de excepción de la vida literaria española, en especial de la bohemia, de la que fue animador en su tertulia del Café Colonial. Es hoy un escritor olvidado por la crítica, el público y las instituciones, como lo fue en vida. De su extensa y deslumbrante obra (ficción, ensayo, periodismo, traducción), apenas ha quedado huella (se puede encontrar en la obra de Jorge Luis Borges, quien tomó de ella más que simple admiración). Un ejemplo del desprecio y la ignorancia de la cultura española por quienes han significado algo de verdad en ella. En especial, sus memorias, la trilogía publicada por su hijo en los años ochenta, La novela de un literato (Alianza Ed.), conforman un libro deslumbrante, necesario para comprender la historia y su literatura convulsa.

Pero ¿hubo mujeres bohemias?

Teresa Wilms
Teresa Wilms (CC).

Si las vidas y los libros de estos autores son todavía difíciles de rastrear, la presencia de mujeres en la época bohemia es como una entelequia. De nuevo, Baroja afirmaba que, por sus responsabilidades como madres, esposas y amas de casa, las mujeres no tenían tiempo para perderlo componiendo ripios. La verdad era otra: hacia 1890 las mujeres españolas eran analfabetas en un ochenta por ciento. Solo las aristócratas y las hijas de la alta burguesía se podían permitir leer y estudiar. Pese a todo, hubo tertulias femeninas y determinadas mujeres participaron en los cenáculos bohemios. Eran las actrices de teatro y las vedettes del cuplé, como la Bella Monterde o Raquel Meller, entre otras, musas de la escena literaria. Sí hubo bohemias. La más célebre, Carmen de Burgos, alias Colombine, periodista, cronista de guerra y defensora del feminismo. En la cripta de Pombo, Ramón reunió a varias artistas, a quienes apoyó sin reservas: Aurora Gutiérrez Larraya, profesora de artes decorativas; la bailarina Tórtola Valencia; la escritora chilena Teresa Wilms o la pintora santanderina María Blanchard, cuya vida y obra la convierten en un símbolo del artista outsider. Hoy, Blanchard espera, como el resto de autoras y autores, una nueva educación cultural, para que puedan conocerse sus obras. 

BIBLIOGRAFÍA

 – José Esteban y Anthony N. Zahareas : Los proletarios del arte (Celeste Ediciones, 1998).

– Ernesto Bark : La Santa Bohemia (Celeste Ediciones,1999).

– Allen W. Phillips: Entorno a la bohemia madrileña (Celeste Ediciones, 1999).

– Victor Fuentes: Poesía bohemia española (Celeste Ediciones, 1999).

– Ramón María del Valle-Inclán: Luces de bohemia (Colección Austral, 1999).

– Enrique Gómez Carrillo: En plena bohemia. (Libros del Pexe, 2000). 

– Remigio Vega Armentero (Edición de Pura Fernández): ¿Loco o delincuente? (Celeste Ediciones, 2001).

– Henry Murger: Escenas de la vida bohemia (Editorial Montesinos, 2001).

– Enric Bou (acerca de la figura de Manuel Machado, p. 117): Pintura en el aire (Pre-textos, 2001).




BIBLIOGRAFÍA

BARREIRO, Javier (1992), Raquel Meller y su tiempo, Zaragoza, Gobierno de Aragón.

– (2001), “La bohemia y sus contornos” Cruces de bohemia, Zaragoza, UnaLuna, 2001

-(2015) “Algunos datos sobre erotismo y tremendismo en las colecciones españolas de novela corta (1907-1936)”,Ambigua. Revista de investigaciones sobre género y estudios culturales, nº 2, pp. 111-132.

http://www.upo.es/revistas/index.php/ambigua/article/view/1552/1392

BARREIRO, Javier y Barbara MINESSO (2011), Edición e Introducción de Un hombre que se va… (Memorias) de Eduardo Zamacois, Sevilla, Renacimiento-Biblioteca del Exilio.


BARREIRO, Javier y Ada del MORAL, (2018), Edición e Introducción de Obra autobiográfica (Idos y muertos-Encarnación) de Joaquín Dicenta, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza-Instituto de Estudios Altoaragoneses-Instituto de Estudios Turolenses-Gobierno de Aragón.
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BUIL PUEYO, Miguel Ángel (2016), “Manuel Carretero. Un escritor malogrado (1878-1908)”, Revista de filología románica, Vol. 33. 2, 237-255.

CANSINOS- ASSÉNS, Rafael (1925), La nueva literatura II. Las escuelas literarias, Madrid, Páez.

DURÁN LÓPEZ, Fernando (1997), Catálogo comentado de la autobiografía española (Siglos XVIII y XIX), Madrid, Ollero y Ramos.

ESCUDERO ORTUÑO, Alberto (1981), Por los caminos de Hipócrates, Barcelona, Noguer.

RICCI, Cristián H. (2005), “La miseria de Madrid del guatemalteco Enrique Gómez Carrillo: esperpento, dandismo y bohemia”. Chasqui 34.2: 62-77.

-(2006)“Itinerarios de la bohemia madrileña: Vía Crucis, cabaret y Viaducto”, Letras peninsulares. (Spring Issue): 81-98.

ROBIN, Claire-Nicolle (1993), “’El Romancero de la blusa’”. La bohemia entre modernismo y populismo”, El Bosque, 6, septiembre-diciembre, pp. 13-27.

-(1997), “Eduardo Zamacois o La fiesta del cuerpo” en El cortejo de Afrodita. Ensayos sobre literatura y erotismo (Ed. de Antonio Cruz Casado), Málaga, Analecta Malacitana.




https://dn721605.ca.archive.org/0/items/labohemiaespao00lapuuoft/labohemiaespao00lapuuoft.pdf

Componentes

La base de aquella bohemia la formaron escritores del decadentismo modernista, como Francisco Villaespesa, Emilio Carrere, Alejandro Sawa, Armando Buscarini,[6] Ernesto Bark, Pedro Luis de Gálvez, Dorio de Gádex, Ramón Prieto, Alfonso Vidal y Planas, Eliodoro Puche, Zamacois, Nakens, Pujana, Dicenta y en sus periodos juveniles Rubén Darío, Ramón María del Valle-Inclán, Manuel Machado y Pío Baroja, entre otros muchos.[7]

El tema de la bohemia está presente en muchas obras literarias de la época, destacando entre ellas Luces de bohemia de Valle-Inclán y Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox


, de Baroja.[8] Una fuente importante —aunque parcial— para el conocimiento de esta época y sus personajes son las memorias de algunos escritores contemporáneos, muchos de ellos bohemios o descarnados detractores como Rafael Cansinos Assens (La novela de un literato





o su novela autobiográfica Bohemia)


Referencias
s:La copa de Verlaine
Espina, Antonio (1995). Las tertulias de Madrid. Alianza Editorial. pp. 244 a 254. ISBN 8420632791.
Jaime Álvarez Sánchez: Bohemia, Literatura e Historia (Bohemian, Literature and History) Archivado el 3 de marzo de 2016 en Wayback Machine. Cuadernos de Historia Contemporánea 2003, 25 255-274 ISSN 0214-400X. Consultado en octubre de 2014
1995 y Espina, p. 246.
Phillips, Allen W.. «Apuntes para el estudio de la bohemia en algunas novelas modernas (1880-1930)». Anales de Literatura Española Núm. 6, 1988; Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el octubre de 2014.
I Jornadas sobre Buscarini en la Bohemia Literaria de la Universidad de La Rioja
Allen W. Phillips: "Treinta años de poesía y bohemia (1890-1920)" Anales de Literatura Española Núm. 5, 1986-1987; BCVC. Consultado en octubre de 2014
Sobre la primera, consultar: Alonso Zamora Vicente, La realidad esperpéntica (Aproximación a «Luces de bohemia») (Madrid, Gredos, 1969); Baroja, por su parte reunió buen número de anécdotas en su libro de memorias Desde la última vuelta del camino. Y como estudio más general: Andrés Amorós, Vida y literatura en «Troteras y danzaderas» (Madrid, Editorial Castalia, 1973)

TEXTOS


-Blanco-Fombona, Eduardo, Diario de mi vida (1904-1905), Madrid Renacimiento, 1929.

-, Camino de imperfección. Diario de mi vida (1906-1913), Madrid, América, 1933.

-Bonafoux, Luis, De mi vida y milagros, Madrid, Los Contemporáneos nº 26, 25-VI-1909

-Buscarini, Armando, Madrid, Jaime Giralda impresor, 1924.

-Cansinos-Assens, Rafael, La novela de un literato, 1, 2, 3, Madrid, Alianza Tres, 1982-1985-1995 / Edic. corregida y aumentada: Madrid, ARCA ediciones, 2022.

-, Bohemia, Madrid, Fundación Arca-Archivo Rafael Cansinos Asséns, 2002.

-Dicenta, Joaquín, Idos y muertos, Madrid, Los Contemporáneos nº 37, 10-IX-1909.

-Gómez Carrillo, Enrique, Treinta años de mi vida. La miseria de Madrid, Madrid, Sociedad

Española de Librería, s. f. (1918).

-Gómez de la Serna, Ramón, Automoribundia, Buenos Aires, Sudamericana, 1948.

-, Nuevas páginas de mi vida. Lo que no dije en Automoribundia, Alcoy, Marfil, 1957.

Noel, Eugenio, Diario íntimo (La novela de la vida de un hombre), 2 vols., Madrid, Taurus, 1962 y 1968.

-Ortiz de Pinedo, José, De mi vida y milagros, Madrid, La Novela Corta nº 415, 17-XI-1923.

-, Episodios de una vida, Madrid, La Novela Corta nº 443, 31-V-1924.

-, Viejos retratos amigos, Madrid, SGEL, 1949.

Zamacois, Eduardo, De mi vida, Barcelona, Ramón Sopena, 1903.

Bibliografía

  • José Esteban, Diccionario de la Bohemia. Sevilla: Renacimiento, 2017. ISBN 9788416981595
  • Rafael Cansinos Assens, Bohemia. Madrid: Arca Ediciones, 2002 , La novela de un literato. Madrid: Alianza, 2005, 3 tomos.
  • Javier Barreiro, Cruces de bohemia: Vidal y Planas, Noel, Retana, Gálvez, Dicenta y Barrantes. Zaragoza: UnaLuna, 2001.
  • Xavier Escudero, La bohème littéraire espagnole de la fin du XIXe au début du XXe siècle : d'un art de vivre à un art d'écrire. Paris: Editions Publibook, 2011.
  • Víctor Fuentes (ed.): Poesía bohemia española. Antología de temas y figuras. Madrid, Celeste Ediciones, 1999.
  • Allen W. Philips: En torno a la bohemia madrileña, 1890-1925. Testimonios, personajes y obras. Madrid, Celeste Ediciones.
  • Juan Manuel de Prada, 'Trilogía del fracaso': Las máscaras del héroe (Valdemar, 1997), Las esquinas del aire (Planeta, 2000) y Desgarrados y excéntricos (Seix Barral, 2001).
  • Rubén y Diego Marín A., Orgullo. Poesía (in)completa de Armando Buscarini. Logroño: 4 de agosto de 2006.



LOS MEMORIALISTAS DE LA BOHEMIA (1903-1924)


Bohemia madrileña: la ruta de Max Estrella




Comenzamos el recorrido en el antiguo Pretil de los Consejos, por ser en sus inmediaciones donde se sitúa la Escena II de la obra de teatro, en la Cueva de Zaratustra, una librería que tiene por referente aquella que tuviera el librero y editor Gregorio Pueyo en la calle Mesonero Romanos, hoy desaparecida. De ahí iremos a la Chocolatería San Ginés en donde se produce el encuentro con los escritores modernistas, frente a la llamada en la obra, Buñuolería modernista, un centro de tertulia y animadas conversaciones nocturnas.


Nuestra siguiente parada es en la delega, en el Ministerio de la Gobernación en donde Max Estrella fue apaleado, encerrado, donde conversa con el obrero anarquista y donde se reune con el Ministro. Unos pasos más y llegaremos al antiguo Café de la Montaña, donde Valle Inclán tuvo la mala fortuna de perder su brazo, ahondando en este epidodio que se ha contado de mil y una maneras distintas, la mayor parte de ellas inciertas, debido al empeño de Valle Inclán y de Manuel Bueno -su agresor-en ocultar y minimizar el incidente.

Parada obligada es someternos -nosotros también- a la deformación de los espejos cóncavos y convexos que nos esperan en el Callejón del Gato, lugar donde Max Estrella define el esperpento y continúa su descenso a los infiernos de la noche madrileña en ese periplo nefasto que finaliza con la suerte -tras años de miseria el billete de lotería que había comprado resulta premiado- pero, un poco antes, con la muerte que todo lo imposibilita.


Podemos tomar un café en la plaza de Santa Ana y conversar un rato -recrear una tertulia de la época si se animan- o simplemente continuar nuestro paseo por esa célebre plaza cuya Cervecería Alemana fue otro de los lugares de encuentro, charla, tertulia y animada discusión de Valle Inclán.

Finalizaremos la visita en el Ateneo, donde Valle Inclán tenía su tertulia predilecta.No pueden perderse nuestra ruta más bohemia y libresca.




















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