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jueves, 11 de agosto de 2016

Italo Calvino



Italo Calvino, 


el barón rampante de las ciudades invisibles




 No es que Kublai Kan crea en todo lo que dice Marco Polo cuando le describe las ciudades que ha visitado en sus embajadas, pero es cierto que el emperador de los tártaros sigue escuchando al joven veneciano con más curiosidad y atención que a ningún otro de sus mensajeros o exploradores.
En la vida de los emperadores hay un momento que sucede al orgullo por la amplitud desmesurada de los territorios que hemos conquistado, a la melancolía y al alivio de saber que pronto renunciaremos a conocerlos y a comprenderlos; una sensación como de vacío que nos acomete una noche junto con el olor de los elefantes después de la lluvia y de la ceniza de sándalo que se enfría en los braseros; un vértigo que hace temblar los ríos y las montañas historiados en la leonada grupa de los planisferios, enrolla uno sobre otro los despachos que anuncian el derrumbarse de los últimos ejércitos enemigos de derrota en derrota y resquebraja el lacre de los sellos de reyes a quienes jamás hemos oído nombrar, que
imploran la protección de nuestras huestes triunfantes a cambio de tributos anuales en
metales preciosos, cueros curtidos y caparazones de tortuga; es el momento desesperado en que se descubre que ese imperio que nos había parecido la suma de todas las maravillas es una destrucción sin fin ni forma, que su corrupción está demasiado gangrenada para que nuestro cetro pueda ponerle remedio, que el triunfo sobre los soberanos enemigos nos ha hecho herederos de su larga ruina. Sólo en los informes de Marco Polo, Kublai Kan conseguía discernir, a través de las murallas y las torres destinadas a desmoronarse, la filigrana de un diseño tan sutil que escapaba a la mordedura de las termitas.

Italo Calvino nació en 1923 en Santiago de las Vegas (Cuba). A los dos años la familia regresó a Italia para instalarse en San Remo (Liguria). Publicó su primera novela animado por Cesare Pavese, quien le introdujo en la prestigiosa editorial Einaudi. Allí desempeñaría una importante labor como editor. De 1967 a 1980 vivió en París. Murió en 1985 en Siena, cerca de su casa de vacaciones, mientras escribía Seis propuestas para el próximo milenioCon la lúcida mirada que le convirtió en uno de los escritores más destacados del siglo XX, Calvino indaga en el presente a través de sus propias experiencias en la Resistencia, en la posguerra o desde una observación incisiva del mundo contemporáneo; trata el pasado como una genealogía fabulada del hombre actual y convierte en espacios narrativos la literatura, la ciencia y la utopía.



Habíamos tomado bien las medidas (todavía no sospechábamos que se estuviera alejando); a lo único que había que estar muy atentos era a cómo se ponían las manos. Elegía una esquirla que pareciera firme (teníamos que subir todos por turno en grupos de cinco o seis), me agarraba con una mano, luego con la otra e inmediatamente notaba que la escala y la barca se escapaban debajo de mí y el movimiento de la Luna me arrancaba de la atracción terrestre. Sí, la Luna tenía una fuerza que te arrastraba, te dabas cuenta en el momento de paso entre la una y la otra: había que lanzarse hacia arriba de un salto, en una especie de cabriola, agarrarse a las esquirlas, levantar las piernas, para encontrarse de pie en el fondo lunar. Visto desde la Tierra parecías como colgado cabeza abajo, pero para ti era la misma posición de siempre, y lo único extraño era, al levantar la vista, ver encima de ti el manto del mar brillante con la barca y los compañeros boca abajo que se columpiaban como un racimo en su sarmiento. 


En medio de un espeso bosque, un castillo ofrecía refugio a todos aquellos a los que la noche sorprendía en camino: damas y caballeros, séquitos reales y simples viandantes. Crucé un destartalado puente levadizo, desmonté en un patio oscuro, mozos de cuadra silenciosos se hicieron cargo de mi caballo. Me faltaba el aliento; las piernas apenas me sostenían: desde mi entrada en el bosque tales habían sido las pruebas, los encuentros, las apariciones, los duelos, que no conseguía restablecer un orden ni en mis movimientos ni en mis ideas. Subí una escalinata; me encontré en una sala alta y espaciosa: muchas personas –seguramente también huéspedes de paso que me habían precedido en los senderos del bosque– estaban sentadas para cenar en torno a una larga mesa iluminada por candelabros. Tuve, al mirar a mi alrededor, una sensación extraña, o mejor dicho, dos sensaciones distintas que se confundían en mi mente algo vacilante debido a la fatiga y turbada.

Las ciudades invisibles (fragmento)






(...)
Partiendo de allá y andando tres jornadas hacia levante, el hombre se encuentra en Diomira, ciudad con sesenta cúpulas de plata, estatuas de bronce de todos los dioses, calles pavimentadas de estaño, un teatro de cristal, un gallo de oro que canta todas las mañanas en lo alto de una torre.















 Todas estas bellezas el viajero ya las conoce por haberlas visto también en otras ciudades. Pero es propio de ésta que quien llega una noche de septiembre, cuando los días se acortan y las lámparas multicolores se encienden todas a la vez sobre las puertas de las freidurías, y desde una terraza una voz de mujer grita: ¡uh!, se pone a envidiar a los que ahora creen haber vivido ya una noche igual a ésta y haber sido aquella vez felices. "











Era la aurora y al borde la charca la exigua figura de Medardo, envuelta en la capa negra, se reflejaba en el agua, donde flotaban setas blancas o amarillas o color tierra. Eran las mitades de las setas que él había llevado, y ahora estaban diseminadas por aquella superficie transparente. En el agua, las setas parecían completas y el vizconde las miraba…









El barón rampante. Capítulo VIII (fragmento); Ítalo Calvino






Un día, sentado a la mesa con su familia, Cosimo es reprendido por su padre, el barón Arminio Piovasco di Rondò, por negarse a probar la comida. En un gesto de rebeldía, Cosimo sale de la casa y trepa un árbol. Jura que nunca bajará de ahí y cumple su promesa. El futuro barón tiene 12 años de edad. A partir de entonces su vida transcurre entre las ramas de los árboles.

Este es el argumento inicial de
 El barón rampante, de Ítalo Calvino. Tiempo después del incidente la madre cae en la cuenta de que la determinación de su hijo es firme. El padre, sin querer reconocerlo, llega a ser presa de la culpa y otros sentimientos.



En realidad el señor Palomar pasa semanas y meses en silencio, entre más nos acercamos al final de sus novela, sus silencios son más prolongados. El señor Palomar ha aprendido a morderse la lengua tres veces antes de hacer alguna afirmación aunque muchas veces los cubre un sentimiento de culpa por su excesiva reserva. El señor palomar se cataloga un poquito miope, un tanto distraído, exageradamente introvertido, poco observador, sin embargo, quienes lo conocemos, sabemos que es todo lo contrario.
Pero hay fuentes –pensó seguramente alguno de nosotros– que, apenas se bebe en ellas, aumentan la sed en vez de aplacarla. Era previsible que entre los dos jóvenes prendiera –no bien al caballero se le hubiese pasado el mareo– un sentimiento que trascendía la gratitud (por una parte) y la compasión (por otra), y que este sentimiento encontrara en seguida un modo de expresarse – con la complicidad de la sombra del bosque– en un abrazo sobre la hierba de los prados. No es casual que la carta que vino después fuese un Dos de Copas ornado con una filacteria con la inscripción «amor mío» y florecida de nomeolvides, indicio más que probable de un encuentro amoroso
.“Quizás en el futuro habrá otras maneras de leer que nosotros no imaginamos. Me parece que es un error desdeñar toda novedad tecnológica en nombre de los valores humanísticos en peligro.

Pienso que cualquier nuevo medio de comunicación y difusión de las palabras, de las imágenes y de los sonidos puede fomentar nuevos desarrollos creativos, nuevas formas de expresión; y pienso que una sociedad más desarrollada tecnológicamente podría ser más rica en estímulos, elecciones, posibilidades, instrumentos diversos y tendrá siempre necesidad de leer, de cosas que leer y de personas que leen.” (Italo Calvino)

“¿Qué es hoy la ciudad para nosotros? Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez más difícil vivirlas como ciudades. Tal vez estamos acercándonos a un momento de crisis de la vida urbana y Las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles.
A este emperador melancólico que ha comprendido que su ilimitado poder poco cuenta en un mundo que marcha hacia la ruina, un viajero imaginario le habla de ciudades imposibles, por ejemplo una ciudad microscópica que va ensanchándose y termina formada por muchas ciudades concéntricas en expansión, una ciudad telaraña suspendida sobre un abismo, o una ciudad bidimensional como Moriana”.

Italo Calvino








Las ciudades y los ojos
Al llegar a Fílides, te complaces en observar cuántos puentes distintos uno del otro atraviesan los canales: convexos, cubiertos, sobre pilastras, sobre barcas, colgantes, con parapetos calados; cuántas variedades de ventanas se asoman a las calles: en ajimez, moriscas, lanceoladas, ojivales, coronadas por lunetas o por rosetones; cuántas especies de pavimentos cubren el suelo: cantos rodados, lastrones, grava, baldosas blancas y azules. En cada uno de sus puntos la ciudad ofrece sorpresas a la vista: una mata de alcaparras que asoma por los muros de la fortaleza, las estatuas de tres reinas sobre una ménsula, una cúpula en forma de cebolla con tres cebollitas enhebradas en la aguja. “Feliz el que tiene todos los días a Fílides delante de los ojos y no termina nunca de ver las cosas que contiene”, exclamas, con la pesadumbre de tener que dejar la ciudad después de haberla sólo rozado con la mirada. Te ocurre a veces que te detienes en Fílides y pasas allí el resto de tus días. Pronto la ciudad se decolora ante tus ojos, se borran los rosetones, las estatuas sobre las ménsulas, las cúpulas. Como todos los habitantes de Fílides, sigues líneas en zigzag de una calle a la otra, distingues zonas de sol y zonas de sombra, aquí una puerta, allá una escalera, un banco donde puedes apoyar el cesto, una cuneta donde el pie tropieza si no te fijas. Todo el resto de la ciudad es invisible. Fílides es un espacio donde se trazan recorridos entre puntos suspendidos en el vacío, el camino más corto para llegar a la tienda de aquel comerciante evitando la ventanilla de aquel acreedor. Tus pasos persiguen no lo que se encuentra fuera de los ojos sino adentro, sepulto y borrado: si entre dos soportales uno sigue pareciéndote más alegre es porque por el pasaba hace treinta años una muchacha de anchas mangas bordadas, o bien sólo porque recibe la luz a cierta hora, como aquel soportal que ya no recuerdas dónde estaba. Millones de ojos se alzan hasta ventanas puentes alcaparras y es como si recorrieran una página en blanco. Muchas son las ciudades como Fílides que se sustraen a las miradas, salvo si las atrapas por sorpresa.

La realidad del mundo se presenta a nuestros ojos múltiple, espinosa, en estratos apretadamente superpuestos. Como una alcachofa. Lo que cuenta para nosotros en la literatura es la posibilidad de seguir deshojándola como una alcachofa infinita, descubriendo dimensiones de lectura siempre nuevas


Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para difinirte a ti mismo en relación y quizá en contraste con él.

BIBLIOGRAFÍA


https://scholar.google.es/scholar?as_sdt=1,5&q=ITALO+CALVINO&hl=es

Los sueños de Italo Calvino






http://www.nybooks.com/articles/2013/06/20/dreams-italo-calvino/

POR QUÉ LEER A LOS CLÁSICOS Italo Calvino Por qué leer los clásicos, Barcelona, Tusquets (Marginales, 122), 1993


http://urbinavolant.com/archivos/literat/cal_clas.pdf

Italo Calvino

Italo Calvino sobre el Aborto y el Significado de la Vida

"Un ser humano se convierte en humano no a través de la convergencia ocasional de ciertas condiciones biológicas, sino a través de un acto de voluntad y amor por parte de otras personas."

https://www.brainpickings.org/2013/06/03/italo-calvino-on-abortion-and-the-meaning-of-life/

Los ovillos de Italo Calvino:
El hipertexto como multiplicidad narrativa
María Antonia García de la Torre

https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero30/ovillos.html

Italo Calvino: una celebración del rey de hadas

http://www.telegraph.co.uk/books/what-to-read/italo-calvino-the-fairy-king/

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